A finales de la década de los 90, el de César Vea era un rostro que el público español podía identificar rápidamente. Aunque ya había trabajado en cine y televisión, su papel como Gustavo en la serie Compañeros, una figura cercana que conectó con toda una generación de espectadores, se convertiría en su trabajo más recordado.
Tras el éxito de Compañeros parecía destinado a convertirse en un sempiterno presente en la producciones patrias de la pequeña pantalla, y participó en otras ficciones populares, la última de ellas Acacias 38, donde dio vida al comisario Cesáreo Villar entre 2018 y 2020.
Sin embargo, su historia dio un giro radical lejos de los focos. A finales de los años 2000, Vea y su familia invirtieron una importante suma —en torno al millón de euros— en una planta de energía solar en La Rioja, atraídos por las políticas públicas que incentivaban este tipo de proyectos.
El problema llegó con los cambios regulatorios en el sector de las energías renovables a partir de 2010, que afectaron con efecto retroactivo a las primas que se habían planteado en un principio. Según ha explicado el propio actor en varias entrevistas, aquello supuso un golpe económico devastador que terminó por arruinarles.
Pero la situación no solo tuvo consecuencias financieras, sino también personales. En los últimos años, Vea ha denunciado públicamente lo que considera una injusticia para miles de pequeños inversores que confiaron en el sistema, detallando cómo la deuda y la presión económica marcaron un antes y un después en su vida.
En 2016, se metía de lleno en el proyecto El camino del sol, un cortometraje comprometido con la causa que contó «la historia de unas 62.000 familias españolas y casi medio millón de afectados».
En 2024 presentaba Ave, César, un corto documental en la misma línea temática pero centrado en su propia historia personal, cuando cuenta cómo la ruina «puso en peligro su matrimonio hasta perderlo», y emprendió una cruzada personal contra el expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, a quien, durante varios días, dejaba misivas en el buzón de su casa y dedicaba vídeos en su canal de Instagram.
En 2025, su nombre volvió a aparecer en los titulares y, de nuevo, no por un proyecto audiovisual, sino por una huelga de hambre que inició como forma de protesta para exigir soluciones políticas al problema de los afectados por las renovables. La protesta se prolongó durante casi tres semanas y culminó con una declaración institucional de apoyo firmada por todos los grupos parlamentarios de La Rioja, lo que puso fin a la acción del actor.
Paralelamente, impulsó y fundó, junto a otros colaboradores como Susana Soleto, la ONG Corralas por el mundo, un proyecto que buscaba crear comunidades autosuficientes, basadas en el modelo de la corrala pero adaptadas al siglo XXI, que pudieran proporcionar vivienda digna, trabajo, educación, sanidad, energía y cultura a sus habitantes.
Sin embargo, desde hace aproximadamente un año, tras anunciarse la construcción de una corrala en San Román de Cameros (La Rioja) y la firma para otra más en Uruguay, tanto el actor como la ONG han cesado su actividad en redes sociales y YouTube, donde hacían entrevistas a personas relevantes vinculadas al compromiso del proyecto. La página web del actor continúa activa, aunque con acceso restringido, y la página vinculada a su proyecto social aparece actualmente desconectada, sin contenido accesible.
A finales del año pasado, no obstante, la ONG aún aparecía como colaboradora en diferentes iniciativas culturales de Román de Cameros, como el X Festival de Cortometrajes Luces, Cameros, Acción, en agosto, o el Día del Montañismo Riojano, en septiembre, para el que Vea, junto a otros compañeros de profesión como Pepe Viyuela, grabó un vídeo a favor de la recaudación de fondos para ARER (Asociación Riojana de Enfermedades Raras).
El actor, que perdió una importante suma de dinero tras invertir en renovables, quiso colocarse en el frente del activismo pidiendo «justicia para los afectados».
A finales de la década de los 90, el de César Vea era un rostro que el público español podía identificar rápidamente. Aunque ya había trabajado en cine y televisión, su papel como Gustavo en la serie Compañeros, una figura cercana que conectó con toda una generación de espectadores, se convertiría en su trabajo más recordado.. Tras el éxito de Compañeros parecía destinado a convertirse en un sempiterno presente en la producciones patrias de la pequeña pantalla, y participó en otras ficciones populares, la última de ellas Acacias 38, donde dio vida al comisario Cesáreo Villar entre 2018 y 2020.. Sin embargo, su historia dio un giro radical lejos de los focos. A finales de los años 2000, Vea y su familia invirtieron una importante suma —en torno al millón de euros— en una planta de energía solar en La Rioja, atraídos por las políticas públicas que incentivaban este tipo de proyectos.. El problema llegó con los cambios regulatorios en el sector de las energías renovables a partir de 2010, que afectaron con efecto retroactivo a las primas que se habían planteado en un principio. Según ha explicado el propio actor en varias entrevistas, aquello supuso un golpe económico devastador que terminó por arruinarles.. Pero la situación no solo tuvo consecuencias financieras, sino también personales. En los últimos años, Vea ha denunciado públicamente lo que considera una injusticia para miles de pequeños inversores que confiaron en el sistema, detallando cómo la deuda y la presión económica marcaron un antes y un después en su vida.. En 2016, se metía de lleno en el proyecto El camino del sol, un cortometraje comprometido con la causa que contó «la historia de unas 62.000 familias españolas y casi medio millón de afectados».. En 2024 presentaba Ave, César, un corto documental en la misma línea temática pero centrado en su propia historia personal, cuando cuenta cómo la ruina «puso en peligro su matrimonio hasta perderlo», y emprendió una cruzada personal contra el expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, a quien, durante varios días, dejaba misivas en el buzón de su casa y dedicaba vídeos en su canal de Instagram.. En 2025, su nombre volvió a aparecer en los titulares y, de nuevo, no por un proyecto audiovisual, sino por una huelga de hambre que inició como forma de protesta para exigir soluciones políticas al problema de los afectados por las renovables. La protesta se prolongó durante casi tres semanas y culminó con una declaración institucional de apoyo firmada por todos los grupos parlamentarios de La Rioja, lo que puso fin a la acción del actor.. Paralelamente, impulsó y fundó, junto a otros colaboradores como Susana Soleto, la ONG Corralas por el mundo, un proyecto que buscaba crear comunidades autosuficientes, basadas en el modelo de la corrala pero adaptadas al siglo XXI, que pudieran proporcionar vivienda digna, trabajo, educación, sanidad, energía y cultura a sus habitantes.. Sin embargo, desde hace aproximadamente un año, tras anunciarse la construcción de una corrala en San Román de Cameros (La Rioja) y la firma para otra más en Uruguay, tanto el actor como la ONG han cesado su actividad en redes sociales y YouTube, donde hacían entrevistas a personas relevantes vinculadas al compromiso del proyecto. La página web del actor continúa activa, aunque con acceso restringido, y la página vinculada a su proyecto social aparece actualmente desconectada, sin contenido accesible.. A finales del año pasado, no obstante, la ONG aún aparecía como colaboradora en diferentes iniciativas culturales de Román de Cameros, como el X Festival de Cortometrajes Luces, Cameros, Acción, en agosto, o el Día del Montañismo Riojano, en septiembre, para el que Vea, junto a otros compañeros de profesión como Pepe Viyuela, grabó un vídeo a favor de la recaudación de fondos para ARER (Asociación Riojana de Enfermedades Raras).
