20MINUTOS.ES – Televisión
Siempre están al fondo. En gran parte de los programas apenas sin frase. Pero, sin ni siquiera hablar, engrandecen la calidez del programa. Son los grandes secundarios, que recuerdan que la vida es mejor en equipo. También en los programas de televisión: para que brillen los cabezas de cartel es necesario el contrapunto que los hace más grande. Marc Giró, en Cara al show, cuenta con Las Glorias Cabareteras, Judit Martín y hasta un peluche de gato. Que comunica sin poder abrir la boca.. Los espectáculos televisivos de hoy suelen considerar secundario al manido término de «colaborador». Una palabra que se usa como comodín para todo en los medios de comunicación. Aunque no signifique lo mismo ser tertuliano, ser cómico, ser divulgador científico, ser Yolanda Ramos, interpretar un papel o desarrollar un guion. Encima siempre se presentan de la misma manera: se grita su nombre, hacen su apartado y se marchan.. En la vida real nadie nos «anuncia», cual José Luis Moreno, a la gente que se nos aparece o se nos cruza en el camino. En las series, tampoco. Por qué hacerlo tan cuadriculado en los programas de tele. Cara al show, sin embargo, introduce a sus personajes corales con naturalidad. Giró puede, pues son grandes secundarios actorales. Aquellos que permiten que la trama evolucione sin necesidad de ser presentados como invitados estelares. Las Glorias Cabareteras están ahí omnipresentes. Al fondo del ascensor. O en el atril, en modo notarias de plató. Ellas, listas para dar la réplica a Giró. Aunque sea con una sonrisa de complicidad. Su socarronería impregna al programa de la modernidad canalla del Paralelo. También Judit Martín. Una actriz que tampoco requiere de una parrafada para transmitir. El ímpetu de su mirada ya de por sí contagia la curiosidad de la actriz que no necesita un gran teatro para celebrar las expresiones de la cultura. Clown mordaz. Su seguridad en cámara la convierte en heredera de la ironía contundente con la que Rosa María Sardá hizo más inteligente y libre la televisión de la que venimos y que nunca debemos olvidar. Porque hay risas que estiran la vida. Y la conciencia crítica.. Sin olvidar la banda de música en directo y el toque surrealista del gato del ascensor, que solo baila. Pero, ojo, hay una coreografía pensada, planificada y, también, interpretada por Kevin Antequera que define la danza a seguir cada semana. Este show no se conforma con unos pasos de baile anárquicos. De nuevo, hasta en lo que parece menor, hay actitud. Saben lo que quieren ser y lo que no.. Marc Giró se rodea del brillo de los oficios con mucho callo por mucha calle. Su elenco representa a los artistas que no solo corren a la tele con la aspiración básica de sumar minutos de micrófono. Porque, a menudo, quien más habla no es quien más dice.. Así el late show de Giró es más late show: cuida la liturgia de la teatralidad, base de la tele y lo que no es la tele. Teatralidad en la que uno aprende que no hay trabajo pequeño, no hay frase desdeñable. Porque, en la interpretación como en la vida, hasta las partes más anecdóticas hay que dotarlas de humanidad.
Siempre están al fondo. En gran parte de los programas apenas sin frase. Pero, sin ni siquiera hablar, engrandecen la calidez del programa. Son los grandes secundarios, que recuerdan que la vida es mejor en equipo. También en los programas de televisión: para que brillen los cabezas de cartel es necesario el contrapunto que los hace más grande. Marc Giró, en Cara al show, cuenta con Las Glorias Cabareteras, Judit Martín y hasta un peluche de gato. Que comunica sin poder abrir la boca.. Los espectáculos televisivos de hoy suelen considerar secundario al manido término de «colaborador». Una palabra que se usa como comodín para todo en los medios de comunicación. Aunque no signifique lo mismo ser tertuliano, ser cómico, ser divulgador científico, ser Yolanda Ramos, interpretar un papel o desarrollar un guion. Encima siempre se presentan de la misma manera: se grita su nombre, hacen su apartado y se marchan.. En la vida real nadie nos «anuncia», cual José Luis Moreno, a la gente que se nos aparece o se nos cruza en el camino. En las series, tampoco. Por qué hacerlo tan cuadriculado en los programas de tele. Cara al show, sin embargo, introduce a sus personajes corales con naturalidad.Giró puede, pues son grandes secundarios actorales. Aquellos que permiten que la trama evolucione sin necesidad de ser presentados como invitados estelares. Las Glorias Cabareteras están ahí omnipresentes. Al fondo del ascensor. O en el atril, en modo notarias de plató. Ellas, listas para dar la réplica a Giró. Aunque sea con una sonrisa de complicidad. Su socarronería impregna al programa de la modernidad canalla del Paralelo. También Judit Martín. Una actriz que tampoco requiere de una parrafada para transmitir. El ímpetu de su mirada ya de por sí contagia la curiosidad de la actriz que no necesita un gran teatro para celebrar las expresiones de la cultura. Clown mordaz. Su seguridad en cámara la convierte en heredera de la ironía contundente con la que Rosa María Sardá hizo más inteligente y libre la televisión de la que venimos y que nunca debemos olvidar. Porque hay risas que estiran la vida. Y la conciencia crítica.. Sin olvidar la banda de música en directo y el toque surrealista del gato del ascensor, que solo baila. Pero, ojo, hay una coreografía pensada, planificada y, también, interpretada por Kevin Antequera que define la danza a seguir cada semana. Este show no se conforma con unos pasos de baile anárquicos. De nuevo, hasta en lo que parece menor, hay actitud. Saben lo que quieren ser y lo que no.. Marc Giró se rodea del brillo de los oficios con mucho callo por mucha calle. Su elenco representa a los artistas que no solo corren a la tele con la aspiración básica de sumar minutos de micrófono. Porque, a menudo, quien más habla no es quien más dice.. Así el late show de Giró es más late show: cuida la liturgia de la teatralidad, base de la tele y lo que no es la tele. Teatralidad en la que uno aprende que no hay trabajo pequeño, no hay frase desdeñable. Porque, en la interpretación como en la vida, hasta las partes más anecdóticas hay que dotarlas de humanidad.
