En el reciente Informe país sobre España elaborado por la Comisión Europea en el marco del Paquete de Primavera se constata la resiliencia mostrada por nuestra economía en los últimos años, con tasas de crecimiento robustas y superiores a la media europea. El informe identifica tres impulsores principales: inmigración, Fondos europeos Next Generation y turismo.
Pero, además, en lugar de recrearse en lo bien que va todo, como hace el Gobierno, la Comisión pone el foco de su informe y, sobre todo, de sus recomendaciones, en los muchos desafíos estructurales que venimos arrastrando desde hace tiempo sin que, hasta ahora, hayan sido objeto de atención política suficiente, seguramente, porque solucionarlos requiere pactos y acuerdos transversales incompatibles con la fragmentación y confrontación límite con que nos encontramos hoy en el terreno político. Así, por ejemplo, señala que en siete de los ODS estamos por debajo de la media, en especial, en pobreza, equidad y sostenibilidad ambiental, donde nuestro desempeño es peor.
Como el catálogo es extenso, me limitaré a reordenarlo por agentes implicados y según lo que considero que es más prioritario para desatascar nuestra economía y dar un nuevo salto cualitativo que nos permita converger en renta per cápita, condiciones de vida y bienestar social con la media europea, superando la actual incapacidad mostrada para aprovechar los años de bonanza para redistribuir y prepararnos mejor de cara al futuro.
La baja productividad por trabajador ocupado es, desde hace años, uno de los retos más importantes de la economía española. Recientemente, se ha puesto el acento en dos elementos clave, que el informe recoge: la dificultad generalizada para encontrar trabajadores con la cualificación adecuada y el exagerado problema de absentismo laboral que incide en un mercado de trabajo donde aumenta el número de ocupados, pero también baja la media de horas efectivamente trabajadas por trabajador al haberse incrementado el tiempo parcial y los fijos discontinuos. La AIReF ha destacado en su informe sobre gasto público el espectacular aumento efectuado por la Seguridad Social en pago por incapacidad temporal, que triplica el realizado, por ejemplo, en 2017. Y eso no es normal.
Según una encuesta del Banco de España, el 48% de las empresas españolas manifiestan tener problemas directos de disponibilidad de mano de obra adecuada a la cualificación requerida. La Comisión cita dos tercios de las pymes con el mismo problema, que evidencia tres cosas: la elevada tasa de abandono escolar temprano que arrastramos (13%, reduciéndose, pero muy por encima del 9% de la media europea); el fracaso de las llamadas políticas activas de empleo (a través del SEPE encuentra colocación menos del 2% de los asalariados contratados) y, sobre todo, la desconexión existente entre el mundo educativo a todos sus niveles y las necesidades de un mercado laboral en plena revolución de la mano de la digitalización y la IA. Ya no es solo que la formación profesional sea anticuada y arrastre un inmerecido desprestigio social. También se constata que los profesores, tanto en Bachiller como en Universidad, enseñan lo que ellos saben que no siempre es lo que necesita, hoy, el alumno cuando se enfrenta al mercado laboral.
La desconexión universidad-empresa se nota también en el bajo desempeño que presentan nuestras empresas en I+D+i, otro elemento esencial del combinado de la productividad. La Comisión señala que “España se enfrenta a una inversión en I+D crónicamente baja y fragmentada” y apunta como problemas el tamaño, con un elevado número de pymes situadas, además, en sectores de bajo valor añadido; la ausencia de un mercado de capitales ajustado a las necesidades de las empresas emprendedoras y a la financiación suficiente de la innovación y, también, un sistema de apoyo fiscal a la I+D+i que, en la práctica, desincentiva más que ayuda.
Pobreza y desigualdad
El segundo desafío estructural sobre el que quiero poner foco es cuando dice la Comisión que “España necesita alcanzar la media de la UE en la reducción de las desigualdades” y, en especial, en su mayor tasa de pobreza y exclusión social, a lo que está contribuyendo el problema de asequibilidad y la escasez de viviendas sociales (1,7% del parque en España frente a una media europea del 7%, por lo que hay que aumentar con rapidez la simplificación de trámites para construir nuevas viviendas), así como la pobreza, tanto la laboral (18% de los asalariados según el informe Foessa), como la infantil: “más de un 25% de la población sigue en riesgo de pobreza y exclusión social, muy por encima de la media europea”. Y señala “las deficiencias del sistema de protección social y las persistentes desigualdades de ingresos”, para lo que pide mejoras importantes en la eficiencia del gasto público dedicado a ello y un enfoque a largo plazo que incluya acabar con las desigualdades educativas. En paralelo, hay que mejorar “las importantes brechas en el mercado laboral con respecto al promedio de la UE” tanto en desempleo (sobre todo, el juvenil), como la tasa de actividad y la calidad del empleo, que mejora los salarios.
El tercero de los desafíos estructurales que quiero señalar se refiere a “los obstáculos burocráticos [incluyendo] la fragmentación regulatoria entre las regiones”, para lo que se requiere, entre otras cosas, reforzar la gobernanza y la coordinación regional a fin de aprovechar al máximo el potencial de nuestro mercado interior. Mejorar el marco institucional y simplificar el entorno regulatorio es ya urgente porque el exceso de normas y la lentitud administrativa son ya dos importantes rémoras para nuestro desarrollo. Ser un país con un Estado, pero gestionado por 17 administraciones autonómicas más la central, exige un esfuerzo continuado de diálogo, coordinación y simplificación, a lo que la digitalización puede ayudar si no choca con el actual contexto de utilización de las instituciones de todos para la confrontación partidista.
Como hace unos días el FMI, la Comisión destaca una visión de la situación económica española alejada del triunfalismo simplista del Gobierno y que exige, para mejorarla, superar el actual marco de fragmentación y confrontación política. ¡Ahí es nada!
El último Informe por país sobre España, publicado por la Comisión Europea como parte del paquete de primavera, pone de relieve la resistencia demostrada por nuestra economía en los últimos años, respaldada por fuertes tasas de crecimiento que han superado constantemente la media europea. El informe destaca tres factores clave: la inmigración, los fondos de la UE de próxima generación y el turismo. Lecturas adicionales
