En los años 70 y 80, tiempos en los que solo los deportistas amateurs podían competir en los Juegos Olímpicos, en España y otros países occidentales se clamaba contra el “amateurismo marrón” del bloque soviético: deportistas que cobraban un salario como funcionarios del Estado, habitualmente como oficiales del ejército y se entregaban profesionalmente al deporte. Un convenio similar es el que, pasadas las décadas, vienen a reclamar ahora los deportistas olímpicos españoles en aquellos deportes –atletismo, remo, piragüismo, gimnasia…– en los que es imposible una relación profesional con sus clubes pese a que dedican un horario laboral completo a entrenamientos y formación, y son el orgullo nacional cuando brillan con himno y bandera en las grandes competiciones internacionales. Y no miran de refilón a un Telón de Acero ya inexistente, sino a un país tan cercano como Italia, en el que el Estado se ocupa de enrolarlos en el ejército y la policía para que tengan consideración de profesionales, coticen a la seguridad social la decena de años o así y tengan, como cualquier asalariado o autónomo, derecho a una pensión contributiva satisfactoria cuando se jubilen. Un derecho del que no gozan muchos, y lo reclaman.. Seguir leyendo
En los años 70 y 80, tiempos en los que solo los deportistas amateurs podían competir en los Juegos Olímpicos, en España y otros países occidentales se clamaba contra el “amateurismo marrón” del bloque soviético: deportistas que cobraban un salario como funcionarios del Estado, habitualmente como oficiales del ejército y se entregaban profesionalmente al deporte. Un convenio similar es el que, pasadas las décadas, vienen a reclamar ahora los deportistas olímpicos españoles en aquellos deportes –atletismo, remo, piragüismo, gimnasia…– en los que es imposible una relación profesional con sus clubes pese a que dedican un horario laboral completo a entrenamientos y formación, y son el orgullo nacional cuando brillan con himno y bandera en las grandes competiciones internacionales. Y no miran de refilón a un Telón de Acero ya inexistente, sino a un país tan cercano como Italia, en el que el Estado se ocupa de enrolarlos en el ejército y la policía para que tengan consideración de profesionales, coticen a la seguridad social la decena de años o así y tengan, como cualquier asalariado o autónomo, derecho a una pensión contributiva satisfactoria cuando se jubilen. Un derecho del que no gozan muchos, y lo reclaman.. La exgimnasta Almudena Cid, de 46 años, olímpica en cuatro Juegos Olímpicos, hasta 2008, es quizás la persona que más ha luchado porque los exdeportistas alcancen una jubilación justa pese a que a lo largo de su carrera muchos no cotizaron o lo hicieron de forma insuficiente. Y el domingo pasado, en el programa Salvados, de La Sexta, habló con claridad. “Que tu historial de vida y ese esfuerzo aparezca reflejado de alguna forma en tu vida laboral y que no te lo recuerden solo las lesiones”, reclamó Cid, que recordó que muchos deportistas de élite llegan al final de sus carreras con secuelas físicas, dificultades económicas y sin una protección suficiente de cara a la jubilación. Cid participó en el programa junto a exdeportistas como Fernando Romay y Lola Fernández Ochoa, con quienes defendió una “jubilación justa” para quienes dedicaron buena parte de su vida a representar a España. Romay, que comenzó a jugar en el Madrid y con la selección a finales de los años 70, cuando los deportistas no estaban incluidos en la seguridad social, explicó que, pese a poder retirarse, no tendría derecho al 100% de la pensión que le correspondería, mientras otros exdeportistas relataron que necesitarán seguir trabajando durante años para completar los periodos de cotización exigidos.. Solo en 1980 se incluyó a los futbolistas en la seguridad social, y al resto de deportistas profesionales, ciclistas, balonmanistas y baloncestistas, y solo hombres, a lo largo de la década, hasta 1991. Atendiendo a sus reclamaciones, el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó en septiembre un real decreto por el que todos aquellos que demuestren que tuvieron una relación profesional con un club y equipo a partir de 1980 hasta 2003, excluyendo a los futbolistas, que gozan de otro régimen, tendrán derecho a que, utilizando los fondos del Consejo Superior de Deportes (CSD), el Gobierno cotice lo que ellos no hicieron y aumenten los años de cotización en su vida laboral. Y a los deportistas internacionales que no puedan ser considerados profesionales e incluidos en el fichero DAN (deportistas de alto nivel) que coticen como autónomos, LaLiga de Fútbol Profesional les abona la cotización después de haber llegado a un convenio con el CSD y el COE hace cuatro años. Esto incluye a prácticamente todos los olímpicos que, pese a percibir becas, ayudas del Estado y premios que pueden generar unos ingresos anuales sustanciosos, no pueden firmar con ninguna empresa ni organismo contratos profesionales. Las leyes laborales excluyen la posibilidad de que con las federaciones puedan establecer relación profesional, y los clubes no tienen capacidad económica para ello, pese a que algunos de atletismo, como el Valencia hace algunos años, lo intentaron aprovechando subvenciones oficiales que luego desaparecieron.. Quedan fuera de la protección aquellos que a partir de 2003 prefirieron no darse de alta como autónomos para asegurar su cotización. La propia Cid recordó que el problema va más allá de las generaciones anteriores. Según explicó Lola Fernández Ochoa, muchos deportistas continúan desempeñando su actividad en una situación que describió como la de “falsos autónomos”, ya que compiten bajo la tutela de las federaciones, pero sin que exista una relación laboral que garantice plenamente sus derechos sociales.. La exgimnasta enmarcó esta lucha dentro de un movimiento surgido en los últimos años y respaldado por exolímpicos, sindicatos y especialistas en derecho deportivo. Aunque los deportistas reconocen algunos avances normativos recientes, consideran que siguen siendo insuficientes para resolver el problema de fondo: que quienes dedicaron su juventud a competir por España no lleguen a la jubilación con pensiones precarias o carreras laborales incompletas.. En palabras de Cid, el objetivo es que el esfuerzo realizado durante décadas no quede reflejado únicamente en las lesiones o en las medallas guardadas en un cajón, sino también en los derechos sociales de quienes construyeron una carrera deportiva de élite. Además de la cuestión económica, los participantes del programa pusieron el foco en las secuelas físicas y emocionales de la retirada. Cid, que fue intervenida de una cadera y lleva una prótesis desde los 43 años, denunció la falta de seguimiento que reciben muchos deportistas una vez terminan su carrera. “El deporte de élite te deja secuelas y patologías de por vida”, afirmó.. El asunto ya fue abordado en un acto en el Congreso de los Diputados en octubre de 2024, cuando distintos medallistas y deportistas de élite expusieron una paradoja: haber dedicado décadas a competir al máximo nivel sin generar derechos suficientes para una futura pensión. Entonces denunciaban que las medallas olímpicas y los éxitos internacionales no computaban en una vida laboral marcada por las becas deportivas, la ausencia de contratos y regímenes de cotización insuficientes.
