El primer montacargas en entrar en funcionamiento en la Península Ibérica fue el 21 de febrero de 1985, en la localidad pirenaica de Cerdaña, conocida como Font Canaleta, precursora de la actual estación de esquí de La Molina. Un entorno rural y montañoso donde los residentes se ganaban la vida con aserraderos, ganadería, agricultura y minería. A principios del siglo XX, jóvenes catalanes acaudalados visitaban la zona para deslizarse por las laderas nevadas de las montañas. A pesar de esta diversión, el sitio estaba equipado con una línea de telégrafo, un servicio médico, alojamientos y una línea de tren. El valle se convirtió en un punto caliente del turismo de invierno. Hoy en día, La Molina, una estación de esquí y snowboard, es una pequeña ciudad en los Pirineos catalanes donde la vida se desarrolla entre 2.100 y 2.537 metros de altitud de noviembre a abril (en verano, aquí se puede hacer senderismo y ciclismo de montaña). En sus instalaciones, 120 empleados trabajan durante todo el día en turnos coordinados y conectados, lo que permite a miles de personas disfrutar de un día de esquí de 9:00 a 17:00. Hasta ahora, el récord de asistencia en un solo día es de 8.500 visitantes. Trabajar en una estación de esquí es como ser un engranaje en una gran máquina, donde cada equipo juega un papel vital en mejorar la experiencia general del cliente.
El primer remonte que se puso en funcionamiento en la península Ibérica fue el 28 de febrero de 1943 en la Cerdaña, en un paraje pirenaico llamado Font Canaleta, la antesala de la actual estación de esquí de La Molina. Un entorno montañoso y rural en el que sus pobladores vivían de los aserraderos, de la ganadería, de la agricultura y de la minería. A la zona fueron llegando a principios del siglo XX jóvenes catalanes de clase acomodada para deslizarse sobre las laderas de las montañas nevadas. A rebufo de ese divertimento, el sitio se fue desarrollando a base de una línea de telégrafo, un servicio médico, alojamientos y una línea de ferrocarril. El valle se convirtió en un reclamo turístico invernal.
Guía práctica
- La Molina pertenece al grupo Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, que gestiona seis estaciones: La Molina, Boí Taüll, Port Ainé, Espot, Vallter y Vall de Núria. Masella, en cambio, es privada. Desde Madrid, una manera de llegar a La Molina es viajar a Barcelona primero en tren (operados por Ouigo, Iryo y Renfe). Desde la capital catalana, La Molina se encuentra a dos horas de coche.
- A pie de pista de La Molina, el Hotel Solineu dispone de habitaciones y apartamentos, además de guarda esquíes, aparcamiento, restaurante, bar y sala de juegos para niños. Pegado al mismo hay un restaurante de kebab y enfrente uno de cocina catalana: Rustik. Se recomienda reservar.
- En cuanto a restauración en la propia estación, La Molina cuenta con cinco restaurantes: El Bosc y Alabau (restaurantes cafeterías), Costa Rasa, autoservicio Telecabina y Niu de l´Àliga.
