Enormes montañas nevadas y valles frondosos preservan el patrimonio religioso y artístico de Cachemira, la región más septentrional de la India, un lugar que ha cargado con una fama tan poderosa que ha terminado ocultando su realidad. Asociada durante décadas a conflictos políticos y tensiones fronterizas con Pakistán, Cachemira sigue evocando titulares antes que paisajes. Pero los viajeros que llegan al valle descubren otra imagen: una sucesión de lagos serenos, jardines históricos, campos de azafrán y pueblos donde la vida cotidiana transcurre con una tranquilidad que sorprende al visitante.. Cachemira se enmarca en el llamado Territorio de la Unión de Jammu y Cachemira, que abarca una extensión de 42.241 kilómetros cuadrados, dos quintas partes del cual corresponden al valle de Cachemira y el resto, a Jammu. La zona no está exenta de conflictos políticos que estallan de cuando en cuando y que son reprimidos con violencia, así que conviene ser precavido. Pese a todo, el viaje no defrauda: el poeta sufí Amir Khusrau escribió hace siglos: “Si existe un paraíso en la Tierra, es este”. La frase sigue apareciendo en folletos y conversaciones, y basta contemplar el valle desde las colinas que rodean Srinagar para entender por qué ha sobrevivido tanto tiempo. A 1.620 metros de altitud, el valle de Cachemira se despliega como una gran cuenca verde encajada entre las montañas del Himalaya y la cordillera de Pir Panjal.. Más información. Srinagar, entre jardines y sus ‘houseboats’. La puerta de entrada es Srinagar, una ciudad construida en torno al agua. El lago Dal, la gran joya local, concentra buena parte de los atractivos de la región. Sus legendarias casas flotantes permanecen amarradas entre canales, jardines acuáticos y pequeños embarcaderos donde esperan las shikaras, las esbeltas embarcaciones tradicionales. Al amanecer, cuando los vendedores atraviesan la neblina para dirigirse al mercado flotante, el lago parece suspendido en el tiempo.. Visitantes en el jardín botánico de Srinagar, el pasado mes de abril.Firdous Nazir ( NurPhoto / Getty Images). Muy cerca se encuentran los jardines mogoles, probablemente el legado histórico más refinado de Cachemira. Fueron concebidos en el siglo XVII durante el reinado del emperador Jahangir, que encontraba aquí refugio frente al calor de las llanuras del norte de la India. Sus terrazas escalonadas, los canales alimentados por el deshielo y los pabellones abiertos a las montañas son uno de los ejemplos más elegantes del paisajismo persa en Asia. En primavera, además, la ciudad suma otro espectáculo vegetal con el jardín de tulipanes, que cubre las laderas de franjas multicolores frente al lago.. Más información en la guía India de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.. Pero Cachemira no se explica solo a través de sus paisajes, de los más hermosos y culturalmente ricos del Himalaya. También es una tierra de artesanos. En los barrios históricos de Srinagar siguen trabajando maestros especializados en tallas de madera, papel maché pintado a mano, alfombras y los célebres chales de cachemira y pashmina, elaborados mediante técnicas transmitidas durante generaciones. La artesanía continúa siendo una de las principales fuentes de ingresos para miles de familias del valle.. Quizá la mayor sorpresa de un viaje a Cachemira sea precisamente esa sensación de normalidad. Más allá de la complejidad política de la región, encontramos mercados animados, jardines llenos de familias, paseos en barca al atardecer y una arraigada cultura de la hospitalidad.. Srinagar es el corazón cultural y emocional de Cachemira. A orillas del río Jhelum y en torno al célebre lago Dal, la ciudad conserva un ritmo pausado que no se parece demasiado a otras grandes ciudades indias mucho más bulliciosas. Su imagen más icónica son los houseboats, las casas flotantes ancladas en las tranquilas aguas del lago, una tradición que se remonta a la época colonial británica. Pasar una noche en una de estas embarcaciones de madera tallada sigue siendo una experiencia imprescindible. Al amanecer, las shikaras, las embarcaciones tradicionales, cruzan los canales llevando flores, frutas y verduras hacia el mercado flotante, mientras las montañas se reflejan en las tranquilas aguas. El alma cotidiana del valle también se refleja en sus bazares, mezquitas históricas y talleres artesanos donde se elaboran alfombras, objetos de papel maché y delicados chales de cachemira y pashmina.. ‘Houseboats’ en el lago Dal de Srinagar.Anand Purohit ( GETTY ). Uno de los lugares más bellos de Cachemira son los jardines históricos que rodean Srinagar. Concebidos en los siglos XVI y XVII siguiendo los principios del jardín persa, estos espacios fueron diseñados por los emperadores mogoles para reproducir una visión idealizada del paraíso. Terrazas escalonadas, canales alimentados por el agua de montaña, fuentes, cipreses y pabellones abiertos al paisaje forman una combinación de extraordinaria armonía. El emperador Jahangir quedó tan cautivado por el valle que convirtió la región en uno de sus retiros favoritos. Hoy, jardines como Shalimar Bagh, Nishat Bagh o Chashme Shahi siguen siendo lugares donde las familias locales y los visitantes pasean entre avenidas arboladas con vistas al lago Dal. En primavera, la experiencia se completa con el gran jardín de tulipanes de Srinagar, que despliega millones de flores frente a las montañas todavía nevadas.. El palacete Diwan-e-Khas en el jardín Shalimar Bagh, en Srinagar.Arunabh Bhattacharjee ( Alamy / CORDON PRESS ). Gulmarg: grandes praderas bajo las nieves perpetuas. Gulmarg significa literalmente “pradera de flores”. Esta gran pradera alpina rodeada de bosques y picos nevados está a unos 50 kilómetros de Srinagar. Es una zona conocida sobre todo por sus paisajes de alta montaña y por albergar uno de los sistemas de teleférico más altos y largos del mundo, que asciende hasta las laderas del monte Apharwat.. Fila de turistas esperando a subir al teleférico de Gulmarg.Nasir Kachroo (NurPhoto / Getty Images). En invierno, Gulmarg se transforma en uno de los principales destinos de esquí de Asia, atrayendo a aficionados de todo el mundo. En verano, en cambio, predominan los senderistas, jinetes y viajeros que llegan para contemplar desde las alturas algunos de los panoramas más espectaculares del Himalaya occidental.. Pahalgam: la Cachemira pastoril. Pahalgam ofrece una imagen distinta del valle. Situada en el curso superior del río Lidder, este pequeño pueblo aparece rodeado por bosques de pinos, pastos de montaña y aldeas rurales donde aún se mantiene la tradición pastoril cachemir. Durante generaciones ha sido el punto de partida de rutas de senderismo y uno de los paisajes favoritos de los viajeros indios. Su atractivo reside tanto en el entorno natural como en la sensación de amplitud que transmiten los valles cercanos.. Un hombre reza junto a un río en Pahalgam.SOPA Images/ Alamy / CORDON PRESS. Desde aquí parten excursiones hacia lugares como Aru, Betaab Valley o Chandanwari, escenarios bellísimos cruzados por ríos cristalinos, praderas y bosques. Además, Pahalgam es una etapa fundamental en la peregrinación anual de Amarnath, uno de los principales centros de devoción hindú del Himalaya. A pesar de su creciente popularidad turística, aún se recupera de un atentado terrorista contra turistas en abril de 2025.. Sonamarg: la puerta de los glaciares. El nombre Sonamarg significa “pradera dorada”, aunque lo que más impresiona al visitante son las montañas que la rodean. Situada en el extremo nororiental del valle de Cachemira, a lo largo de la ruta que conduce hacia Ladakh, Sonamarg es una de las puertas de entrada al gran Himalaya. Los prados verdes dan paso rápidamente a picos cubiertos de nieve, glaciares y valles de alta montaña. El cercano glaciar Thajiwas es una de las excursiones clásicas, accesible mediante caminatas relativamente sencillas.. Paisaje en Sonamarg, en Cachemira.Punnawit Suwuttananun ( GETTY IMAGES ). Históricamente, Sonamarg fue también una etapa importante para las caravanas que conectaban Cachemira con Asia Central a través de los pasos montañosos del norte. Hoy sigue siendo un excelente lugar para comprender la transición entre la Cachemira verde y lacustre y los paisajes más austeros de Ladakh. En los días despejados, la combinación de cumbres nevadas, ríos de deshielo y extensas praderas justifica plenamente su fama como uno de los rincones más espectaculares de la región.. Los grandes peregrinajes de todas las religiones. Cachemira es un centro de peregrinación, con numerosos centros a los que acuden miles de fieles de muy diferentes religiones. El principal de todos es la mezquita de Jamia Masjid, en Srinagar, un importante centro político-religioso de los musulmanes. Construida en 1400, se alza sobre 370 pilares de madera, en medio de un bullicioso mercado.. Los hindúes acuden durante el Mela Kheer Bhawani a Ganderbal, en una congregación anual de hindúes cachemires que atrae también a multitudes de otras religiones, como musulmanes y sijs. Los hindúes hacen también un peregrinaje anual a la cueva de Amarnath, donde miles de devotos rinden homenaje a Shiva.. Decenas de personas durante el peregrinaje anual a la cueva de Amarnath. POCSTOCK / Alamy / CORDON PRESS. Los sijs tienen su lugar de peregrinaje en Gurudwara Chatti Patshahi, en Koh-e-Maran, tras las enseñanzas del gurú sij Hargobind Singh. Está cerca del santuario de Hamza Makhdoom, un místico sufí.
Enormes montañas nevadas y valles frondosos preservan el patrimonio religioso y artístico de Cachemira, la región más septentrional de la India, un lugar que ha cargado con una fama tan poderosa que ha terminado ocultando su realidad. Asociada durante décadas a conflictos políticos y tensiones fronterizas con Pakistán, Cachemira sigue evocando titulares antes que paisajes. Pero los viajeros que llegan al valle descubren otra imagen: una sucesión de lagos serenos, jardines históricos, campos de azafrán y pueblos donde la vida cotidiana transcurre con una tranquilidad que sorprende al visitante.
Más información en la guía India de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.
