Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) es profesora, escritora, académica de la lengua (su sillón es el X) y… un pozo de sorpresas. Esta dama de las letras españolas, que tiene en su biblioteca premios importantísimos como el Nadal, el Planeta y el Alfaguara, mueve la mano con gesto contrariado cuando se le pregunta por el Cervantes, esa gran casilla que sus libros le van marcando en cierto modo, a su pesar. Clara está en la Redacción de 20minutos para algo más tangible, como es su novela número 17, Lo inexplicable (Planeta), que plantea el paso y el peso del tiempo. Lo hace con su habitual estilo narrativo directo, efectivo y nada estridente, a través de una niñera (Alicia) que cuida a un bebé (Rafael) que no lo parece, con sus miradas profundas y castigadoras y su curiosidad impenitente, hijo de unos padres inestables e inseguros (Lira y Leonardo). La obsesión de Rafael por una casa concreta, cuando salen a pasear, lleva a Alicia a preguntarse qué es lo que el niño ve y ella, no. Dónde está el límite entre la realidad y lo inmaterial. Lo metafísico y esotérico se estrechan la mano en este título de suspense que aborda la reencarnación y, claro está, lo indescriptible… Lo inexplicable. Días antes de que comience la 85ª Feria del Libro de Madrid, Clara Sánchez, traducida a más de 20 lenguas y con una presencia ya familiar en Italia, deshoja el calendario para reunirse con los lectores. A sus 71 años encarna esa mirada constante y sabia de la siempre necesaria mezcla entre literatura y aprendizaje.. Me gustaría reencarnarme en mí misma, pero ser más frívola, ligera y vivir sin presión. Pensaba en la reencarnación como un ingrediente de lo que es la vida cotidiana: por qué sufrimos tanto si somos tan poca cosa, por que la vida es tan breve. He notado cómo seres queridos que han desaparecido de mi vida, los he sentido muy cerca. Los personajes y lenguajes tecnológicos nos ofrecen una vida ruda y carente de poesía. Yo tenía una idea de la Academia de la Lengua y cuando entré allí, la cambié: es democrática, no impone nada y a mí me gusta el edadismo, aportar lo que uno sabe. Me gusta la palabra ‘tristeza’ y no uso nunca ‘coño’, pero sí ‘coñazo’
Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) es profesora, escritora, académica de la lengua (su sillón es el X) y… un pozo de sorpresas. Esta dama de las letras españolas, que tiene en su biblioteca premios importantísimos como el Nadal, el Planeta y el Alfaguara, mueve la mano con gesto contrariado cuando se le pregunta por el Cervantes, esa gran casilla que sus libros le van marcando en cierto modo, a su pesar. Clara está en la Redacción de 20minutos para algo más tangible, como es su novela número 17, Lo inexplicable (Planeta), que plantea el paso y el peso del tiempo. Lo hace con su habitual estilo narrativo directo, efectivo y nada estridente, a través de una niñera (Alicia) que cuida a un bebé (Rafael) que no lo parece, con sus miradas profundas y castigadoras y su curiosidad impenitente, hijo de unos padres inestables e inseguros (Lira y Leonardo). La obsesión de Rafael por una casa concreta, cuando salen a pasear, lleva a Alicia a preguntarse qué es lo que el niño ve y ella, no. Dónde está el límite entre la realidad y lo inmaterial. Lo metafísico y esotérico se estrechan la mano en este título de suspense que aborda la reencarnación y, claro está, lo indescriptible… Lo inexplicable. Días antes de que comience la 85ª Feria del Libro de Madrid, Clara Sánchez, traducida a más de 20 lenguas y con una presencia ya familiar en Italia, deshoja el calendario para reunirse con los lectores. A sus 71 años encarna esa mirada constante y sabia de la siempre necesaria mezcla entre literatura y aprendizaje.. Me gustaría reencarnarme en mí misma, pero ser más frívola, ligera y vivir sin presión. Pensaba en la reencarnación como un ingrediente de lo que es la vida cotidiana: por qué sufrimos tanto si somos tan poca cosa, por que la vida es tan breve. He notado cómo seres queridos que han desaparecido de mi vida, los he sentido muy cerca. Los personajes y lenguajes tecnológicos nos ofrecen una vida ruda y carente de poesía. Yo tenía una idea de la Academia de la Lengua y cuando entré allí, la cambié: es democrática, no impone nada y a mí me gusta el edadismo, aportar lo que uno sabe. Me gusta la palabra ‘tristeza’ y no uso nunca ‘coño’, pero sí ‘coñazo’
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