20MINUTOS.ES – Televisión
El programa Cuarto Milenio ha dedicado un reportaje a una de las historias más sombrías y desconocidas de la Patagonia chilena: la de la Isla de los Muertos, un enclave remoto situado en la desembocadura del río Baker, considerado por muchos como el fin del mundo. Allí, en un paisaje extremo y de difícil acceso, se conservan 33 cruces que guardan el silencio de una tragedia ocurrida hace más de un siglo.. Según ha explicado Iker Jiménez se trata de un relato que «parece de novela». Un equipo del programa se desplazó hasta el lugar para documentar los hechos y reconstruir lo ocurrido. El reportaje cuenta con la participación de Pablo Cañarte, experto en difusión del patrimonio, y del antropólogo Mauricio Osorio, quien continúa investigando los vestigios de aquella historia.. A comienzos del siglo XX, un grupo de trabajadores llegó a la zona para dedicarse a la extracción de madera. De ellos, 59 leñeros fallecieron en condiciones de abandono. Durante más de cien años, sus familias desconocieron por completo su paradero. Solo con el paso del tiempo se ha podido recuperar parte de aquella memoria.. El cementerio se encuentra alejado del emplazamiento del antiguo campamento, ya que el terreno rocoso de este último impedía las inhumaciones. Las causas de las muertes no se han determinado con certeza, aunque se apunta a la posible existencia de una epidemia contagiosa. De las cruces que aún permanecen en pie, únicamente una conserva un epitafio legible: el de Melchor Navarro Sánchez, fallecido a los 35 años el 2 de agosto de 1906.. Un detalle especialmente revelador es que bajo las cruces no se han hallado restos humanos. La humedad y la acidez del suelo han provocado la desintegración completa de los cuerpos. Las cruces, fabricadas con la misma madera que aquellos hombres fueron a buscar para ganarse la vida, son hoy el único testimonio material de su presencia.. Algunos descendientes de los fallecidos han viajado hasta el lugar para conocer el sitio donde murieron sus antepasados. En este sentido, Pablo Cañarte ha declarado: «Estar aquí, en un lugar donde la dignidad ante el sufrimiento del abandono pudo más que las condiciones trágicas de la muerte. Es un lugar increíble».. El reportaje de Cuarto Milenio no solo documentó el viaje hasta este paraje remoto, sino que también recreó las circunstancias de aquella tragedia. Una historia de olvido, aislamiento y dignidad que, más de un siglo después, sigue resonando entre las 33 cruces de la Isla de los Muertos.
El programa Cuarto Milenio ha dedicado un reportaje a una de las historias más sombrías y desconocidas de la Patagonia chilena: la de la Isla de los Muertos, un enclave remoto situado en la desembocadura del río Baker, considerado por muchos como el fin del mundo. Allí, en un paisaje extremo y de difícil acceso, se conservan 33 cruces que guardan el silencio de una tragedia ocurrida hace más de un siglo.. Según ha explicado Iker Jiménez se trata de un relato que «parece de novela». Un equipo del programa se desplazó hasta el lugar para documentar los hechos y reconstruir lo ocurrido. El reportaje cuenta con la participación de Pablo Cañarte, experto en difusión del patrimonio, y del antropólogo Mauricio Osorio, quien continúa investigando los vestigios de aquella historia.. A comienzos del siglo XX, un grupo de trabajadores llegó a la zona para dedicarse a la extracción de madera. De ellos, 59 leñeros fallecieron en condiciones de abandono. Durante más de cien años, sus familias desconocieron por completo su paradero. Solo con el paso del tiempo se ha podido recuperar parte de aquella memoria.. El cementerio se encuentra alejado del emplazamiento del antiguo campamento, ya que el terreno rocoso de este último impedía las inhumaciones. Las causas de las muertes no se han determinado con certeza, aunque se apunta a la posible existencia de una epidemia contagiosa. De las cruces que aún permanecen en pie, únicamente una conserva un epitafio legible: el de Melchor Navarro Sánchez, fallecido a los 35 años el 2 de agosto de 1906.. Un detalle especialmente revelador es que bajo las cruces no se han hallado restos humanos. La humedad y la acidez del suelo han provocado la desintegración completa de los cuerpos. Las cruces, fabricadas con la misma madera que aquellos hombres fueron a buscar para ganarse la vida, son hoy el único testimonio material de su presencia.. Algunos descendientes de los fallecidos han viajado hasta el lugar para conocer el sitio donde murieron sus antepasados. En este sentido, Pablo Cañarte ha declarado: «Estar aquí, en un lugar donde la dignidad ante el sufrimiento del abandono pudo más que las condiciones trágicas de la muerte. Es un lugar increíble».. El reportaje de Cuarto Milenio no solo documentó el viaje hasta este paraje remoto, sino que también recreó las circunstancias de aquella tragedia. Una historia de olvido, aislamiento y dignidad que, más de un siglo después, sigue resonando entre las 33 cruces de la Isla de los Muertos.
