20MINUTOS.ES – Televisión
Telecinco quería superar Sálvame, pero Sálvame sigue viviendo en Telecinco. Aunque no se quiera asumir en un momento en el que la televisión ha dejado de crear los famosos que influyen en la sociedad. Sin embargo, el estreno de De Lunes a Viernes recupera la mejor cara del magacín que sostuvo la tarde de la cadena durante 14 años. Y la clave está en su lenguaje. El programa ha construido un casting de personajes que hablan como la gente desde sus casas. No están repeinados en un sofacito diciendo a los demás cómo deben de ser. Son perfiles populares y, por tanto, más identificables. Son como esas señoras que sacan la silla de casa a la fresca a eso de la media tarde del verano. De las más resabiadas del lugar, Rosa Benito, Lydia Lozano, Terelu Campos o Karmele Marchante a la mirada de los más jovenes, como el neofoclórico Sebastián Gallego, el forzador de polémicas para ser visible Óscar Repo o la influencer Maica Benedicto, autoproclándose defensora de «todos» los jóvenes que no tienen ni idea del corazón. «Ser joven no significa ser inculta», la rebatió rápido Benito. Este arrejuntamiento intergeneracional favorece un clima de libertad, por no decir inconsciencia, que estaba perdiendo Mediaset en el entretenimiento de andar por casa. Los curtidos quieren seguir dando noticias, los más novatos dan la puntilla como harían en Instagram, TikTok o un podcast. Lo que puede diferenciar esta fórmula del corazón que emite a esa hora Antena 3, que ahora tira por la nostalgia del “qué fue” de personajes olvidados.. En De Lunes a Viernes han ido a lo seguro para empezar. Con las dos sagas que todavía son transversales ante los ojos del público: Isabel Pantoja y Rocío Jurado. Para iniciarse frente a el mundial de fútbol, bien. Sobre todo porque cuentan con la jugosa exclusiva de cómo está la finca de Cantora sin Isabel Pantoja. Destruída, que esa mansión cuesta mucho mantener…. Ahí el programa juega bien sus cartas. Con suspense, con contenido exclusivo. Incluso intenta dinamismo en la posición de sus contertulios para que nada se haga monótono visualmente. No están todo el rato en un mismo sofacito sentados. Pasan cosas. Van y vienen, crean un cine de verano, marchan a las bambalinas de un backstage. Hay rincones para la confesión, para comer el yogur… Para favorecer tramas, en definitiva. También parecen tener claro lo que debe aportar cada personaje del elenco, pero permitiéndose las licencias de la espontaneidad. Y ya, después, el caos lo ordena Bea Archidona y Santi Acosta, que dan credibilidad a esta reunión de amigas.. De hecho, los primeros programas tienen una escaleta bien estructurada. El siguiente paso es que no parezca un formato que imita Sálvame. O el ojo del espectador lo verá artificial, la imitación en un estudio más pequeño. Ya sucede con tramas hiper forzadas como la del desconocido Repo y Terelu Campos intentando ser enfrentado. Pero a quien le importa Repo. Y, claro, nadie entiende cuál es el conflicto. Porque no hay. Ni la propia Terelu, que lo desmonta al momento. El propio público de hoy está inmune a este tipo de choques hacia ninguna parte. La sociedad actual quiere contenido: quiere descubrir. La tele engancha mejor si ejerce la compañía a través de historias que aportan. Más aún en tiempos de redes sociales donde nos pasamos horas y horas viendo la nada mientras damos con el dedito a un scroll infinito. La tele debe diferenciarse. También en las cosas del corazón, que ya no va tanto de insistir a los personas cómo deben de actuar. Ahora funciona mejor reflexionar sobre cómo somos a través de las experiencias personales de entrevistados y celebrities. Y cómo son las celebrities… Es más, hay tantas que ni siquiera sabemos quiénes son los realmente famosos de hoy. La tele lo sufre, así que debe activar un nuevo radar: el de saber leer esas historias que parecen pequeñas cuando son gigantes porque nos hacen sentir reconocidos delante de la pantalla. Las cadenas tradicionales son quienes las pueden dar el empujón. Solo falta más atrevimiento. Telecinco está en el momento perfecto para ello: para arriesgar más que emular lo que fue en un pasado que ya pasó. Sus bajos datos de audiencia lo están pidiendo a gritos, de lunes a viernes.
Telecinco quería superar Sálvame, pero Sálvame sigue viviendo en Telecinco. Aunque no se quiera asumir en un momento en el que la televisión ha dejado de crear los famosos que influyen en la sociedad. Sin embargo, el estreno de De Lunes a Viernes recupera la mejor cara del magacín que sostuvo la tarde de la cadena durante 14 años. Y la clave está en su lenguaje. El programa ha construido un casting de personajes que hablan como la gente desde sus casas. No están repeinados en un sofacito diciendo a los demás cómo deben de ser. Son perfiles populares y, por tanto, más identificables. Son como esas señoras que sacan la silla de casa a la fresca a eso de la media tarde del verano. De las más resabiadas del lugar, Rosa Benito, Lydia Lozano, Terelu Campos o Karmele Marchante a la mirada de los más jovenes, como el neofoclórico Sebastián Gallego, el forzador de polémicas para ser visible Óscar Repo o la influencer Maica Benedicto, autoproclándose defensora de «todos» los jóvenes que no tienen ni idea del corazón. «Ser joven no significa ser inculta», la rebatió rápido Benito. Este arrejuntamiento intergeneracional favorece un clima de libertad, por no decir inconsciencia, que estaba perdiendo Mediaset en el entretenimiento de andar por casa. Los curtidos quieren seguir dando noticias, los más novatos dan la puntilla como harían en Instagram, TikTok o un podcast. Lo que puede diferenciar esta fórmula del corazón a la que emite a esa hora Antena 3, que ahora tira por la nostalgia del “qué fue” de personajes olvidados.. En De Lunes a Viernes han ido a lo seguro para empezar. Con las dos sagas que todavía son transversales ante los ojos del público: Isabel Pantoja y Rocío Jurado. Para iniciarse frente a el mundial de fútbol, bien. Sobre todo porque cuentan con la jugosa exclusiva de cómo está la finca de Cantora sin Isabel Pantoja. Destruída, que esa mansión cuesta mucho mantener…. Ahí el programa juega bien sus cartas. Con suspense, con contenido exclusivo. Incluso intenta dinamismo en la posición de sus contertulios para que nada se haga monótono visualmente. No están todo el rato en un mismo sofacito sentados. Pasan cosas. Van y vienen, crean un cine de verano, marchan a las bambalinas de un backstage. Hay rincones para la confesión, para comer el yogur… Para favorecer tramas, en definitiva. También parecen tener claro lo que debe aportar cada personaje del elenco, pero permitiéndose las licencias de la espontaneidad. Y ya, después, el caos lo ordena Bea Archidona y Santi Acosta, que dan credibilidad a esta reunión de amigas.. De hecho, los primeros programas tienen una escaleta bien estructurada. El siguiente paso es que no parezca un formato que imita Sálvame. O el ojo del espectador lo verá artificial, la imitación en un estudio más pequeño. Ya sucede con tramas hiper forzadas como la del desconocido Repo y Terelu Campos intentando enfrentarlos por un vídeo especulativo que hizo buscando polémica de la nada. Y, claro, nadie entiene cual es el conflicto. Porque no hay. Ni la propia Terelu, que lo desmonta al momento. El propio público de hoy está inmune a este tipo de choques hacia ninguna parte. La sociedad actual quiere contenido: quiere descubrir. La la tele engancha mejor si ejerce la compañía a través de historias que aportan. Más aún en tiempos de redes sociales donde nos pasamos horas y horas viendo la nada mientras damos con el dedito a un scroll infinito. La tele debe diferenciarse. También en las cosas del corazón, que ya no va tanto de insistir a los personas cómo deben de actuar. Ahora funciona mejor reflexionar sobre cómo somos a través de las experiencias personales de entrevistados y celebrities. Y cómo son las celebries… Es más, hay tantas que ni siquiera sabemos quiénes son los realmente famosos de hoy. La tele lo sufre, así que debe activar un nuevo radar: el de saber leer esas historias que parecen pequeñas cuando son gigantes porque nos hacen sentir reconocidos delante de la pantalla. Las cadenas tradicionales son quienes las pueden dar el empujón. Solo falta más atrevimiento. Telecinco está en el momento perfecto para ello: para arriesgar más que emular lo que fue en un pasado que ya pasó. Sus bajos datos de audiencia lo están pidiendo a gritos, de lunes a viernes.
