Triángulo de Amor Bizarro vuelven con un LP, el octavo en su carrera, el primero en Sonido Muchacho (una elección muy acertada tanto para ellos como para la compañía, con su catálogo de realidades y promesas, de mayúsculo eclecticismo) y lo hacen con esa manera de compaginar el sonido más duro del punk de cuatro cuerdas y el pop infinito, la electrónica de navaja y las guitarras, las voces que mastican y el estribillo coreable. Mi catedral, editada por Sonido Muchacho, se abre con SMT en el palacio real, con un piano burlón, oscuro, más eco que melodía, para elevar la distorsión hacia la caja de resonancia de todos los diablos. De Los Planetas a Lagartija Nick, TAB siempre parecen recorrer el camino entre La Coruña y Granada con insultante facilidad. Sin descanso, ella se eleva en Diosas adolescentes, esta vez cruzamos el océano y pienso en el sonido de Suárez y Tía Newton. Qué tiempos, me puedes decir, como el otro tema Odio a mi generación que hay una metáfora de nostalgia en todas las bandas que siguen sacando discos sin preguntarse si es necesario. Dejadnos, como dirían Vainica Doble, vivir con alegría.. El temblor espasmódico de Media vida, arrastrando las palabras, me recuerda a Tigre y diamante, más bien a Igor Paskual, en esa necesidad vital que incendia una vida psicótica. De punk a sintetizadores afilados en BBBMV a.r.m.a.s., un punto de épica, un lugar al que acudir cuando las capas de guitarras nos acercan, de nuevo, a la herencia sónica de Jesus and Mary Chain, como salidas de un lugar imaginario, como una atmósfera fuera de los sueños, más pesadillas que otra cosa, tenemos Matar a un rey, deslabazado alegato. 808 es una casete, España. Yo sí que aguanto. Yo os escucho, yo me dejo engañar. Soy feliz de gualda, con un violín clavado en mitad de El regalo de Silvia. Las programaciones hipnóticas acompañan, con un punto religioso, Mi catedral. Da título al disco y funciona como un embrujo burbujeante, Cocteau Twins y afines en películas de David Lynch: convertir el juego del escondite en un laberinto. En la corte del E. se desarrolla en una espiral de ruido no especialmente acertada. Como si fuera un paso adelante y otro atrás, volvemos al punk, volvemos a Los Ramones con distorsión de Este contra oeste, donde la voz de Rodrigo Caamaño acompañado con los coros de Isa nos dejan un sabor de boca curioso, más dulce que metálico.. Vuelve Isa a la solista con La era chapada en oro, con una letra hipnótica, de lo mejor del disco, sobrio pop que va a la mixtape del año. Nos acercamos al final con Pat a trenca, el bajo avisa de que no es territorio amigo, una broma asesina, ya sabes a qué me refiero. Final de los ochenta, estamos un poco perdidos, pero no queremos ser la undécima víctima en esta carrera de saco. Otro tema sobresaliente, sobre todo con ese contraste de violines que aparece como un ángel asmático a mitad de la melodía. Un final de océano frío, de inmenso cónclave de sirenas, con Sacrificio, que funciona como un potencial himno del directo. Hacía mucho que no escuchaba un disco completo de Triángulo de Amor Bizarro y me encuentro con un LP ecléctico, donde se mezcla lo orgánico y lo sintético, el pop y el punk frío, incluso el ruidismo, donde las dos voces solistas funcionan para empastar el conjunto de manera notable.
Triángulo de Amor Bizarro vuelven con un LP, el octavo en su carrera, el primero en Sonido Muchacho (una elección muy acertada tanto para ellos como para la compañía, con su catálogo de realidades y promesas, de mayúsculo eclecticismo) y lo hacen con esa manera de compaginar el sonido más duro del punk de cuatro cuerdas y el pop infinito, la electrónica de navaja y las guitarras, las voces que mastican y el estribillo coreable. Mi catedral, editada por Sonido Muchacho, se abre con SMT en el palacio real, con un piano burlón, oscuro, más eco que melodía, para elevar la distorsión hacia la caja de resonancia de todos los diablos. De Los Planetas a Lagartija Nick, TAB siempre parecen recorrer el camino entre La Coruña y Granada con insultante facilidad. Sin descanso, ella se eleva en Diosas adolescentes, esta vez cruzamos el océano y pienso en el sonido de Suárez y Tía Newton. Qué tiempos, me puedes decir, como el otro tema Odio a mi generación que hay una metáfora de nostalgia en todas las bandas que siguen sacando discos sin preguntarse si es necesario. Dejadnos, como dirían Vainica Doble, vivir con alegría.. TABSonido Muchacho. El temblor espasmódico de Media vida, arrastrando las palabras, me recuerda a Tigre y diamante, más bien a Igor Paskual, en esa necesidad vital que incendia una vida psicótica. De punk a sintetizadores afilados en BBBMV a.r.m.a.s., un punto de épica, un lugar al que acudir cuando las capas de guitarras nos acercan, de nuevo, a la herencia sónica de Jesus and Mary Chain, como salidas de un lugar imaginario, como una atmósfera fuera de los sueños, más pesadillas que otra cosa, tenemos Matar a un rey, deslabazado alegato. 808 es una casete, España. Yo sí que aguanto. Yo os escucho, yo me dejo engañar. Soy feliz de gualda, con un violín clavado en mitad de El regalo de Silvia. Las programaciones hipnóticas acompañan, con un punto religioso, Mi catedral. Da título al disco y funciona como un embrujo burbujeante, Cocteau Twins y afines en películas de David Lynch: convertir el juego del escondite en un laberinto. En la corte del E. se desarrolla en una espiral de ruido no especialmente acertada. Como si fuera un paso adelante y otro atrás, volvemos al punk, volvemos a Los Ramones con distorsión de Este contra oeste, donde la voz de Rodrigo Caamaño acompañado con los coros de Isa nos dejan un sabor de boca curioso, más dulce que metálico.. Vuelve Isa a la solista con La era chapada en oro, con una letra hipnótica, de lo mejor del disco, sobrio pop que va a la mixtape del año. Nos acercamos al final con Pat a trenca, el bajo avisa de que no es territorio amigo, una broma asesina, ya sabes a qué me refiero. Final de los ochenta, estamos un poco perdidos, pero no queremos ser la undécima víctima en esta carrera de saco. Otro tema sobresaliente, sobre todo con ese contraste de violines que aparece como un ángel asmático a mitad de la melodía. Un final de océano frío, de inmenso cónclave de sirenas, con Sacrificio, que funciona como un potencial himno del directo. Hacía mucho que no escuchaba un disco completo de Triángulo de Amor Bizarro y me encuentro con un LP ecléctico, donde se mezcla lo orgánico y lo sintético, el pop y el punk frío, incluso el ruidismo, donde las dos voces solistas funcionan para empastar el conjunto de manera notable.
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