La puesta de largo en sociedad del primer Diccionario de la historia de la Real Academia de la Lengua de Sinónimos, Antónimos (vocablos similares y opuestos) y Voces afines ha permitido al director de la institución, Santiago Muñoz Machado, hacer un lamento y una reclamación. Lo ha hecho en la sede de la propia Academia, ante la prensa convocada.. Muñoz Machado ha defendido el derecho de los ciudadanos a entender el lenguaje que manejan y escuchan en su vida ordinaria. Y ha señalado a los poderes públicos como obligados a facilitar esa claridad, cuya obstrucción, no está solo reservada a la Judicatura, uno de los sectores con más dificultad compresora para el público. También les corresponde este gesto a la Medicina, al mundo farmacéutico, a las corporaciones de base privada y a «todas las profesiones que mantienen un lenguaje culto y diferenciado respecto a los ciudadanos comunes», ha subrayado.. Muñoz Machado no entona un canto contra la evolución social del discurso, al revés: «No es una propuesta de la RAE que se eliminen los tecnolenguajes ni los de especialidad porque son fórmulas de comunicación intelectual, pero se trata de que esas instituciones cuando se dirigen a los ciudadanos manejen los lenguajes técnicos de otra manera».. En opinión de Muñoz Machado, la revolución digital y la inteligencia artificial traen muchas preocupaciones, pero también muchas ventajas y una de ellas es que el Diccionario tiene «que enriquecerse de muchas formas». Considera que dominar la riqueza léxica del español obliga no solo a conocer sus palabras, sino a saber elegir la más precisa en cada contexto y situación.. En este anhelo, se enmarca el primer Diccionario de Sinónimo, Antónimos y Voces Afines (editado por la RAE, Ed. Espasa y ASALE), una herramienta de la que la más alta institución de protección de la lengua carecía hasta ahora y que «»se inserta perfectamente en la política del lenguaje claro», según su mandatario. La responsable del instituto de Lexicografía de la RAE, Elena Zamora e impulsora de esta obra junto a otra especialista, Elena Varela, ha desmenuzado el contenido del volumen, que comenzó en 2025 y alberga 255.000 sinónimos -también llamados iguales-, y 20.000 de los antónimos o contrarios. Todo ello, distribuido en más de 44 000 entradas.. Zamora ha hecho un viaje en el tiempo para recordar que el primer volumen que se refirió a la sinonimia data del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del XX en que se planteó por primera vez un diccionario centrado solo en estos términos semánticos. Hay muchos menos antónimos porque su número es considerablemente menor que el de sinónimos o voces afines. La antonimia afecta a un número reducido de léxico porque tiene que ver con la función esencial de las palabras de nombrar la realidad», explicó quien ha repasado las diversas posibilidades que tienen esos usos linguísticos y sus matices.. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los seres no tienen un contrario: animales, plantas, objetos y profesiones. «¿Cuál es el contrario de caballo, amapola, libro o panadero?», se ha preguntado. Como dato curioso, Zamora ha resaltado que «resulta extraordinario el número de sinónimos de ‘cabeza’ frente a la práctica ausencia de sinónimos de ‘mano’ y ‘pie’, y el despliegue de palabras creadas para designar ‘borrachera’ y ‘morir'».. Zamora ha remarcado que la estructura del diccionario es muy sencilla: cada entrada la encabeza una palabra a la que sigue una columna de sinónimos ordenados de mayor a menor medida, de menor a mayor restricción de uso y, en caso de que los tengan, con sus antónimos.. En algunos casos se indican las voces que se ofrecen como afines o antónimas, su registro coloquial, su frecuencia y su distribución geográfica. Zamora ha citado el Quijote, como un libro que ha apuntaba a esta utilización riquísima de la lengua, cuando hablaba de abendejo y de bacallau sobre el mismo pescado.. Zamora ha ‘terminado’ utilizando casi todas las modalidades que existen para decir que ‘algo llega a su fin’, un ejemplo de la riqueza que este diccionario pretende aportar al uso y comprensión de la lengua castellana.
La puesta de largo en sociedad del primer Diccionario de la historia de la Real Academia de la Lengua de Sinónimos, Antónimos (vocablos similares y opuestos) y Voces afines ha permitido al director de la institución, Santiago Muñoz Machado, hacer un lamento y una reclamación. Lo ha hecho en la sede de la propia Academia, ante la prensa convocada.. Muñoz Machado ha defendido el derecho de los ciudadanos a entender el lenguaje que manejan y escuchan en su vida ordinaria. Y ha señalado a los poderes públicos como obligados a facilitar esa claridad, cuya obstrucción, no está solo reservada a la Judicatura, uno de los sectores con más dificultad compresora para el público. También les corresponde este gesto a la Medicina, al mundo farmacéutico, a las corporaciones de base privada y a «todas las profesiones que mantienen un lenguaje culto y diferenciado respecto a los ciudadanos comunes», ha subrayado.. Muñoz Machado no entona un canto contra la evolución social del discurso, al revés: «No es una propuesta de la RAE que se eliminen los tecnolenguajes ni los de especialidad porque son fórmulas de comunicación intelectual, pero se trata de que esas instituciones cuando se dirigen a los ciudadanos manejen los lenguajes técnicos de otra manera».. En opinión de Muñoz Machado, la revolución digital y la inteligencia artificial traen muchas preocupaciones, pero también muchas ventajas y una de ellas es que el Diccionario tiene «que enriquecerse de muchas formas». Considera que dominar la riqueza léxica del español obliga no solo a conocer sus palabras, sino a saber elegir la más precisa en cada contexto y situación.. En este anhelo, se enmarca el primer Diccionario de Sinónimo, Antónimos y Voces Afines (editado por la RAE, Ed. Espasa y ASALE), una herramienta de la que la más alta institución de protección de la lengua carecía hasta ahora y que «»se inserta perfectamente en la política del lenguaje claro», según su mandatario. La responsable del instituto de Lexicografía de la RAE, Elena Zamora e impulsora de esta obra junto a otra especialista, Elena Varela, ha desmenuzado el contenido del volumen, que comenzó en 2025 y alberga 255.000 sinónimos -también llamados iguales-, y 20.000 de los antónimos o contrarios. Todo ello, distribuido en más de 44 000 entradas.. Zamora ha hecho un viaje en el tiempo para recordar que el primer volumen que se refirió a la sinonimia data del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del XX en que se planteó por primera vez un diccionario centrado solo en estos términos semánticos. Hay muchos menos antónimos porque su número es considerablemente menor que el de sinónimos o voces afines. La antonimia afecta a un número reducido de léxico porque tiene que ver con la función esencial de las palabras de nombrar la realidad», explicó quien ha repasado las diversas posibilidades que tienen esos usos linguísticos y sus matices.. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los seres no tienen un contrario: animales, plantas, objetos y profesiones. «¿Cuál es el contrario de caballo, amapola, libro o panadero?», se ha preguntado. Como dato curioso, Zamora ha resaltado que «resulta extraordinario el número de sinónimos de ‘cabeza’ frente a la práctica ausencia de sinónimos de ‘mano’ y ‘pie’, y el despliegue de palabras creadas para designar ‘borrachera’ y ‘morir'».. Zamora ha remarcado que la estructura del diccionario es muy sencilla: cada entrada la encabeza una palabra a la que sigue una columna de sinónimos ordenados de mayor a menor medida, de menor a mayor restricción de uso y, en caso de que los tengan, con sus antónimos.. En algunos casos se indican las voces que se ofrecen como afines o antónimas, su registro coloquial, su frecuencia y su distribución geográfica. Zamora ha citado el Quijote, como un libro que ha apuntaba a esta utilización riquísima de la lengua, cuando hablaba de abendejo y de bacallau sobre el mismo pescado.. Zamora ha ‘terminado’ utilizando casi todas las modalidades que existen para decir que ‘algo llega a su fin’, un ejemplo de la riqueza que este diccionario pretende aportar al uso y comprensión de la lengua castellana.
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