20MINUTOS.ES – Televisión
Tras las diferentes secuelas de Sálvame -Ni que fuéramos Shhh, Tentáculos y No somos nadie-, Ten ha recuperado el magacín de tarde con El Sótano Club, presentado por Alba Carrillo, de lunes a jueves, y ‘La Pija’, Carlos Peguer, los viernes.. Carrillo ya tiene mucho plató. Es rápida. Espontánea. Juega. Y en Ten saben que un directo ordena el resto de programación enlatada, crea cita diaria y otorga relevancia al canal. Como consecuencia, han abierto este espacio que se parece más a un podcast que a un programa de tele. Con todo lo bueno y todo lo malo que puede tener no ser ni una cosa ni la otra.. Hay una tendencia actual que consiste en tirar de creadores de contenido populares en redes como reclamo de nuevos programas. Lo hace también la desapercibida apuesta de TVE En Play. Porque no basta con la presencia de ‘streamers’, ‘incluencers’, ‘tiktokers’ o ‘comiquers’ famosos en la viralidad, pues el público ya busca directamente sus clips en sus perfiles y no corre a ver lo mismo en un programa de tele tradicional.. Al final, como siempre, para funcionar en TV la clave está en que la propuesta atesore premisa y contenido. Los nombres-reclamo no aguantan el paso del tiempo por sí mismos. Menos aún si son asociados a otras ventanas audiovisuales y, encima, se imita la escenografía de su hábitat habitual. Entonces, fagocitan el contenido y el canal tradicional es invisible. Vamos, sucede lo mismo que con ‘influencers’ en las alfombras rojas de los festivales del cine y Los Goya, ¿recuerdan?. En la tele y en la radio clásica es vital crear formatos que lleven a las revelaciones de las redes sociales a otros lugares. Así ganan ellos, pues crecen profesionalmente. Y la propia cadena, atrayendo a nuevos públicos deseosos de compañía diaria de entretenimiento en directo.. El Sótano Club transmite buen rollo. Con el aliciente de que se pasan por sus sofás cómicas con discurso profundo. Como Laura del Val o Patricia Espejo. También están el desparpajo de Samantha Hudson, Eme Hache o Iggy Rubín. Lo malo es que tanto la escenografía como la realización es bastante más pobre que su predecesor, No somos nadie, que nacía en el piso de una productora de televisión, La Osa. Y se notaba en los coloristas fondos escénicas y en la capacidad de alimentar la narración audiovisual hasta cuando los medios escasean.. Aquí ni siquiera hay vídeos de lo que se habla. Ni unas colas con imágenes de agencia. Como mucho titulares de prensa y alguna foto. Lo que se traduce en monotonía visual que intenta suplir el guion: que si llevan a los invitados a un ascensor virtual, que si de repente Laura del Val se convierte en guía turística por Plaza España, que si conectan con la gracia de reportero callejero de Iban Garcia. Pero volvemos a la mismo: eso ya lo vemos en su TikTok e Instagram. Y editado. Y sin margen de tiempo para aburrirnos. No atrae nuevos a nuevos públicos.. Pero la tele saturada de opinión política necesita entretenimiento que apueste por el intercambio generacional en sus magacines. En este sentido, El Sótano Club puede ser un espacio interesante para experimentar, trastear con la creatividad y hablar de lo cotidiano desde la alegría de personas que están en su tiempo. De hecho, hasta cuando charlan sobre corazón ya no hablan de corazón: conversan sobre la vida que nos toca a todos. Ese es el truco. Ahí echa raíces el futuro de la televisión: en la autoría con arte para descifrar todo lo que nos une, agotados de la turra que sentencia mirando por encima del hombro. Para eso ya está Twitter.
Tras las diferentes secuelas de Sálvame -Ni que fuéramos Shhh, Tentáculos y No somos nadie-, Ten ha recuperado el magacín de tarde con El Sótano Club, presentado por Alba Carrillo, de lunes a jueves, y ‘La Pija’, Carlos Peguer, los viernes.. Carrillo ya tiene mucho plató. Es rápida. Espontánea. Juega. Y en Ten saben que un directo ordena el resto de programación enlatada, crea cita diaria y otorga relevancia al canal. Como consecuencia, han abierto este espacio que se parece más a un podcast que a un programa de tele. Con todo lo bueno y todo lo malo que puede tener no ser ni una cosa ni la otra.. Hay una tendencia actual que consiste en tirar de creadores de contenido populares en redes como reclamo de nuevos programas. Lo hace también la desapercibida apuesta de TVE En Play. Porque no basta con la presencia de ‘streamers’, ‘incluencers’, ‘tiktokers’ o ‘comiquers’ famosos en la viralidad, pues el público ya busca directamente sus clips en sus perfiles y no corre a ver lo mismo en un programa de tele tradicional.. Al final, como siempre, para funcionar en TV la clave está en que la propuesta atesore premisa y contenido. Los nombres-reclamo no aguantan el paso del tiempo por sí mismos. Menos aún si son asociados a otras ventanas audiovisuales y, encima, se imita la escenografía de su hábitat habitual. Entonces, fagocitan el contenido y el canal tradicional es invisible. Vamos, sucede lo mismo que con ‘influencers’ en las alfombras rojas de los festivales del cine y Los Goya, ¿recuerdan?. En la tele y en la radio clásica es vital crear formatos que lleven a las revelaciones de las redes sociales a otros lugares. Así ganan ellos, pues crecen profesionalmente. Y la propia cadena, atrayendo a nuevos públicos deseosos de compañía diaria de entretenimiento en directo.. El Sótano Club transmite buen rollo. Con el aliciente de que se pasan por sus sofás cómicas con discurso profundo. Como Laura del Val o Patricia Espejo. También están el desparpajo de Samantha Hudson, Eme Hache o Iggy Rubín. Lo malo es que tanto la escenografía como la realización es bastante más pobre que su predecesor, No somos nadie, que nacía en el piso de una productora de televisión, La Osa. Y se notaba en los coloristas fondos escénicas y en la capacidad de alimentar la narración audiovisual hasta cuando los medios escasean.. Aquí ni siquiera hay vídeos de lo que se habla. Ni unas colas con imágenes de agencia. Como mucho titulares de prensa y alguna foto. Lo que se traduce en monotonía visual que intenta suplir el guion: que si llevan a los invitados a un ascensor virtual, que si de repente Laura del Val se convierte en guía turística por Plaza España, que si conectancon la gracia de reportero callejero de Iban Garcia. Pero volvemos a la mismo: eso ya lo vemos en su TikTok e Instagram. Y editado. Y sin margen de tiempo para aburrirnos. No atrae nuevos a nuevos públicos.. Pero la tele saturada de opinión política necesita entretenimiento que apueste por el intercambio generacional en sus magacines. En este sentido, El Sótano Club puede ser un espacio interesante para experimentar, trastear con la creatividad y hablar de lo cotidiano desde la alegría de personas que están en su tiempo. De hecho, hasta cuando charlan sobre corazón ya no hablan de corazón: conversan sobre la vida que nos toca a todos. Ese es el truco. Ahí echa raíces el futuro de la televisión: en la autoría con arte para descifrar todo lo que nos une, agotados de la turra que sentencia mirando por encima del hombro. Para eso ya está Twitter.
