20MINUTOS.ES – Televisión
El día que David Broncano recibió a Mercedes Milá ironizó con que esa noche La Revuelta no iba a funcionar porque habían cambiado el orden del guion. Resultado: el programa creció en audiencia. Broncano tiene muchas virtudes, aunque no como gurú televisivo. Ya de por sí, contar con Mercedes Milá en una entrevista asegura puntos: sabe de tele y ejerce la espontaneidad que es la materia prima del electrodoméstico más mirado.. Pero es que, además, las modificaciones de escaleta del show aquella noche definieron el camino que debe tomar La Revuelta, dejando atrás sus costumbres de televisión de pago. En aquella emisión, quedó claro que las secciones cortas van mejor de cola, de salida. Y no de inicio. Así representan el atrevimiento final del día. Y si van durante el programa, que sean con el invitado presente. Porque la expresividad del convidado de la jornada otorga un plus de emoción al relato cómico. Cuando es un prescriptor popular o cuando es más desconocido. No obstante, esa es unas de las grandes virtudes del programa: arriesga con la gente que da voz.. Ya sabemos cómo reacciona habitualmente Broncano. Pero el tono cambia cuando entra un tercer personaje del día. Ahí el formato gana imprevisibilidad y brillo. De hecho, la otra modificación que sufrió el late show -que se emite en prime time- fue que, en aquel 19 de mayo, se empezó directamente con Mercedes Milá y la interacción con el público inicial quedó incorporada a la conversación. Todo fluyó de otra forma. Si los late norteamericanos -y alguno español, ahora que estamos en este boom- arrancan con un monólogo, Broncano también. Con la diferencia de que él ejerce el retrato social charlando con su público. No hay que quitar este espacio que es seña de identidad de La Revuelta, pero sí comprimirlo en tres testimonios poderosos o el barullo hace que se tuerza en repetitivo.. Porque ese es el problema de La Revuelta con la pérdida de la novedad: transmite repetición. La ingenuidad de «no sabemos qué hacemos» mola un rato, pero los personajes de un programa, como los de una serie, deben evolucionar su motivación para no quedarse atascados en el ojo del espectador. Porque, como en la vida, nunca dejamos de cambiar.. Broncano no veía el experimento que estaban haciendo con Mercedes Milá, modificando la escaleta. Pero les funcionó. Porque la mayor implicación del invitado hizo al show más grande. En este caso, ayudó también que era una personalidad con mucho plató a sus espaldas, claro. Pero la televisión es saber hacer grande el plató hasta en lo pequeño. Y si tienes un gran presupuesto: se debe notar para lograr la experiencia de la elaboración creativa que es donde la tele se distingue de las redes sociales y los podcast.. Si vemos los grandes programas de comedia con entrevista de la historia de TVE, aquellos que precedieron a Broncano hace muchos años en prime time, como Ahí te quiero ver de Rosa María Sardá, Viaje con nosotros de Gurruchaga o Tariro Tariro de La Trinca, descubriremos cómo se cuidaba la liturgia audiovisual para rematar con más ímpetu el gag y conquistar la mirada de ilusión del espectador cada noche. Siempre dando ese toque de glamour de la fantasía televisiva gracias a la realización que coronaba cada noche el final de los programas con un colofón rutilante. Eso falta en los acelerones de la tele de hoy: jugar más con el arco narrativo de guion y de imagen en cada programa que es donde la tele pega un impulso, además de en la autoría que es la base de La Revuelta. Eso ya lo tiene: en puesta en escena, en personajes principales, en Broncano. Por eso la audiencia les recibió con los brazos abiertos: por representar la tele de autor que se estaba perdiendo. Porque nadie se atreve demasiado a los programas con un aplastante universo propio. Un universo propio que puede ir fagocitándose a sí mismo porque se lo cree o puede ir expandiéndose porque va aprendiendo de la experiencia. Incluso desaprendiendo sus propios prejuicios. Hasta con la propia tele. Como consiguió La Revuelta con el torbellino de Mercedes Milá.
El día que David Broncano recibió a Mercedes Milá ironizó con que esa noche La Revuelta no iba a funcionar porque habían cambiado el orden del guion. Resultado: el programa creció en audiencia. Broncano tiene muchas virtudes, aunque no como gurú televisivo. Ya de por sí, contar con Mercedes Milá en una entrevista asegura puntos: sabe de tele y ejerce la espontaneidad que es la materia prima del electrodoméstico más mirado.. Pero es que, además, las modificaciones de escaleta del show aquella noche definieron el camino que debe tomar La Revuelta, dejando atrás sus costumbres de televisión de pago. En aquella emisión, quedó claro que las secciones cortas van mejor de cola, de salida. Y no de inicio. Así representan el atrevimiento final del día. Y si van durante el programa, que sean con el invitado presente. Porque la expresividad del convidado de la jornada otorga un plus de emoción al relato cómico. Cuando es un prescriptor popular o cuando es más desconocido. No obstante, esa es unas de las grandes virtudes del programa: arriesga con la gente que da voz.. Ya sabemos cómo reaccionahabitualmente Broncano. Pero el tono cambia cuando entra un tercer personaje del día. Ahí elformato gana imprevisibilidad y brillo. De hecho, la otra modificación que sufrió el late show -que se emite en prime time- fue que, en aquel 19 de mayo, se empezó directamente con Mercedes Milá y la interacción con el público inicial quedó incorporada a la conversación. Todo fluyó de otra forma. Si los late norteamericanos -y alguno español, ahora que estamos en este boom- arrancan con un monólogo, Broncano también. Con la diferencia de que él ejerce el retrato social charlando con su público. No hay que quitar este espacio que es seña de identidad de La Revuelta, pero sí comprimirlo en tres testimonios poderosos o el barullo hace que se tuerza en repetitivo.. Porque ese es el problema de La Revuelta con la pérdida de la novedad: transmite repetición. La ingenuidad de «no sabemos qué hacemos» mola un rato, pero los personajes de un programa, como los de una serie, deben evolucionar su motivación para no quedarse atascados en el ojo del espectador. Porque, como en la vida, nunca dejamos de cambiar.. Broncano no veía el experimento que estaban haciendo con Mercedes Milá, modificando la escaleta. Pero les funcionó. Porque la mayor implicación del invitado hizo al show más grande. En este caso, ayudó también que era una personalidad con mucho plató a sus espaldas, claro. Pero la televisión es saber hacer grande el plató hasta en lo pequeño. Y si tienes un gran presupuesto: se debe notar para lograr la experiencia de la elaboración creativa que es donde la tele se distingue de las redes sociales y los podcast.. Si vemos los grandes programas de comedia con entrevista de la historia de TVE, aquellos que precedieron a Broncano hace muchos años en prime time, como Ahí te quiero ver de Rosa María Sardá, Viaje con nosotros de Gurruchaga o Tariro Tariro de La Trinca, descubriremos cómo se cuidaba la liturgia audiovisual para rematar con más ímpetu el gag y conquistar la mirada de ilusión del espectador cada noche. Siempre dando ese toque de glamour de la fantasía televisiva gracias a la realización que coronaba cada noche el final de los programas con un colofón rutilante. Eso falta en los acelerones de la tele de hoy: jugar más con el arco narrativo de guion y de imagen en cada programa que es donde la tele pega un impulso, además de en la autoría que es la base de La Revuelta. Eso ya lo tiene: en puesta en escena, en personajes principales, en Broncano. Por eso la audiencia les recibió con los brazos abiertos: por representar la tele de autor que se estaba perdiendo. Porque nadie se atreve demasiado a los programas con un aplastante universo propio. Un universo propio que puede ir fagocitándose a sí mismo porque se lo cree o puede ir expandiéndose porque va aprendiendo de la experiencia. Incluso desaprendiendo sus propios prejuicios. Hasta con la propia tele. Como consiguió La Revuelta con el torbellino de Mercedes Milá.
