En la semana de la muerte de Erich von Däniken, escucho Fabio Zerpa tiene razón de Andrés Calamaro. Llegó, llegaron, hasta lugares alejados. Estación Saturno de Fernanda García Lao, editado por Candaya. Una novela acuática, de dislocación de los principios euclídeos, tiempo y espacio, muertos y vivos.. La última gasolinera antes del final de la civilización. De nombre, punto de no retorno. Los cuentos de Macedonio. No lo olvido. El piano de Macedonio. Suena de fondo en la estación del ferrocarril, de Saturno. 1977. Un año para que nazca. Uno año desde el comienzo del proceso. Guaminí, en la provincia de Buenos Aires, no es ni conurbano, tan lejos que se extiende el duelo por millones de kilómetros. La ruta solitaria. Rutas argentinas. Como la canción de Almendra. Hombre, mujer y gato. Hermano, hermana y muerto. Dos adictos, al sexo y al trago. No hay necesidad de buscar más. El dueño del gato es el hermano muerto de los dos. ¿Es un triángulo o un rectángulo? Nafta, cigarrillos, baño para chicas. La lluvia. El agua, en todas sus formas, estadios y presencia. El agua nos invade. El agua protagoniza Estación Saturno, desde el cielo, desde el subsuelo, encharcada. Los hermanos sueñan con Charles Beaumont.. Todos son extraños. Asumen lugares y posiciones que no les corresponden: «Un muerto es para toda la vida». ¿Quién robó el gato? ¿Es el gato un McGuffin? ¿Y si fueron los hermanos los que desaparecieron, dejando atrás al animal? En la Argentina de los ochenta, pasando por la televisión capítulos en bucle de la Dimensión desconocida aka En los límites de la realidad aka The Twilight Zone. Primero te lo dirá Rodrigo Fresán, después Mariana Enríquez o Luciano Lamberti. La última Silvana Vogt. Todos se alejan de Buenos Aires, del terror y la ciencia ficción porteña. Al interior. Donde la humedad se acumula, donde el paganismo triunfa. Aunque sea en forma de un gatito dorado. Moviendo su bracito. En coquetos estadios cuánticos las vidas se desperdigan, entre la gasolina y el hotel, entre el 24/7 y el «lleva tiempo cerrado» existen infinitos estados intermedios.. Las listas y los personajes, manuscritos, funcionariales, de Franz Kafka y Samuel Beckett, cada uno de los jardines que se bifurcan son potenciales ramales de la gran autopista del sur, cada estación de servicio, motel de paso, el ritual del terror argentino que escapa de la capital hacia el interior, da igual si es desierto árido, hielo infinito o selva subtropical, lo que importa es el extenuante silencio, la hambrienta soledad. Un muerto que escribe: «Perdóname», ¿te conté, ya que mi teoría es que hermano y hermana quedaron atrás, en el lugar donde todo está seco? Una estampita de San Cosme y San Damián, como la canción de Enrique Bunbury.. Escribir un cuento en el que siempre se acumulan lugares que quedan atrás, lugares a los que se podría haber llegado antes, lugares que ahora son, definitivamente, imposibles.. «El muerto sigue tan presente como cuando estaba vivo». Cruzarme con ellos mismos, no muertos, sería demasiado vulgar: pensemos, más bien, en almas desplazadas, campos magnéticos, un bar donde el buen camarero le sirve una copa a Seducevioleta, un antiguo personaje que ha envejecido mucho peor de lo que hubiera esperado. En España, los años que rodearon mi nacimiento fueron tiempos de viajes en el tiempo y en el espacio, siempre con nieblas súbitas, desplazamientos súbitos, más leyenda que realidad. Oscura la rotonda, parece que me has leído, los ufólogos dicen que el ojo humano no alcanza a percibir ese otro universo que sucede en sincronía con este.. Llegamos, Hotel Tianqì (24h OPEN). La luz, destino incierto, bambú, todo con un rollo oriental ligeramente trucho, la sed, los nenúfares, la humedad en simbiosis con el sexo, el líquido con los alcoholes tristemente tibios. Como el agua encharcada. Minor es sueco, bajo la lluvia, que se mezcla con los licores exóticos en vez de dejar su lugar al whisky. «Se aburre de sí mismo», «Soy de Saturno». El goteo del techo es como si el agua de lluvia fuera de dentro hacia fuera. Activar un río en el interior del Tianqì. Abismo, agua, inquieta, río en el interior de Tianqì. El monstruo de la laguna de Pescado Rabioso. Gotero del techo, ¿llueve y llanto? «El tanque era el estómago del cosmos, el muerto quería ser astronauta».. Acumulativo, repite, en la literatura, literatura de gota a gota, golpea una y otra vez, como la lluvia, es narrativa de tormenta, leve pero insistente: «Mismo olor que el gato del muerto, un bucle de destino». Siria, Chi, hermano, hermana. Antes de que el espacio me chupe, me lance, me ahoga, dice Minor. «Fuman como si se besaran». De la nada, todo el tiempo, se ha detenido, consecuentemente, consecuencia, una y otra vez. Hermana y hermano. Incesto. Disfraces, juegos, sexo. Siglos sin cuerpo, cuando llegamos, en la página 76 a lo líquido. La provisión de agua fría y agua caliente:«Su novia atrae a las luces/es mi hermana». Universos menores, el mcguffin: «A la hermana le parece que el gato fue robado o se perdió en la estación de servicio fue porque el muerto así lo quiso». Hermano y hermana, triángulo. Confusión constante entre muerte y sexo.. Agua y luces. Vértigo de familia. Página 82. La lluvia, una condena, UV de emergencia. Sangre, ducha, caída: «Cuatro horas desde Estación saturno y el patetismo no ha quedado atrás, sino que avanza». Calmantes, pastillas, lámpara, luz negra, UV, linterna y luz azul. Siria y Sirio, en paralelo, una es una estrella blanca, la otra una enana blanca. Luz prendida, baño vacío, el suelo mojado: «Después de la vigilia, nos juntamos abajo, justo en el subsuelo, agua a 40ºC, un manantial cálido». El agua oscura parece colarse bajo el cuerpo, borramos los límites entre lo real, ya me bañé: jabón, humedad en los sectores bajos, Minor se seca el sudor. ¿Alguna vez has probado la sumisión? Resultó ser una provinciana. Teléfono, mama, el fin de la segunda parte, se acerca, de la paranoia al terror.. En la tercera parte, la emanación del tiempo. Un desborde. La primera llamada. Madre e hija. Avisa de lo que puede estar sucediendo. ¿Dónde estáis? Seguimos en la ruta. Un rato frente a una semana. ¿Qué sucede? No vuelvan a Saturno. De Saturno al hotel. El hotel, una laguna desbordada y un campo inundado. Se mezclaron las aguas: qué alegría que volvió/no seas necia nena: sigue muerto, ¿qué es, un hermano o un gato?. «¿Cuánto hace que llegamos? A qué». Desfase entre el tiempo y la realidad: Saturno es un umbral. ¿Qué fue de la teñida, del gato? «El vacío es solo una apariencia». Si la madre vive en el futuro y ella en el presente, el muerto estaría vivo en el pasado. Pero dónde: «Es el tiempo un lugar». Buena pregunta.. Poner el universo aguado, ¿Está Saturno dentro o fuera? ¿Detrás o delante? Igual solo 1977. Saturno y el proceso. Segunda llamada, no estamos en Saturno. Otra vez, ahora él, su hermano. Media hora o un mes. La medicación de una madre. Un hospital. El agua que se lleva, otra vez el agua, primero a un hermano, luego a otro. ¿Qué sucede? Es un libro acuático, terrible, ahoga. Se acumulan deudas extrañas que alteran todo el libro. ¿Puede ser que acá controlen la lluvia? Detesto el agua. Pero, debajo del agua el agua no existe. Ni dentro: «El océano es una réplica del más allá».. Quién se queda, quién se marcha. Es una victoria o es un final. «Penachos de agua en lugar de árboles». Necesito salir. Tienes que pagar. Ella escapa. Préstamos. Billetes falsos: australes, patacones, paridad entre el dólar y la moneda del hotel. ¿Novela circular? Más bien, tiempo circular, una historia de una hermana que va perdiendo hermanos, pero se preocupa de un gato. El sexo. «Usted sería su Vía Láctea». Una víctima, imprevista, en el fondo de la laguna. El sol es violento y el lector acaba intuyendo que la escena, el libro, es un pasado bajo el agua, donde la voz no se escucha. Futuro y pasado, vida y muerte.
En la semana de la muerte de Erich von Däniken, escucho Fabio Zerpa tiene razón de Andrés Calamaro. Llegó, llegaron, hasta lugares alejados. Estación Saturno de Fernanda García Lao, editado por Candaya. Una novela acuática, de dislocación de los principios euclídeos, tiempo y espacio, muertos y vivos.. La última gasolinera antes del final de la civilización. De nombre, punto de no retorno. Los cuentos de Macedonio. No lo olvido. El piano de Macedonio. Suena de fondo en la estación del ferrocarril, de Saturno. 1977. Un año para que nazca. Uno año desde el comienzo del proceso. Guaminí, en la provincia de Buenos Aires, no es ni conurbano, tan lejos que se extiende el duelo por millones de kilómetros. La ruta solitaria. Rutas argentinas. Como la canción de Almendra. Hombre, mujer y gato. Hermano, hermana y muerto. Dos adictos, al sexo y al trago. No hay necesidad de buscar más. El dueño del gato es el hermano muerto de los dos. ¿Es un triángulo o un rectángulo? Nafta, cigarrillos, baño para chicas. La lluvia. El agua, en todas sus formas, estadios y presencia. El agua nos invade. El agua protagoniza Estación Saturno, desde el cielo, desde el subsuelo, encharcada. Los hermanos sueñan con Charles Beaumont.. Todos son extraños. Asumen lugares y posiciones que no les corresponden: «Un muerto es para toda la vida». ¿Quién robó el gato? ¿Es el gato un McGuffin? ¿Y si fueron los hermanos los que desaparecieron, dejando atrás al animal? En la Argentina de los ochenta, pasando por la televisión capítulos en bucle de la Dimensión desconocida aka En los límites de la realidad aka The Twilight Zone. Primero te lo dirá Rodrigo Fresán, después Mariana Enríquez o Luciano Lamberti. La última Silvana Vogt. Todos se alejan de Buenos Aires, del terror y la ciencia ficción porteña. Al interior. Donde la humedad se acumula, donde el paganismo triunfa. Aunque sea en forma de un gatito dorado. Moviendo su bracito. En coquetos estadios cuánticos las vidas se desperdigan, entre la gasolina y el hotel, entre el 24/7 y el «lleva tiempo cerrado» existen infinitos estados intermedios.. RecorteOctavio Gómez. Las listas y los personajes, manuscritos, funcionariales, de Franz Kafka y Samuel Beckett, cada uno de los jardines que se bifurcan son potenciales ramales de la gran autopista del sur, cada estación de servicio, motel de paso, el ritual del terror argentino que escapa de la capital hacia el interior, da igual si es desierto árido, hielo infinito o selva subtropical, lo que importa es el extenuante silencio, la hambrienta soledad. Un muerto que escribe: «Perdóname», ¿te conté, ya que mi teoría es que hermano y hermana quedaron atrás, en el lugar donde todo está seco? Una estampita de San Cosme y San Damián, como la canción de Enrique Bunbury.. Escribir un cuento en el que siempre se acumulan lugares que quedan atrás, lugares a los que se podría haber llegado antes, lugares que ahora son, definitivamente, imposibles.. RecorteOctavio Gómez. «El muerto sigue tan presente como cuando estaba vivo». Cruzarme con ellos mismos, no muertos, sería demasiado vulgar: pensemos, más bien, en almas desplazadas, campos magnéticos, un bar donde el buen camarero le sirve una copa a Seducevioleta, un antiguo personaje que ha envejecido mucho peor de lo que hubiera esperado. En España, los años que rodearon mi nacimiento fueron tiempos de viajes en el tiempo y en el espacio, siempre con nieblas súbitas, desplazamientos súbitos, más leyenda que realidad. Oscura la rotonda, parece que me has leído, los ufólogos dicen que el ojo humano no alcanza a percibir ese otro universo que sucede en sincronía con este.. Llegamos, Hotel Tianqì (24h OPEN). La luz, destino incierto, bambú, todo con un rollo oriental ligeramente trucho, la sed, los nenúfares, la humedad en simbiosis con el sexo, el líquido con los alcoholes tristemente tibios. Como el agua encharcada. Minor es sueco, bajo la lluvia, que se mezcla con los licores exóticos en vez de dejar su lugar al whisky. «Se aburre de sí mismo», «Soy de Saturno». El goteo del techo es como si el agua de lluvia fuera de dentro hacia fuera. Activar un río en el interior del Tianqì. Abismo, agua, inquieta, río en el interior de Tianqì. El monstruo de la laguna de Pescado Rabioso. Gotero del techo, ¿llueve y llanto? «El tanque era el estómago del cosmos, el muerto quería ser astronauta».. Acumulativo, repite, en la literatura, literatura de gota a gota, golpea una y otra vez, como la lluvia, es narrativa de tormenta, leve pero insistente: «Mismo olor que el gato del muerto, un bucle de destino». Siria, Chi, hermano, hermana. Antes de que el espacio me chupe, me lance, me ahoga, dice Minor. «Fuman como si se besaran». De la nada, todo el tiempo, se ha detenido, consecuentemente, consecuencia, una y otra vez. Hermana y hermano. Incesto. Disfraces, juegos, sexo. Siglos sin cuerpo, cuando llegamos, en la página 76 a lo líquido. La provisión de agua fría y agua caliente:«Su novia atrae a las luces/es mi hermana». Universos menores, el mcguffin: «A la hermana le parece que el gato fue robado o se perdió en la estación de servicio fue porque el muerto así lo quiso». Hermano y hermana, triángulo. Confusión constante entre muerte y sexo.. RecorteOctavio Gómez. Agua y luces. Vértigo de familia. Página 82. La lluvia, una condena, UV de emergencia. Sangre, ducha, caída: «Cuatro horas desde Estación saturno y el patetismo no ha quedado atrás, sino que avanza». Calmantes, pastillas, lámpara, luz negra, UV, linterna y luz azul. Siria y Sirio, en paralelo, una es una estrella blanca, la otra una enana blanca. Luz prendida, baño vacío, el suelo mojado: «Después de la vigilia, nos juntamos abajo, justo en el subsuelo, agua a 40ºC, un manantial cálido». El agua oscura parece colarse bajo el cuerpo, borramos los límites entre lo real, ya me bañé: jabón, humedad en los sectores bajos, Minor se seca el sudor. ¿Alguna vez has probado la sumisión? Resultó ser una provinciana. Teléfono, mama, el fin de la segunda parte, se acerca, de la paranoia al terror.. RecorteOctavio Gómez. En la tercera parte, la emanación del tiempo. Un desborde. La primera llamada. Madre e hija. Avisa de lo que puede estar sucediendo. ¿Dónde estáis? Seguimos en la ruta. Un rato frente a una semana. ¿Qué sucede? No vuelvan a Saturno. De Saturno al hotel. El hotel, una laguna desbordada y un campo inundado. Se mezclaron las aguas: qué alegría que volvió/no seas necia nena: sigue muerto, ¿qué es, un hermano o un gato?. «¿Cuánto hace que llegamos? A qué». Desfase entre el tiempo y la realidad: Saturno es un umbral. ¿Qué fue de la teñida, del gato? «El vacío es solo una apariencia». Si la madre vive en el futuro y ella en el presente, el muerto estaría vivo en el pasado. Pero dónde: «Es el tiempo un lugar». Buena pregunta.. RecorteOctavio Gómez. Poner el universo aguado, ¿Está Saturno dentro o fuera? ¿Detrás o delante? Igual solo 1977. Saturno y el proceso. Segunda llamada, no estamos en Saturno. Otra vez, ahora él, su hermano. Media hora o un mes. La medicación de una madre. Un hospital. El agua que se lleva, otra vez el agua, primero a un hermano, luego a otro. ¿Qué sucede? Es un libro acuático, terrible, ahoga. Se acumulan deudas extrañas que alteran todo el libro. ¿Puede ser que acá controlen la lluvia? Detesto el agua. Pero, debajo del agua el agua no existe. Ni dentro: «El océano es una réplica del más allá».. portadaOctavio Gómez. Quién se queda, quién se marcha. Es una victoria o es un final. «Penachos de agua en lugar de árboles». Necesito salir. Tienes que pagar. Ella escapa. Préstamos. Billetes falsos: australes, patacones, paridad entre el dólar y la moneda del hotel. ¿Novela circular? Más bien, tiempo circular, una historia de una hermana que va perdiendo hermanos, pero se preocupa de un gato. El sexo. «Usted sería su Vía Láctea». Una víctima, imprevista, en el fondo de la laguna. El sol es violento y el lector acaba intuyendo que la escena, el libro, es un pasado bajo el agua, donde la voz no se escucha. Futuro y pasado, vida y muerte.
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