20MINUTOS.ES – Televisión
Lady Gaga ha sido madre. Por sorpresa, dicen. Tal vez porque no lo ha retransmitido por sus redes sociales. Y eso causa dolor a unos fans que quieren sentirse amigos del artista. No solo unos simples followers. Así que ha empezado la especulación: si no la hemos visto embarazada, será un bebé adquirido por gestación subrogada. Aunque todavía no haya explicado a nadie nada, los mercaderes de la cancelación pública ya han empezado a embadurnar el debate con su gasolina. Para que todo arda. «¡Cómo ha recurrido a un vientre de alquiler!», exclaman indignados. «No escucharemos más su música», añaden.. El cariño que cuesta años alcanzar con el talento, se desparrama en un segundo en una sociedad en la que los matices no valen demasiado. La abreviatura de la viralidad nos excita el narcisismo de sentirnos superiores pidiendo a los artistas una extraordinaria ejemplaridad que, inevitablemente, termina siendo un efecto boomerang hacia el desencanto. Porque los actores, cantantes y escritores siempre harán algo que decepcione la magnitud de nuestras expectativas. Sea un acto reprobable o sea meramente una conjetura repetida por el karaoke del cuchicheo que termina disfrazando de verdad una mentira.. Antes no sabíamos cada decisión de los artistas y los imaginábamos a nuestra medida. Ahora, la excitación del diseño de las redes sociales nos invita constantemente a la civilización del tiro al plato. Aupamos a los cantantes que nos permitieron soñar para, al rato, dispararlos. Es la contraindicación que esconde el error de sacralizar a las personalidades de la cultura. Sempiternamente, son obligadas a una rectitud perversa. Hasta cuando ni siquiera han verbalizado nada.. Resultado: parece que las celebrities deben compartir todas sus decisiones en redes o la gente lo hará directamente por ellas. Dando rienda suelta a la conspiración. Incluso pensando que un silencio es un apoyo al mal. Cuando los silencios suelen ser más responsables que cualquier opinión lanzada al aire. Sin embargo, requerimos a los artistas que actúen con una rectitud de líderes del orden mundial. De hecho, a menudo, se les exige más integridad que a los líderes del orden mundial. Será que con los políticos ya hemos claudicado. Y nos agarramos desesperados a las estrellas de la cultura que nos despertaron la capacidad de admirar. Necesitamos seguir creyendo en su pureza. Son la fantasía idílica que nos queda. Aunque sean tan imperfectos como nosotros.
Lady Gaga ha sido madre. Por sorpresa, dicen. Tal vez porque no lo ha retransmitido por sus redes sociales. Y eso causa dolor a unos fans que quieren sentirse amigos del artista. No solo unos simples followers. Así que ha empezado la especulación: si no la hemos visto embarazada, será un bebé adquirido por gestación subrogada. Aunque todavía no haya explicado a nadie nada, los mercaderes de la cancelación pública ya han empezado a embadurnar el debate con su gasolina. Para que todo arda. «¡Cómo ha recurrido a un vientre de alquiler!», exclaman indignados. «No escucharemos más su música», añaden.. El cariño que cuesta años alcanzar con el talento, se desparrama en un segundo en una sociedad en la que los matices no valen demasiado.La abreviatura de la viralidad nos excita el narcisismo de sentirnos superiorespidiendo a los artistas una extraordinaria ejemplaridad que, inevitablemente, termina siendo un efecto boomerang hacia el desencanto. Porque los actores, cantantes y escritores siempre harán algo que decepcione la magnitud de nuestras expectativas. Sea un acto reprobable o sea meramente una conjetura repetida por el karaoke del cuchicheo que termina disfrazando de verdad una mentira.. Antes no sabíamos cada decisión de los artistas y los imaginábamos a nuestra medida. Ahora, la excitación del diseño de las redes sociales nos invita constantemente a la civilización del tiro al plato. Aupamos a los cantantes que nos permitieron soñar para, al rato, dispararlos. Es la contraindicación que esconde el error de sacralizar a las personalidades de la cultura. Sempiternamente, son obligadas a una rectitud perversa.Hasta cuando ni siquiera han verbalizado nada.. Resultado: parece que las celebrities deben compartir todas sus decisiones en redes o la gente lo hará directamente por ellas. Dando rienda suelta a la conspiración. Incluso pensando que un silencio es un apoyo al mal. Cuando los silencios suelen ser más responsables que cualquier opinión lanzada al aire. Sin embargo, requerimos a los artistas que actúen con una rectitud de líderes del orden mundial. De hecho, a menudo, se les exige más integridad que a los líderes del orden mundial. Será que con los políticos ya hemos claudicado. Y nos agarramos desesperados a las estrellas de la cultura que nos despertaron la capacidad de admirar. Necesitamos seguir creyendo en su pureza. Son la fantasía idílica que nos queda. Aunque sean tan imperfectos como nosotros.
