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  Ciencia  La neurociencia logra activar mecanismos de regeneración del tejido nervioso tras una lesión medular SERVIMEDIA
Ciencia

La neurociencia logra activar mecanismos de regeneración del tejido nervioso tras una lesión medular SERVIMEDIA

27 de abril de 2026

La investigación en lesiones medulares ha dado pasos muy relevantes este año al demostrar que el sistema nervioso conserva mecanismos latentes que pueden activarse para favorecer la reparación del tejido dañado. Nuevos estudios muestran que es posible estimular procesos de neuroregeneración y, en el plano fisioterapéutico, este lunes el CSIC comunicó que «ha conseguido mejorar la recuperación combinando espumas de grafeno con ejercicio».. Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha logrado mejorar la recuperación en modelos animales con lesión medular. El estudio, liderado por investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM‑CSIC) en colaboración con el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, se publicó en la revista científica ‘Biomaterials’ y supone una nueva aportación española en la búsqueda de terapias para lesiones de la médula.. El equipo «ha querido ir un paso más allá» y estudió el efecto de estas espumas (llamadas ‘scaffolds’) en ratas con hemisección (corte incompleto de la médula) en la zona cervical, la zona más comúnmente afectada en humanos. Demostraron que «la combinación del entrenamiento motor con implantes de espumas tridimensionales de óxido de grafeno favorece la regeneración del tejido nervioso». Estas espumas «se insertan en la zona dañada de la médula espinal y permiten el crecimiento de nuevas conexiones neuronales entre las partes seccionadas, potenciando así los efectos de la rehabilitación física», según el ICMM.. «Todo lo que tiene que ver con marcadores de inflamación en la zona de lesión está mejor», explicó la investigadora de este centro y líder del trabajo, Conchi Serrano, quien añadió que esta reducción de la inflamación «es progresiva, lo que también es positivo» para los procesos de regeneración. Además, se mostró convencida «del potencial de este tipo de terapia de rehabilitación regenerativa, un nuevo campo de investigación que une lo mejor de la rehabilitación propiamente dicha (el ejercicio) con los resultados que dan las terapias de ingeniería regenerativa».. El tratamiento también permitió aumentar el número de vasos sanguíneos en la zona lesionada, «lo que facilitó la llegada de sangre y nutrientes y favoreció la recuperación del tejido». Serrano subrayó que también «se confirmaron mejoras en las propiedades musculares y en la capacidad de las fibras para producir energía».. Otros estudios internacionales mostraron en 2026 que los organoides de médula espinal «permiten simular lesiones reales» y evaluar cómo responde el tejido a distintos tratamientos, lo que abrió una nueva fase en el desarrollo de terapias frente a las parálisis.. Organoides con médula espinal. El trabajo de la Northwestern University de Chicago (EEUU) publicado en la revista ‘Nature Biomedical Engineering’ y liderado por el doctor Nozomu Takata, del Center for Regenerative Nanomedicine, describe la creación de organoides de médula espinal (pequeñas estructuras celulares que imitan órganos humanos creadas a partir de células humanas) que reproducen con «gran precisión procesos clave tras una lesión medular, como la muerte celular, la inflamación y la formación de cicatrices que impiden la regeneración». Estos organoides permiten «reproducir el daño y ensayar terapias en condiciones cercanas al tejido real».. El trabajo describe cómo estos «mini cordones espinales» pueden ser dañados deliberadamente en laboratorio para imitar lo que ocurre en una lesión medular, incluyendo muerte celular y formación de cicatrices que bloquean la regeneración. A partir de ahí, los investigadores aplicaron tratamientos experimentales y probaron una terapia basada en «moléculas dinámicas capaces de estimular el crecimiento de nuevas conexiones neuronales».. Los resultados mostraron una regeneración significativa de las neuritas (las prolongaciones de las neuronas) y una reducción de la cicatriz glial, «uno de los principales obstáculos para recuperar la función motora». Al aplicar la terapia, observaron una menor inflamación, una reducción del tejido cicatricial y una mayor regeneración de las conexiones nerviosas.. Los modelos de médula espinal humana desarrollados en este estudio «podrían acelerar el descubrimiento de terapias para tratar las lesiones medulares y, posiblemente, los daños en otros tejidos del sistema nervioso central causados por traumatismos o enfermedades», concluye el informe.. Células medulares con memoria. Otro estudio presentado recientemente en ‘Nature Neuroscience’ por el Laboratory of Molecular Neurobiology del Karolinska Institutet de Estocolmo (Suecia) aportó otra clave para la regeneración tras una lesión medular: demostró que algunas células del sistema nervioso adulto conservan una especie de «memoria» de desarrollo». Es decir, ciertos genes importantes en etapas tempranas (como los HOX) «permanecen inactivos, pero listos para activarse». Esto es relevante porque, tras una lesión, el principal problema es que el tejido nervioso pierde su capacidad de regenerarse de forma espontánea.. El estudio analizó cómo se organiza y regula el ADN en células del sistema nervioso humano (como las del córtex, el cerebelo o la médula espinal) para entender mejor cómo funcionan. Los investigadores estudiaron la cromatina, es decir, cómo se «empaqueta» el ADN y qué partes están accesibles o activas en cada momento. Esto es clave porque determina «qué genes pueden activarse» y cuáles permanecen «apagados».. Si estos genes «preparados» se activan de manera controlada, podrían ayudar a que las células recuperen comportamientos propios del desarrollo, como la capacidad de crecer, reorganizarse y volver a establecer conexiones. Esto podría traducirse en favorecer la regeneración de axones (las prolongaciones de las neuronas) y mejorar procesos clave como la remielinización, necesaria para que los impulsos nerviosos vuelvan a transmitirse correctamente.. Activar los propios mecanismos del cuerpo. En lugar de intentar regenerar el tejido desde fuera, esta estrategia pasa por activar los mecanismos que el propio organismo ya tiene, pero que permanecen inactivos. Este hallazgo abre la puerta a tratamientos basados en fármacos, estimulación genética o incluso combinaciones con biomateriales, que ayuden a “despertar” esos programas latentes en el momento adecuado.. Sin embargo, este mismo mecanismo también tiene un lado negativo. Si esos genes «se activan de forma descontrolada, pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como ciertos tumores». Por eso, los investigadores creen que esta especie de “memoria” del desarrollo (que mantiene a los genes en espera) es «una espada de doble filo: puede ayudar a regenerar, pero también aumentar el riesgo de problemas».

  

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La investigación en lesiones medulares ha dado pasos muy relevantes este año al demostrar que el sistema nervioso conserva mecanismos latentes que pueden activarse para favorecer la reparación del tejido dañado. Nuevos estudios muestran que es posible estimular procesos de neuroregeneración y, en el plano fisioterapéutico, este lunes el CSIC comunicó que «ha conseguido mejorar la recuperación combinando espumas de grafeno con ejercicio».

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha logrado mejorar la recuperación en modelos animales con lesión medular. El estudio, liderado por investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM‑CSIC) en colaboración con el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, se publicó en la revista científica ‘Biomaterials‘ y supone una nueva aportación española en la búsqueda de terapias para lesiones de la médula.

El equipo «ha querido ir un paso más allá» y estudió el efecto de estas espumas (llamadas ‘scaffolds’) en ratas con hemisección (corte incompleto de la médula) en la zona cervical, la zona más comúnmente afectada en humanos. Demostraron que «la combinación del entrenamiento motor con implantes de espumas tridimensionales de óxido de grafeno favorece la regeneración del tejido nervioso». Estas espumas «se insertan en la zona dañada de la médula espinal y permiten el crecimiento de nuevas conexiones neuronales entre las partes seccionadas, potenciando así los efectos de la rehabilitación física», según el ICMM.

«Todo lo que tiene que ver con marcadores de inflamación en la zona de lesión está mejor», explicó la investigadora de este centro y líder del trabajo, Conchi Serrano, quien añadió que esta reducción de la inflamación «es progresiva, lo que también es positivo» para los procesos de regeneración. Además, se mostró convencida «del potencial de este tipo de terapia de rehabilitación regenerativa, un nuevo campo de investigación que une lo mejor de la rehabilitación propiamente dicha (el ejercicio) con los resultados que dan las terapias de ingeniería regenerativa».

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El tratamiento también permitió aumentar el número de vasos sanguíneos en la zona lesionada, «lo que facilitó la llegada de sangre y nutrientes y favoreció la recuperación del tejido«. Serrano subrayó que también «se confirmaron mejoras en las propiedades musculares y en la capacidad de las fibras para producir energía».

Otros estudios internacionales mostraron en 2026 que los organoides de médula espinal «permiten simular lesiones reales» y evaluar cómo responde el tejido a distintos tratamientos, lo que abrió una nueva fase en el desarrollo de terapias frente a las parálisis.

Organoides con médula espinal

El trabajo de la Northwestern University de Chicago (EEUU) publicado en la revista ‘Nature Biomedical Engineering‘ y liderado por el doctor Nozomu Takata, del Center for Regenerative Nanomedicine, describe la creación de organoides de médula espinal (pequeñas estructuras celulares que imitan órganos humanos creadas a partir de células humanas) que reproducen con «gran precisión procesos clave tras una lesión medular, como la muerte celular, la inflamación y la formación de cicatrices que impiden la regeneración«. Estos organoides permiten «reproducir el daño y ensayar terapias en condiciones cercanas al tejido real».

El trabajo describe cómo estos «mini cordones espinales» pueden ser dañados deliberadamente en laboratorio para imitar lo que ocurre en una lesión medular, incluyendo muerte celular y formación de cicatrices que bloquean la regeneración. A partir de ahí, los investigadores aplicaron tratamientos experimentales y probaron una terapia basada en «moléculas dinámicas capaces de estimular el crecimiento de nuevas conexiones neuronales».

Los resultados mostraron una regeneración significativa de las neuritas (las prolongaciones de las neuronas) y una reducción de la cicatriz glial, «uno de los principales obstáculos para recuperar la función motora». Al aplicar la terapia, observaron una menor inflamación, una reducción del tejido cicatricial y una mayor regeneración de las conexiones nerviosas.

Los modelos de médula espinal humana desarrollados en este estudio «podrían acelerar el descubrimiento de terapias para tratar las lesiones medulares y, posiblemente, los daños en otros tejidos del sistema nervioso central causados por traumatismos o enfermedades», concluye el informe.

Células medulares con memoria

Otro estudio presentado recientemente en ‘Nature Neuroscience‘ por el Laboratory of Molecular Neurobiology del Karolinska Institutet de Estocolmo (Suecia) aportó otra clave para la regeneración tras una lesión medular: demostró que algunas células del sistema nervioso adulto conservan una especie de «memoria» de desarrollo». Es decir, ciertos genes importantes en etapas tempranas (como los HOX) «permanecen inactivos, pero listos para activarse». Esto es relevante porque, tras una lesión, el principal problema es que el tejido nervioso pierde su capacidad de regenerarse de forma espontánea.

El estudio analizó cómo se organiza y regula el ADN en células del sistema nervioso humano (como las del córtex, el cerebelo o la médula espinal) para entender mejor cómo funcionan. Los investigadores estudiaron la cromatina, es decir, cómo se «empaqueta» el ADN y qué partes están accesibles o activas en cada momento. Esto es clave porque determina «qué genes pueden activarse» y cuáles permanecen «apagados».

Si estos genes «preparados» se activan de manera controlada, podrían ayudar a que las células recuperen comportamientos propios del desarrollo, como la capacidad de crecer, reorganizarse y volver a establecer conexiones. Esto podría traducirse en favorecer la regeneración de axones (las prolongaciones de las neuronas) y mejorar procesos clave como la remielinización, necesaria para que los impulsos nerviosos vuelvan a transmitirse correctamente.

Activar los propios mecanismos del cuerpo

En lugar de intentar regenerar el tejido desde fuera, esta estrategia pasa por activar los mecanismos que el propio organismo ya tiene, pero que permanecen inactivos. Este hallazgo abre la puerta a tratamientos basados en fármacos, estimulación genética o incluso combinaciones con biomateriales, que ayuden a “despertar” esos programas latentes en el momento adecuado.

Sin embargo, este mismo mecanismo también tiene un lado negativo. Si esos genes «se activan de forma descontrolada, pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como ciertos tumores». Por eso, los investigadores creen que esta especie de “memoria” del desarrollo (que mantiene a los genes en espera) es «una espada de doble filo: puede ayudar a regenerar, pero también aumentar el riesgo de problemas».

 

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