Julio de la Rosa es uno de los grandes compositores de nuestro tiempo. Definió el post punk sureño llevando a Luzbel ante el altar de los Niños Mutantes y ellos respondieron con respeto. Pop y spoken word, ambientes y melodía. Es un experimento andante que ha sabido evolucionar con la edad, con la generación de especies, el amor distinto, la intoxicación natural. Veníamos de una obra magna, solo para paladares afines y ahora, con Las Malas hierbas, editado por Ernie Records, con uno LP que se coloca a la altura de obras cumbres como Las Leyes Del Equilibrio o La Herida Universal.. Mala hierba con ese arte para doblar las voces, chocando entre él y su cabeza, habitante nutricio y esquizoide. Aguijón y amores delirantes. La percusión que no sabes muy bien de dónde ha salido, los coros que se construyen, fractales, hasta hacerse dueños de toda la melodía. Bellísima. Silbidos del alquitrán, grabaciones de la calle, El no por delante, el Julio que masticaba la calle y que hizo de su fraseo un elemento canónico. Ahí está, otra vez, con sus vicios y sus costumbres, donde uno no sabe quién es el niño y el adulto. Se nos puso dura la aguja del tocadiscos. Qué hambre traes retrasada, eh, chaval. Lo que cuentas ya lo hemos vivido Jul y yo desde que reinaban Algora y Mugre. El folk, el sueño, susurro, ahora no me has hacer cambiar de opinión, ya te lo digo, escucho Felonía y vuelvo a tiempo de ajenjo y tardes de domingo entre fantasmas y vino con sabor a corcho. Mira cómo los acordes de las máquinas suenan como si te estuviera abrazando un enano minimal con el mejor silbido de la calle Pez. Elevamos el tono con órganos que son burbujas, con sintetizadores que fluyen como las uñas sobre una pizarra, en tiempo de Pamema. No es un reto, ya lo dice Julio, más bien quiero churro y quinto, un perro sacado de los suburbios de Málaga (no confundir con Detroit), solo con escuchar eso de: «Ahora sientes algo, te doy la enhorabuena», sabes que has vuelto al lugar del que nunca te quisiste ir.. Como la cola del baño, la barra del Mar de Dios, el hotel Chelsea. Vale, ahora, Perorata, beat, John Giorno y Picore, ya sabes de lo que hablo, el mosquito que volaba en Portugal.. Y vuelve la melodía en el estribillo, como si Julio quisiera demostrar que puede pasar del recitado al lujo, con un cierto aire psicotropical. Con lo puesto y un emulador, una guitarra, tabaco de liar. Un instante, los diez años foca en el circo, ahora jaguar domesticado y, de nuevo, esa manera de programar los ritmos, de colocar voces sobre voces, empaste y palabras de miel y tierra, así suena La silla de las fieras. Ahora sí, no lo niegues, todavía haya algo de ácido y tropicalismo, de marca acme, gasolina y pólvora, Temporada de perdices, el viejo Julio vuelve, se ha comprado todas las armas de la juguetería, trae a su prole armada. Me encanta volver y sentir que no estoy haciendo el ridículo en mitad de la plaza, bailando las canciones de De La Rosa con Román, enseñándole que lo que se esconde en las esquinas oscuras de la ciudad no tiene que ser malo. La lata, sí, claro, una palabra encima de otra, como si abrieran las luces de la tarde y se hiciera de noche, como El Pescadilla en el bingo, soñando que el cubata de larios se le ha llenado de lágrimas y hielo derretido. Y ahora con Helena Goch, cantando Teruel, el comienzo de todo, en el lugar más perdido del mundo, donde no hay más que ángeles e instantes sostenidos en una plaza. Un bar o una ciudad. Un cerezo. No es lo más importante. Es Julio el parapeto contra la mediocridad. Se toma su tiempo, nos regala canciones, pop, sensaciones semánticas. Nos acercamos al final, Margaritas a los cerdos, y no uso referentes, porque Julio de la Rosa es canon en sí mismo. Uso guiños y espero. Venga, John Cale, por usar un tipo dotado de su propio campo magnético. Como el piano, el instante detenido en el tiempo, así, sencillo. Y, con el indicador por lo bajo, un zumbido, una batería afónica, Monigotes, no sé cuánto podremos meter aquí antes de que todo se hunda y tengamos que salir huyendo. Uno de los discos del año.
DIRECTO. Sumar recalca que la imputación de Zapatero no afectará al acuerdo de Gobierno. crimen. Detenido por matar a puñaladas a su expareja en plena calle en Figueres. PORTADAGuillermo Arias. WhatsApp. Facebook. Linkedin. Telegram. Beloud. Copiar URL. El retorno a la canción pop de Julio de la Rosa.. El apego de Julio de la Rosa (Ernie Records, 2021). Julio de la Rosa es uno de los grandes compositores de nuestro tiempo. Definió el post punk sureño llevando a Luzbel ante el altar de los Niños Mutantes y ellos respondieron con respeto. Pop y spoken word, ambientes y melodía. Es un experimento andante que ha sabido evolucionar con la edad, con la generación de especies, el amor distinto, la intoxicación natural. Veníamos de una obra magna, solo para paladares afines y ahora, con Las Malas hierbas, editado por Ernie Records, con uno LP que se coloca a la altura de obras cumbres como Las Leyes Del Equilibrio o La Herida Universal.. PORTADAGuillermo Arias. Mala hierba con ese arte para doblar las voces, chocando entre él y su cabeza, habitante nutricio y esquizoide. Aguijón y amores delirantes. La percusión que no sabes muy bien de dónde ha salido, los coros que se construyen, fractales, hasta hacerse dueños de toda la melodía. Bellísima. Silbidos del alquitrán, grabaciones de la calle, El no por delante, el Julio que masticaba la calle y que hizo de su fraseo un elemento canónico. Ahí está, otra vez, con sus vicios y sus costumbres, donde uno no sabe quién es el niño y el adulto. Se nos puso dura la aguja del tocadiscos. Qué hambre traes retrasada, eh, chaval. Lo que cuentas ya lo hemos vivido Jul y yo desde que reinaban Algora y Mugre. El folk, el sueño, susurro, ahora no me has hacer cambiar de opinión, ya te lo digo, escucho Felonía y vuelvo a tiempo de ajenjo y tardes de domingo entre fantasmas y vino con sabor a corcho. Mira cómo los acordes de las máquinas suenan como si te estuviera abrazando un enano minimal con el mejor silbido de la calle Pez. Elevamos el tono con órganos que son burbujas, con sintetizadores que fluyen como las uñas sobre una pizarra, en tiempo de Pamema. No es un reto, ya lo dice Julio, más bien quiero churro y quinto, un perro sacado de los suburbios de Málaga (no confundir con Detroit), solo con escuchar eso de: «Ahora sientes algo, te doy la enhorabuena», sabes que has vuelto al lugar del que nunca te quisiste ir.. Como la cola del baño, la barra del Mar de Dios, el hotel Chelsea. Vale, ahora, Perorata, beat, John Giorno y Picore, ya sabes de lo que hablo, el mosquito que volaba en Portugal.. Y vuelve la melodía en el estribillo, como si Julio quisiera demostrar que puede pasar del recitado al lujo, con un cierto aire psicotropical. Con lo puesto y un emulador, una guitarra, tabaco de liar. Un instante, los diez años foca en el circo, ahora jaguar domesticado y, de nuevo, esa manera de programar los ritmos, de colocar voces sobre voces, empaste y palabras de miel y tierra, así suena La silla de las fieras. Ahora sí, no lo niegues, todavía haya algo de ácido y tropicalismo, de marca acme, gasolina y pólvora, Temporada de perdices, el viejo Julio vuelve, se ha comprado todas las armas de la juguetería, trae a su prole armada. Me encanta volver y sentir que no estoy haciendo el ridículo en mitad de la plaza, bailando las canciones de De La Rosa con Román, enseñándole que lo que se esconde en las esquinas oscuras de la ciudad no tiene que ser malo. La lata, sí, claro, una palabra encima de otra, como si abrieran las luces de la tarde y se hiciera de noche, como El Pescadilla en el bingo, soñando que el cubata de larios se le ha llenado de lágrimas y hielo derretido. Y ahora con Helena Goch, cantando Teruel, el comienzo de todo, en el lugar más perdido del mundo, donde no hay más que ángeles e instantes sostenidos en una plaza. Un bar o una ciudad. Un cerezo. No es lo más importante. Es Julio el parapeto contra la mediocridad. Se toma su tiempo, nos regala canciones, pop, sensaciones semánticas. Nos acercamos al final, Margaritas a los cerdos, y no uso referentes, porque Julio de la Rosa es canon en sí mismo. Uso guiños y espero. Venga, John Cale, por usar un tipo dotado de su propio campo magnético. Como el piano, el instante detenido en el tiempo, así, sencillo. Y, con el indicador por lo bajo, un zumbido, una batería afónica, Monigotes, no sé cuánto podremos meter aquí antes de que todo se hunda y tengamos que salir huyendo. Uno de los discos del año.. Mostrar comentarios
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