La Unión Europea se ha propuesto que la defensa sea una de las grandes prioridades parar el corto y el medio plazo, con la mirada puesta en disponer de autonomía suficiente en el año 2030. Pero el Tribunal de Cuentas Europeo (ECA, por sus siglas en inglés) avisa de que ese objetivo es complicado, y así lo refleja en una opinión publicada este jueves. Las patas son varias: inversión, capacidad, cooperación entre países, agilidad en la toma de decisiones y reducción de dependencias.. Y es que los auditores insisten en que el sector de la defensa en Europa arrastra las severas consecuencias «de años de falta de inversión crónica», lo que ahora mismo, dicen, se traduce en reservas insuficientes de munición y misiles, largos plazos de fabricación y cuellos de botella logísticos. Además, la elevada dependencia de proveedores no europeos -sin referencia explícita a Estados Unidos, por ejemplo- y las «vulnerabilidades detectadas en la cadena de suministro limitan la capacidad de reacción inmediata del continente», sentencian. Para mitigar esta situación a largo plazo, el tribunal propone fomentar que los Estados miembros adquieran sus sistemas mediante cláusulas de preferencia europea, aunque este avance estructural debe equilibrarse con las urgentes necesidades operativas de corto plazo.. La planificación de capacidades militares en la UE adolece de una falta de dirección centralizada, «rigiéndose mayoritariamente por una lógica ascendente donde cada país identifica sus propias prioridades». Es decir, no hay visión común. Así, el documento advierte «que la falta de un proceso de planificación descendente eficaz y de una coordinación insuficiente entre las fuentes de financiación nacionales y europeas puede dar lugar a inversiones fragmentadas, duplicidades ineficientes y carencias de capacidad». De igual forma, este incremento de dinero público corre el peligro de generar dificultades de ejecución o cuellos de botella en el suministro de materiales, componentes esenciales y personal cualificado si las estrategias no se implementan de manera adecuada, añaden en el texto.. «Aunque la UE ha puesto en marcha varias iniciativas para que los Estados miembros cooperen y aúnen esfuerzos de defensa, aprovechar las nuevas oportunidades y prestar atención a los riesgos existentes es fundamental, dado que el objetivo de alcanzar la preparación defensiva para 2030 sigue siendo un reto», comenta sobre las averiguaciones Marek Opioła, miembro del Tribunal que dirige la auditoría.. La realidad es que la inestabilidad geopolítica internacional y, sobre todo, la invasión rusa de Ucrania, han marcado un punto de inflexión histórico en la política de defensa de la Unión Europea. Este cambio de escenario ha obligado a los Estados miembros a reaccionar con rapidez, disparando sus presupuestos anuales colectivos de defensa desde los 262.000 millones de euros en 2022 hasta alcanzar los 418.000 millones el año pasado. Sin embargo, a pesar de este aumento masivo en la financiación y los planes en marcha, lograr una preparación de defensa efectiva antes del horizonte de 2030 sigue constituyendo «un reto gigantesco» para todo el bloque.. De hecho, el análisis del Tribunal de Cuentas Europeo constata que la UE «ha pasado de dar respuestas improvisadas ante las crisis a centrarse firmemente en la preparación militar estructurada», pero todavía con mucho camino por recorrer.. Con todo, los auditores advierten contra la complejidad de los sistemas de gobernanza y rendición de cuentas actuales, «los cuales elevan significativamente el riesgo de que se solapen las responsabilidades». A esto se suma un vacío normativo de supervisión: el Tribunal de Cuentas Europeo carece de un mandato de auditoría amplio que le permita fiscalizar a la totalidad de los organismos e instrumentos que intervienen en la política común de defensa. De este modo, «la coordinación lenta y la fragmentación nacional surgen como barreras críticas que la Unión deberá superar frente a sus ambiciosos objetivos» de autonomía estratégica.. Este mensaje del Tribunal de Cuentas Europeo llega después de que, este miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, abogasen por una mayor cooperación entre el bloque y la Alianza, con un impulso, dijeron, a la industria de la defensa. El momento, de hecho, es complejo: a los ataques de Rusia con drones en territorio europeo, como el sucedido en Leipzig, se une la presión en la frontera sur de la UE, con la crisis en Ceuta. Además, a todo ello hay que sumar la poca probabilidad de que la guerra en Ucrania vaya a pararse ni mucho menos a terminar.. La UE, por lo pronto, -recuerda el informe- ha recurrido de forma creciente a préstamos de gran envergadura respaldados de manera directa por el presupuesto comunitario. Destacan entre ellos los 150.000 millones de euros destinados a acelerar la preparación de los Estados miembros a través del programa Acción por la Seguridad de Europa (SAFE) y un préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millones, de los cuales dos tercios tendrán que destinarse directamente a la parte militar. No obstante, existe el peligro de que esto no sea sostenible en el tiempo y haya que buscar nuevas fórmulas, avisa el tribunal.
20MINUTOS.ES – Internacional
La Unión Europea se ha propuesto que la defensa sea una de las grandes prioridades parar el corto y el medio plazo, con la mirada puesta en disponer de autonomía suficiente en el año 2030. Pero el Tribunal de Cuentas Europeo (ECA, por sus siglas en inglés) avisa de que ese objetivo es complicado, y así lo refleja en una opinión publicada este jueves. Las patas son varias: inversión, capacidad, cooperación entre países, agilidad en la toma de decisiones y reducción de dependencias.. Y es que los auditores insisten en que el sector de la defensa en Europa arrastra las severas consecuencias «de años de falta de inversión crónica», lo que ahora mismo, dicen, se traduce en reservas insuficientes de munición y misiles, largos plazos de fabricación y cuellos de botella logísticos. Además, la elevada dependencia de proveedores no europeos -sin referencia explícita a Estados Unidos, por ejemplo- y las «vulnerabilidades detectadas en la cadena de suministro limitan la capacidad de reacción inmediata del continente», sentencian. Para mitigar esta situación a largo plazo, el tribunal propone fomentar que los Estados miembros adquieran sus sistemas mediante cláusulas de preferencia europea, aunque este avance estructural debe equilibrarse con las urgentes necesidades operativas de corto plazo.. La planificación de capacidades militares en la UE adolece de una falta de dirección centralizada, «rigiéndose mayoritariamente por una lógica ascendente donde cada país identifica sus propias prioridades». Es decir, no hay visión común. Así, el documento advierte «que la falta de un proceso de planificación descendente eficaz y de una coordinación insuficiente entre las fuentes de financiación nacionales y europeas puede dar lugar a inversiones fragmentadas, duplicidades ineficientes y carencias de capacidad». De igual forma, este incremento de dinero público corre el peligro de generar dificultades de ejecución o cuellos de botella en el suministro de materiales, componentes esenciales y personal cualificado si las estrategias no se implementan de manera adecuada, añaden en el texto.. «Aunque la UE ha puesto en marcha varias iniciativas para que los Estados miembros cooperen y aúnen esfuerzos de defensa, aprovechar las nuevas oportunidades y prestar atención a los riesgos existentes es fundamental, dado que el objetivo de alcanzar la preparación defensiva para 2030 sigue siendo un reto», comenta sobre las averiguaciones Marek Opioła, miembro del Tribunal que dirige la auditoría.. La realidad es que la inestabilidad geopolítica internacional y, sobre todo, la invasión rusa de Ucrania, han marcado un punto de inflexión histórico en la política de defensa de la Unión Europea. Este cambio de escenario ha obligado a los Estados miembros a reaccionar con rapidez, disparando sus presupuestos anuales colectivos de defensa desde los 262.000 millones de euros en 2022 hasta alcanzar los 418.000 millones el año pasado. Sin embargo, a pesar de este aumento masivo en la financiación y los planes en marcha, lograr una preparación de defensa efectiva antes del horizonte de 2030 sigue constituyendo «un reto gigantesco» para todo el bloque.. De hecho, el análisis del Tribunal de Cuentas Europeo constata que la UE «ha pasado de dar respuestas improvisadas ante las crisis a centrarse firmemente en la preparación militar estructurada», pero todavía con mucho camino por recorrer.. Con todo, los auditores advierten contra la complejidad de los sistemas de gobernanza y rendición de cuentas actuales, «los cuales elevan significativamente el riesgo de que se solapen las responsabilidades». A esto se suma un vacío normativo de supervisión: el Tribunal de Cuentas Europeo carece de un mandato de auditoría amplio que le permita fiscalizar a la totalidad de los organismos e instrumentos que intervienen en la política común de defensa. De este modo, «la coordinación lenta y la fragmentación nacional surgen como barreras críticas que la Unión deberá superar frente a sus ambiciosos objetivos» de autonomía estratégica.. Este mensaje del Tribunal de Cuentas Europeo llega después de que, este miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, abogasen por una mayor cooperación entre el bloque y la Alianza, con un impulso, dijeron, a la industria de la defensa. El momento, de hecho, es complejo: a los ataques de Rusia con drones en territorio europeo, como el sucedido en Leipzig, se une la presión en la frontera sur de la UE, con la crisis en Ceuta. Además, a todo ello hay que sumar la poca probabilidad de que la guerra en Ucrania vaya a pararse ni mucho menos a terminar.. La UE, por lo pronto, -recuerda el informe- ha recurrido de forma creciente a préstamos de gran envergadura respaldados de manera directa por el presupuesto comunitario. Destacan entre ellos los 150.000 millones de euros destinados a acelerar la preparación de los Estados miembros a través del programa Acción por la Seguridad de Europa (SAFE) y un préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millones, de los cuales dos tercios tendrán que destinarse directamente a la parte militar. No obstante, existe el peligro de que esto no sea sostenible en el tiempo y haya que buscar nuevas fórmulas, avisa el tribunal.
