Los centros de datos que hacen funcionar los modelos de inteligencia artificial pueden costar decenas de miles de millones de dólares. La mayor parte de esta infraestructura la financian gigantes con abundantes recursos, como Microsoft y Amazon. Pero los operadores independientes, conocidos como neoclouds, también juegan un papel importante. Daniel Roberts, co-CEO del operador de centros de datos IREN, afirma que el auge del gasto de capital es “fundamentalmente diferente” de otros ciclos de inversión. De hecho, el frenesí de la IA recuerda a la burbuja de internet: las neoclouds se asemejan a las telecos alternativas que se dispararon y se hundieron con la llegada del nuevo milenio.
En 2002, el sector de las telecos de Norteamérica había gastado casi 500.000 millones de dólares durante los años anteriores en construir las redes de banda ancha necesarias para la era de internet. En torno a la mitad procedió de operadoras alternativas, firmas emergentes que desafiaban a los gigantes establecidos. Algunas de estas altnets construyeron redes locales para competir con las Baby Bells ya asentadas; otras invirtieron en redes de fibra óptica de larga distancia. Unas 40 cotizaban en EE UU.
“Constrúyelo y vendrán” era el mantra. La demanda de banda ancha se consideraba insaciable. El gurú de la inversión tecnológica George Gilder pronosticó a principios de los 2000 que el tráfico de datos se multiplicaría por 1.000 en cinco años. Los entusiastas creían que cada dólar invertido en nuevos equipos generaría otro dólar de ventas. La inminente llegada de aplicaciones revolucionarias ―un CEO de una altnet llegó a plantear videollamadas holográficas en 3D― aprovecharía los millones de kilómetros de cable de fibra óptica que se estaban tendiendo.
En 1995-2000, los activos de los operadores de EE UU de fibra de larga distancia ―entre ellos Global Crossing, Level 3 Communications y Williams Communications― se multiplicaron por más de 20. Sus pasivos crecieron a ese ritmo. Pero sus negocios siguieron empecinadamente sin ser rentables. Las previsiones sobre la demanda de banda ancha resultaron tremendamente exageradas, y las telecos quedaron lastradas por un enorme exceso de capacidad.
Cuando los mercados se cerraron para las firmas tecnológicas y de telecomunicaciones a mediados de los 2000, las cotizaciones de las altnets se desplomaron y varias firmas destacadas quebraron. Algunos operadores de larga distancia, entre ellos Global Crossing, fueron investigados por utilizar falsos intercambios de capacidad para inflar sus ingresos. Fabricantes de equipos como Lucent y Cisco, que habían concedido préstamos a las altnets, tuvieron que provisionarlos. En torno al 40% de los bonos de alto rendimiento del sector incurrieron en impago.
Pese a sus declaraciones públicas de confianza, muchos ejecutivos salieron mucho antes de que llegara la crisis. Gary Winnick, CEO de Global Crossing, obtuvo más con la venta de sus acciones personales que lo que se consiguió posteriormente por los activos de la firma en el proceso de quiebra.
De las criptos a la IA
Aunque la mayoría de las altnets eran start-ups, muchas de las actuales neoclouds nacieron para minar criptos. CoreWeave, la mayor del sector, comenzó en 2017 como Atlantic Crypto y entró en el negocio de los centros de datos tras el desplome del bitcoin en 2018. Después de que el mercado volviera a hundirse en 2022, el lanzamiento en noviembre de ese año de ChatGPT ofreció una tabla de salvación a otros mineros. Sus existencias de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y sus contratos de suministro eléctrico eran indispensables para entrenar y hacer funcionar los grandes modelos de lenguaje, cuya demanda se había disparado.
Aunque los llamados hiperescaladores, como Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Oracle, suponen en torno a la mitad de las ventas de los principales chips de IA fabricados por Nvidia, las neoclouds aportan una parte considerable del resto. El bum de la IA está “impulsando el mayor despliegue de infraestructuras de la historia de la humanidad”, afirma Joshua Payne, jefe de Nscale, una neocloud con sede en Londres que está gastando decenas de miles de millones de dólares en construir un centro de datos en Virginia Occidental (EE UU). Daniel Roberts, de IREN, cree que cada nueva unidad de oferta de IA está generando varias veces esa cantidad de nueva demanda. La “métrica que define el éxito” en su negocio, asegura Roberts, es el número de GPU que se controlan.
Los chips de Nvidia son muy caros y los grandes modelos de lenguaje, que están aumentando de escala en la carrera por alcanzar la IA general, requieren cantidades cada vez mayores. Esto ha obligado a las neoclouds a buscar dinero a toda prisa. Varias no cotizadas, entre ellas Nscale, Lambda y SB Energy, respaldada por SoftBank, preparan su salida a Bolsa. Michael Intrator, CEO de CoreWeave, aseguró a CNBC a principios de año que los mercados de deuda estaban dictando la estrategia de expansión de su compañía. A finales de junio, los pasivos totales de CoreWeave ascendían a 72.000 millones de dólares, un 56% más que al comienzo del año.
Mientras que las altnets se financiaban mediante bonos de alto rendimiento, bonos con pago de intereses en especie y bonos de cupón cero, las neoclouds han estado emitiendo deuda respaldada por GPU y creando vehículos de propósito especial con socios financieros. Del mismo modo que los fabricantes de equipos de telecomunicaciones financiaban a sus clientes a finales de los 1990, Nvidia desempeña un papel crucial en el respaldo a las neoclouds. El gigante de los chips ha invertido directamente en CoreWeave, Nscale o Nebius. Y se ha comprometido a alquilar capacidad de centros de datos y proporciona respaldo financiero a algunas neoclouds. También mantiene acuerdos para compartir ingresos con varias de ellas.
El inversor Jim Chanos cree que el modelo de negocio de las neoclouds no es más viable que el de las altnets de antaño. El célebre inversor bajista sostiene que sus negocios no son escalables y carecen de ventajas competitivas claras. Las neoclouds son negocios intensivos en capital que, según su modelo financiero, no pueden obtener una rentabilidad equivalente a su coste de capital ni siquiera alargando hasta 10 años el periodo de amortización de sus chips GPU. Deberían considerarse empresas de alquiler de equipos dependientes de un único proveedor: Nvidia. Es improbable que perduren los actuales cuellos de botella que limitan la construcción de nuevos centros de datos. Chanos considera una señal de alarma las ventas de acciones por parte de personas vinculadas a CoreWeave.
Las operadoras alternativas de telecomunicaciones no fracasaron simplemente porque inundaran de oferta un mercado cuyas previsiones de demanda eran exageradas. El sector sufrió un exceso de capacidad, en parte porque las mejoras tecnológicas incrementaron enormemente la capacidad de transmisión de las redes de fibra óptica ya instaladas. Las neoclouds también están a merced de una evolución tecnológica incierta.
¿Podrá Nvidia conservar su posición como fabricante dominante de chips de IA? ¿Seguirán OpenAI y su rival Anthropic ―ambas entre los principales clientes de las neoclouds― dominando su sector? ¿Hará la llegada de pequeños modelos de lenguaje capaces de funcionar en ordenadores locales innecesarios los grandes modelos de lenguaje y sus caros centros de datos? Es esta profunda incertidumbre sobre el futuro de la tecnología de IA, y no el nivel de gasto de capital, lo que hace que el auge actual sea “fundamentalmente diferente” de cualquier otro que haya conocido el mundo.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías
Los centros de datos que hacen funcionar los modelos de inteligencia artificial pueden costar decenas de miles de millones de dólares. La mayor parte de esta infraestructura la financian gigantes con abundantes recursos, como Microsoft y Amazon. Pero los operadores independientes, conocidos como neoclouds, también juegan un papel importante. Daniel Roberts, co-CEO del operador de centros de datos IREN, afirma que el auge del gasto de capital es “fundamentalmente diferente” de otros ciclos de inversión. De hecho, el frenesí de la IA recuerda a la burbuja de internet: las neoclouds se asemejan a las telecos alternativas que se dispararon y se hundieron con la llegada del nuevo milenio.. Seguir leyendo
