La Administración Trump ha presentado una nueva pirámide nutricional que supone uno de los mayores giros en décadas en la política alimentaria de Estados Unidos. El modelo, impulsado por el polémico secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, pone el foco en lo que llama la «comida real», priorizando proteínas, grasas consideradas saludables, frutas, verduras y cereales integrales, y señalando por primera vez de forma explícita a los alimentos ultraprocesados como un problema de salud pública. Además, el documento relaciona estas nuevas pautas con la reducción del gasto sanitario, del que un 90% se destina aenfermedades crónicas «prevenibles» y relacionadas con la dieta.. Entre las principales novedades destaca la recomendación de aumentar de forma significativa la ingesta de proteínas, hasta entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal al día, así como la apuesta por lácteos enteros, y el mensaje explícito de «poner fin a la guerra contra las grasas saludables. La curiosa pirámide, que marca el final del modelo MyPlate de la era de Michelle Obama, ha sido invertida, y sitúa proteínas, lácteos y grasas saludables en una posición central, mientras que frutas, verduras y cereales integrales aparecen a los lados o en la parte inferior.. Opinión de los expertos y comparación con la dieta mediterránea. Para Rosa María Ortega, doctora en Farmacia y catedrática de Nutrición en la Universidad Complutense de Madrid, no existe evidencia científica que justifique priorizar las proteínas y las grasas de origen animal en una guía dirigida a la población general. «La base de la alimentación siempre han sido los hidratos de carbono complejos, que deberían aportar más del 50% de la energía diaria, frente a un menor porcentaje de grasas y proteínas (en torno al 10-15%)», subraya para 20minutos. «Toda la guía estadounidense favorece el descenso en el consumo de hidratos de carbono», señala, lo que contradice al «consenso internaciconal».. En la pirámide de la dieta mediterránea, explica Ortega, la base la ocupan el agua, la actividad física y el estilo de vida, seguidos del espacio más amplio destinado a cereales, verduras y frutas, que constituyen el eje central de la alimentación diaria. A continuación aparecen frutos secos y especias, después los lácteos, y en niveles superiores, que indican una menor frecuencia de consumo, se sitúan la carne blanca, el pescado y los huevos, dejando para un consumo ocasional la carne roja y procesada, y en la cúspide los dulces.. Imagen facilitada por la catedrática de la Pirámide de la dieta mediterránea.UCM. Aunque el texto que acompaña a la guía es algo más claro, la experta subraya que la imagen carece de una orientación clara sobre cantidades o raciones, algo que sí incluyen otras guías alimentarias y que resulta clave para que la población pueda trasladar las recomendaciones a su día a día. «Da la impresión de que lo más importante es comer carne roja; está bien que se destaque el consumo de frutas y verduras, pero el protagonismo de la carne por encima del pescado y el huevo se valora negativamente», apunta. A su vez, critica el enfoque de los cereales de grano completo, cuyo lugar en la figura (en la parte inferior) resulta «incomprensible», ya que el mensaje debería ser fomentar su consumo frente a los refinados, no reducirlo.. La catedrática también cuestiona el énfasis en las grasas animales. «El aumentar el consumo de grasa de origen animal tampoco parece razonable, por el aumento que condicionan en el consumo de grasa saturada (que favorece el riesgo cardiovascular)», señala. Ortega destaca además que «en la gráfica destaca mucho la figura de la carne y el pollo, pero su consumo debería ser similar al de pescado (que aporta grasa polinsaturada útil) y huevo (que además de ser rico en nutrientes aporta colina importante en el metabolismo)».. La nueva pirámide de alimentos de los EE.UU.USDA.. María Riestra Fernández, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), advierte a 20minutos de las posibles consecuencias de trasladar este modelo a la población general. «Aunque reducir ultraprocesados y azúcares añadidos puede tener efectos positivos, el protagonismo de carnes rojas, lácteos enteros y grasas animales puede aumentar el riesgo cardiovascular y contrarrestar parte de esos beneficios», señala. Frente a ello, recuerda que «patrones como la dieta mediterránea o el plato de Harvard, basados en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas, cuentan con un respaldo científico muy sólido y han demostrado reducir eventos cardiovasculares y mortalidad».. Discreto papel de las legumbres y la proteína vegetal. Por su parte, el dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez García indica que «llama mucho la atención lo discretas que aparecen las legumbres en la pirámide», cuando, para la dieta mediterránea, son un pilar fundamental y se recomienda su consumo de 3 a 4 veces a la semana. El divulgador y profesor, que lleva el blog y las redes sociales de Mi dieta cojea, cuenta a 20minutos que fue una alumna la que le ayudó a identificar un pequeño fragmento de frijoles sobre un bol de arroz en el diagrama. «No tiene ningún sentido; los objetivos de salud pública y de sostenibilidad hablan de aumentar la proteína vegetal y las legumbres, y aquí pasan absolutamente desapercibidas», explica.. En un país como EEUU, en el que más de 38 millones de personas padecen diabetes, según la American Diabetes Association, Sánchez no entiende esta falta de participación. «En las guías clínicas de diabetes tipo 2, se están recomendando los modelos ‘plant-based’, basados en vegetales y legumbres», indica el experto. «En un país con una dieta tan occidentalizada y paradigmática como EEUU, habría que fomentar el papel de las legumbres como hacen otras guías», recomienda.. En cuanto a este aumento generalizado en la ingesta de proteínas, Ortega recuerda que solo está justificado en grupos concretos, como personas mayores o deportistas. «La dieta media de poblaciones desarrolladas tiene un aporte elevado de proteínas y aumentarlo más puede tener riesgos», explica. Entre ellos, menciona una mayor carga para hígado y riñón, la acidificación del organismo y la movilización de calcio del hueso, además de un aumento de las necesidades de vitaminas y minerales implicados en el metabolismo proteico.. En conjunto, la nutricionista resume su valoración en un punto clave: «A los grupos que hemos trabajado en la estructuración de Guías de Alimentación nos ha sorprendido la figura; por un lado tiene de bueno la novedad», señala, «pero una vez se mire no creo que una persona pueda mejorar su alimentación».. Reducción del gasto sanitario. El documento, además, vincula estas pautas con la reducción del gasto sanitario, al señalar que la mayoría del gasto en salud se concentra en enfermedades crónicas prevenibles y relacionadas con la dieta. El cambio llega acompañado de un discurso ambicioso, ya que desde la Casa Blanca se defiende que estas directrices, vigentes para el periodo 2025-2030, ayudarán a reducir drásticamente las enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes tipo 2 o las cardiovasculares. Según datos oficiales del Departamento de Salud, cerca del 90% del gasto sanitario estadounidense se destina ya al tratamiento de patologías crónicas, muchas de ellas «evitables» y relacionadas con la dieta.. En el plano político, subraya que la prioridad es mejorar los resultados de salud de toda la población, y llama a un debate amplio para reorientar la cultura alimentaria y los programas públicos hacia alimentos saludables, sin mencionar medidas o directrices concretas. La doctora Riestra señala que «la evidencia en salud pública muestra que las mejoras sostenibles requieren intervenciones estructurales (fiscalidad saludable, regulación de publicidad, comedores escolares, disponibilidad de alimentos frescos…). Si la guía se centra solo en decisiones individuales, el efecto real sobre obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular será escaso».. El Ejecutivo estadounidense defiende que se trata de una guía «basada en la ciencia y el sentido común», pero el nuevo modelo ya ha despertado críticas dentro y fuera de Estados Unidos. El comité oficial de expertos Dietary Guidelines Advisory Committee, asesora al Departamento de Salud de EEUU, ha asegurado que sus recomendaciones han sido completamente omitidas, sustituyéndose por las mencionadas prioridades, que consideran industriales. Desde el comité indican, asimismo, que ha sido completamente omitida su sugerencia de prevalencia de una alimentación de origen vegetal.
Varios nutricionistas analizan para 20minutos la nueva guía de EEUU, que se aleja de modelos consolidados como la dieta mediterránea.
La Administración Trump ha presentado una nueva pirámide nutricional que supone uno de los mayores giros en décadas en la política alimentaria de Estados Unidos. El modelo, impulsado por el polémico secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, pone el foco en lo que llama la «comida real», priorizando proteínas, grasas consideradas saludables, frutas, verduras y cereales integrales, y señalando por primera vez de forma explícita a los alimentos ultraprocesados como un problema de salud pública. Además, el documento relaciona estas nuevas pautas con la reducción del gasto sanitario, del que un 90% se destina a enfermedades crónicas «prevenibles» y relacionadas con la dieta.. Entre las principales novedades destaca la recomendación de aumentar de forma significativa la ingesta de proteínas, hasta entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal al día, así como la apuesta por lácteos enteros, y el mensaje explícito de «poner fin a la guerra contra las grasas saludables. La curiosa pirámide, que marca el final del modelo MyPlate de la era de Michelle Obama, ha sido invertida, y sitúa proteínas, lácteos y grasas saludables en una posición central, mientras que frutas, verduras y cereales integrales aparecen a los lados o en la parte inferior.. Opinión de los expertos y comparación con la dieta mediterránea. Para Rosa María Ortega, doctora en Farmacia y catedrática de Nutrición en la Universidad Complutense de Madrid, no existe evidencia científica que justifique priorizar las proteínas y las grasas de origen animal en una guía dirigida a la población general. «La base de la alimentación siempre han sido los hidratos de carbono complejos, que deberían aportar más del 50% de la energía diaria, frente a un menor porcentaje de grasas y proteínas (en torno al 10-15%)», subraya para 20minutos. «Toda la guía estadounidense favorece el descenso en el consumo de hidratos de carbono», señala, lo que contradice al «consenso internaciconal».. En la pirámide de la dieta mediterránea, explica Ortega, la base la ocupan el agua, la actividad física y el estilo de vida, seguidos del espacio más amplio destinado a cereales, verduras y frutas, que constituyen el eje central de la alimentación diaria. A continuación aparecen frutos secos y especias, después los lácteos, y en niveles superiores, que indican una menor frecuencia de consumo, se sitúan la carne blanca, el pescado y los huevos, dejando para un consumo ocasional la carne roja y procesada, y en la cúspide los dulces.. Aunque el texto que acompaña a la guía es algo más claro, la experta subraya que la imagen carece de una orientación clara sobre cantidades o raciones, algo que sí incluyen otras guías alimentarias y que resulta clave para que la población pueda trasladar las recomendaciones a su día a día. «Da la impresión de que lo más importante es comer carne roja; está bien que se destaque el consumo de frutas y verduras, pero el protagonismo de la carne por encima del pescado y el huevo se valora negativamente», apunta. A su vez, critica el enfoque de los cereales de grano completo, cuyo lugar en la figura (en la parte inferior) resulta «incomprensible», ya que el mensaje debería ser fomentar su consumo frente a los refinados, no reducirlo.. La catedrática también cuestiona el énfasis en las grasas animales. «El aumentar el consumo de grasa de origen animal tampoco parece razonable, por el aumento que condicionan en el consumo de grasa saturada (que favorece el riesgo cardiovascular)», señala. Ortega destaca además que «en la gráfica destaca mucho la figura de la carne y el pollo, pero su consumo debería ser similar al de pescado (que aporta grasa polinsaturada útil) y huevo (que además de ser rico en nutrientes aporta colina importante en el metabolismo)».. María Riestra Fernández, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), advierte a 20minutos de las posibles consecuencias de trasladar este modelo a la población general. «Aunque reducir ultraprocesados y azúcares añadidos puede tener efectos positivos, el protagonismo de carnes rojas, lácteos enteros y grasas animales puede aumentar el riesgo cardiovascular y contrarrestar parte de esos beneficios», señala. Frente a ello, recuerda que «patrones como la dieta mediterránea o el plato de Harvard, basados en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas, cuentan con un respaldo científico muy sólido y han demostrado reducir eventos cardiovasculares y mortalidad».. Discreto papel de las legumbres y la proteína vegetal. Por su parte, el dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez García indica que «llama mucho la atención lo discretas que aparecen las legumbres en la pirámide», cuando, para la dieta mediterránea, son un pilar fundamental y se recomienda su consumo de 3 a 4 veces a la semana. El divulgador y profesor, que lleva el blog y las redes sociales de Mi dieta cojea, cuenta a 20minutos que fue una alumna la que le ayudó a identificar un pequeño fragmento de frijoles sobre un bol de arroz en el diagrama. «No tiene ningún sentido; los objetivos de salud pública y de sostenibilidad hablan de aumentar la proteína vegetal y las legumbres, y aquí pasan absolutamente desapercibidas», explica.. En un país como EEUU, en el que más de 38 millones de personas padecen diabetes, según la American Diabetes Association, Sánchez no entiende esta falta de participación. «En las guías clínicas de diabetes tipo 2, se están recomendando los modelos ‘plant-based’, basados en vegetales y legumbres», indica el experto. «En un país con una dieta tan occidentalizada y paradigmática como EEUU, habría que fomentar el papel de las legumbres como hacen otras guías», recomienda.. En cuanto a este aumento generalizado en la ingesta de proteínas, Ortega recuerda que solo está justificado en grupos concretos, como personas mayores o deportistas. «La dieta media de poblaciones desarrolladas tiene un aporte elevado de proteínas y aumentarlo más puede tener riesgos», explica. Entre ellos, menciona una mayor carga para hígado y riñón, la acidificación del organismo y la movilización de calcio del hueso, además de un aumento de las necesidades de vitaminas y minerales implicados en el metabolismo proteico.. En conjunto, la nutricionista resume su valoración en un punto clave: «A los grupos que hemos trabajado en la estructuración de Guías de Alimentación nos ha sorprendido la figura; por un lado tiene de bueno la novedad», señala, «pero una vez se mire no creo que una persona pueda mejorar su alimentación».. Reducción del gasto sanitario. El documento, además, vincula estas pautas con la reducción del gasto sanitario, al señalar que la mayoría del gasto en salud se concentra en enfermedades crónicas prevenibles y relacionadas con la dieta. El cambio llega acompañado de un discurso ambicioso, ya que desde la Casa Blanca se defiende que estas directrices, vigentes para el periodo 2025-2030, ayudarán a reducir drásticamente las enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes tipo 2 o las cardiovasculares. Según datos oficiales del Departamento de Salud, cerca del 90% del gasto sanitario estadounidense se destina ya al tratamiento de patologías crónicas, muchas de ellas «evitables» y relacionadas con la dieta.. En el plano político, subraya que la prioridad es mejorar los resultados de salud de toda la población, y llama a un debate amplio para reorientar la cultura alimentaria y los programas públicos hacia alimentos saludables, sin mencionar medidas o directrices concretas. La doctora Riestra señala que «la evidencia en salud pública muestra que las mejoras sostenibles requieren intervenciones estructurales (fiscalidad saludable, regulación de publicidad, comedores escolares, disponibilidad de alimentos frescos…). Si la guía se centra solo en decisiones individuales, el efecto real sobre obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular será escaso».. El Ejecutivo estadounidense defiende que se trata de una guía «basada en la ciencia y el sentido común», pero el nuevo modelo ya ha despertado críticas dentro y fuera de Estados Unidos. El comité oficial de expertos Dietary Guidelines Advisory Committee, asesora al Departamento de Salud de EEUU, ha asegurado que sus recomendaciones han sido completamente omitidas, sustituyéndose por las mencionadas prioridades, que consideran industriales. Desde el comité indican, asimismo, que ha sido completamente omitida su sugerencia de prevalencia de una alimentación de origen vegetal.
