20MINUTOS.ES – Televisión
“Es el error que cometemos siempre, que votamos por amor. Y hay que votar por otra cosa: por legítima defensa”. Maruja Torres cena en el restaurante La Acha con Gonzo, David Trueba y Miguel Ríos, que protagoniza la edición de Salvados que allí se está grabando.. Miguel recuerda cómo el equipo de Felipe González se inspiró en la portada de su disco Extraños en el escaparate para el cartel electoral que les llevaría al Gobierno en 1981. Le hizo incluso ilusión el homenaje. “Creía a pies juntillas en ellos, porque deseaba que lo que estaban contando fuera verdad”, razona el cantante. “Criatura…”, ironiza Maruja con la socarronería que siempre nos permite llenar los pulmones de esperanza. Hasta con la decepción.. Los resultados de la gestión política no son tan importantes como el camelo emocional de la sociedad. Los maestros del marketing político, los spin doctors, lo saben. Y buscan conquistar la excitación del sentimiento. Quizá ahí está la explicación a la pregunta que se hace Ríos en el programa: “No quiero ahorrarme ninguna lucha porque creo que ahora mismo es imprescindible. Estamos en una coyuntura en el país con una ultraderecha que está convenciendo. No sé cómo puede convencer a los obreros de que los voten”.. “Y, mientras tanto, qué está haciendo la izquierda pura y recta. Dividirse en 14.000 y luego intentar juntarse. Eso sí que parece un jarrón chino, pero roto”, resalta Maruja. Su mirada crítica es tan descriptiva que crea un retrato impresionista de dónde estamos. Todos lo visualizamos. Con su antigüedad, con su pomposidad, con su polvo, con su delirio de grandeza venida a menos. “Son tan activistas que son incapaces de dejar el activismo cuando llegan al gobierno y tienen que meterse con el socio. Entonces, dinamitan todo lo que tocan”, continúa Maruja mientras, a la vez, recuerda que “sin esa izquierda el PSOE hubiera hecho menos cosas de las que ha hecho”.. Una conversación de amigos en un restaurante. Amigos con ideales pero liberados de sometimientos ideológicos. “Hay cosas que no tienen que ver con la política, tienen que ver con la dignidad humana”. Miguel Ríos repite la defensa de la piedad como base de la convivencia en varios momentos de la entrevista. Una ‘basiquez’ que, en cambio, parece una idea rala en la era de la viralidad. Viralidad diseñada por los oligarcas tecnológicos que alimenta la avaricia que nos deja aturullados, agotados, adormecidos. Pero Maruja no piensa tirar la toalla por la desazón que nos meten en vena. Así lo explica: “Yo no me resigno, pero desde que he visto un genocidio en Gaza todo es posible. Porque la ley de la selva se ha abierto a todo el mundo”.. La tranquilidad de esta comida guisada con cordialidad al dente propicia un oasis de inteligencia en una televisión donde el debate se ha atado al espectáculo del argumentario previsible entre rivales simplificados a los míos o los contrarios. Aquí, en cambio, la conversación se sirve en la bandeja de la calma que permite escuchar. A los espectadores, y a los protagonistas de la grabación. Sin voces histriónicas que invitan al fanatismo, sin prisas que empujan al tópico, sin aplausos que animan el mitin, el ambiente que consigue Salvados ayuda a matizar mejor la mirada al mundo de referentes como Miguel Ríos y Maruja Torres. Los dos tienen una ideología pública definida y defendida, pero limpia de las opresiones militantes. Así conquistan la libertad auténtica, la libertad que va de la mano de la convivencia y sale corriendo del individualismo del ‘sálvese quién pueda’. La libertad que echa raíces en la honestidad crítica para lo ajeno y, también, para lo propio. La duda capaz de despertar en el otro la posibilidad de completar la idea con la riqueza de su pensamiento. La duda que permite ir caminando juntos hasta encontrar senderos alternativos, invisibles para los que creen sabérselo todo de antemano. El encanto de la vida, al final, es que nunca dejamos de aprender. Invirtamos en el acontecimiento de la curiosidad. Con todas sus fascinantes dudas.
“Es el error que cometemos siempre, que votamos por amor. Y hay que votar por otra cosa: por legítima defensa”. Maruja Torres cena en el restaurante La Acha con Gonzo, David Trueba y Miguel Ríos, que protagoniza la edición de Salvados que allí se está grabando.. Miguel recuerda cómo el equipo de Felipe González se inspiró en la portada de su disco Extraños en el escaparate para el cartel electoral que les llevaría al Gobierno en 1981. Le hizo incluso ilusión el homenaje. “Creía a pies juntillas en ellos, porque deseaba que lo que estaban contando fuera verdad”, razona el cantante. “Criatura…”, ironiza Maruja con la socarronería que siempre nos permite llenar los pulmones de esperanza. Hasta con la decepción.. Los resultados de la gestión política no son tan importantes como el camelo emocional de la sociedad. Los maestros del marketing político, los spin doctors, lo saben. Y buscan conquistar la excitación del sentimiento. Quizá ahí está la explicación a la pregunta que se hace Ríos en el programa: “No quiero ahorrarme ninguna lucha porque creo que ahora mismo es imprescindible. Estamos en una coyuntura en el país con una ultraderecha que está convenciendo. No sé cómo puede convencer a los obreros de que los voten”.. “Y, mientras tanto, qué está haciendo la izquierda pura y recta. Dividirse en 14.000 y luego intentar juntarse. Eso sí que parece un jarrón chino, pero roto”, resalta Maruja. Su mirada crítica es tan descriptiva que crea un retrato impresionista de dónde estamos. Todos lo visualizamos. Con su antigüedad, con su pomposidad, con su polvo, con su delirio de grandeza venida a menos. “Son tan activistas que son incapaces de dejar el activismo cuando llegan al gobierno y tienen que meterse con el socio. Entonces, dinamitan todo lo que tocan”, continúa Maruja mientras, a la vez, recuerda que “sin esa izquierda el PSOE hubiera hecho menos cosas de las que ha hecho”.. Una conversación de amigos en un restaurante. Amigos con ideales pero liberados de sometimientos ideológicos. “Hay cosas que no tienen que ver con la política, tienen que ver con la dignidad humana”. Miguel Ríos repite la defensa de la piedad como base de la convivencia en varios momentos de la entrevista. Una ‘basiquez’ que, en cambio, parece una idea rala en la era de la viralidad. Viralidad diseñada por los oligarcas tecnológicos que alimenta la avaricia que nos deja aturullados, agotados, adormecidos. Pero Maruja no piensa tirar la toalla por la desazón que nos meten en vena. Así lo explica: “Yo no me resigno, pero desde que he visto un genocidio en Gaza todo es posible. Porque la ley de la selva se ha abierto a todo el mundo”.. La tranquilidad de esta comida guisada con cordialidad al dente propicia un oasis de inteligencia en una televisión donde el debate se ha atado al espectáculo del argumentario previsible entre rivales simplificados a los míos o los contrarios. Aquí, en cambio, la conversación se sirve en la bandeja de la calma que permite escuchar. A los espectadores, y a los protagonistas de la grabación. Sin voces histriónicas que invitan al fanatismo, sin prisas que empujan al tópico, sin aplausos que animan el mitin, el ambiente que consigue Salvados ayuda a matizar mejor la mirada al mundo de referentes como Miguel Ríos y Maruja Torres. Los dos tienen una ideología pública definida y defendida, pero limpia de las opresiones militantes. Así conquistan la libertad auténtica, la libertad que va de la mano de la convivencia y sale corriendo del individualismo del ‘sálvese quién pueda’. La libertad que echa raíces en la honestidad crítica para lo ajeno y, también, para lo propio. La duda capaz de despertar en el otro la posibilidad de completar la idea con la riqueza de su pensamiento. La duda que permite ir caminando juntos hasta encontrar senderos alternativos, invisibles para los que creen sabérselo todo de antemano. El encanto de la vida, al final, es que nunca dejamos de aprender. Invirtamos en el acontecimiento de la curiosidad. Con todas sus fascinantes dudas.
