Personajes de ficción como el cadáver revivido del monstruo de Frankenstein o ‘Cosa’, la mano de la Familia Addams, son solo una muestra de cómo la inmortalidad de los tejidos es un asunto recurrente en el imaginario del cine o la literatura. Sin embargo, esta imagen tiene cierta base en la naturaleza, según el reciente descubrimiento de una misteriosa criatura que vive en el fondo marino y a la que los científicos denominan «zombie de la vida real».. Investigadores del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas (Estados Unidos) y de la Universidad Memorial de Terranova (Canadá) han documentado la viabilidad continua de tejido amputado de un pepino de mar durante más de tres años en agua de mar natural. Se trata del primer informe conocido sobre la supervivencia a largo plazo (y el crecimiento continuo) de tejido desechado fuera de un entorno esterilizado y altamente controlado.. Este hallazgo, publicado en la revista Science Advances, cuestiona las ideas preconcebidas sobre la inmortalidad de los tejidos orgánicos de los seres vivos y abre interesantes posibilidades en el campo biomédico. Además, podría utilizarse como modelo experimental para la investigación biológica, haciéndolo más accesible y evitando las dificultades éticas y logísticas que presentan muchas líneas celulares existentes.. «Aún no hemos logrado cultivar un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos observando un crecimiento y una diversificación celular asombrosos, literalmente años después de que se extrajera este tejido», explica en un comunicado Rachel Sipler, investigadora principal del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas.. Para entender mejor lo que significa este descubrimiento, Sipler pone el siguiente ejemplo: «Es como un lagarto que pierde la cola. Sabemos que algunos lagartos pueden regenerar la cola; la cuestión es si la cola puede regenerar un nuevo lagarto».. Desde mediados del siglo XX, los científicos han logrado avances significativos con líneas celulares «inmortales», como las famosas células HeLa, que pueden cultivarse en laboratorio y proliferar indefinidamente para la investigación a largo plazo. Sin embargo, en estudios anteriores, los cultivos de tejidos solo se habían mantenido en condiciones «axénicas», estrictamente controladas, con un mantenimiento riguroso y sin bacterias ni otros organismos. Aun así, no habían mostrado signos de curación ni crecimiento, ni conservaban la capacidad de moverse de forma independiente.. Muchos equinodermos, el filo al que pertenecen los pepinos de mar, son conocidos por su impresionante capacidad de regeneración y su mínimo envejecimiento celular. Sin embargo, siempre se había asumido que el tejido perdido acabaría descomponiéndose o muriendo.. En este caso, fruto de una «observación minuciosa», los investigadores notaron que parte del tejido desechado del pie ambulacral de un pepino de mar no se había descompuesto tras varias semanas. De hecho, parecía estar creciendo.. Esto les llevó a emprender una serie de experimentos en agua de mar corriente con tejido extraído de los pies, el cuerpo principal y los tentáculos de tres ejemplares de Psolus fabricii, una especie de pepino de mar de aguas frías.. «El agua de mar natural es, sin duda, el entorno con mayor diversidad microbiana y, a la vez, el menos limpio que podríamos utilizar experimentalmente», insiste la autora del estudio. «Sin embargo, ese rico ecosistema, repleto de bacterias y materia orgánica, en realidad las alimentaba y permitía que el tejido sanara y creciera», añade.. Los investigadores encontraron evidencia de células diversificadas, actividad inmunitaria y reorganización tisular en el tejido explantado. Y, en ausencia de boca, las células parecían obtener nutrientes absorbiendo aminoácidos disueltos en el agua de mar. Incluso después de tres años, cuando los investigadores detuvieron los experimentos para publicar los resultados, el tejido seguía activo. Esta capacidad de sobrevivir en un entorno complejo y estresante, afirma Sipler, hace que esta línea celular sea única en comparación con otros cultivos de tejidos.. Según los autores, las implicaciones para las ciencias biomédicas y la ingeniería son profundas, con posibles aplicaciones en todo, desde la regeneración de tejidos hasta la curación antimicrobiana.. También abre nuevas oportunidades para la investigación y la educación biológica en general. El tejido que han conservado no solo demuestra una capacidad sin precedentes para mantener su integridad estructural y complejidad en cultivo, sino que además se puede cultivar con mayor facilidad en el laboratorio y, al ser un invertebrado, no está sujeto a tantas restricciones de investigación, lo que lo hace útil en contextos donde existen obstáculos legales o una infraestructura de bioseguridad limitada para el uso de líneas celulares humanas o de otros vertebrados.. «Los mayores avances científicos se producen al encontrar un análogo natural de lo que se está estudiando. Aquí tenemos esta especie con una capacidad revolucionaria, y no teníamos ni idea. Esto nos recuerda cuánto queda por descubrir en el medio marino y lo importante que es proteger estos recursos que podrían contener conocimientos realmente valiosos», concluye Sipler.
Personajes de ficción como el cadáver revivido del monstruo de Frankenstein o ‘Cosa’, la mano de la Familia Addams, son solo una muestra de cómo la inmortalidad de los tejidos es un asunto recurrente en el imaginario del cine o la literatura. Sin embargo, esta imagen tiene cierta base en la naturaleza, según el reciente descubrimiento de una misteriosa criatura que vive en el fondo marino y a la que los científicos denominan «zombie de la vida real».
Investigadores del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas (Estados Unidos) y de la Universidad Memorial de Terranova (Canadá) han documentado la viabilidad continua de tejido amputado de un pepino de mar durante más de tres años en agua de mar natural. Se trata del primer informe conocido sobre la supervivencia a largo plazo (y el crecimiento continuo) de tejido desechado fuera de un entorno esterilizado y altamente controlado.
Este hallazgo, publicado en la revista Science Advances, cuestiona las ideas preconcebidas sobre la inmortalidad de los tejidos orgánicos de los seres vivos y abre interesantes posibilidades en el campo biomédico. Además, podría utilizarse como modelo experimental para la investigación biológica, haciéndolo más accesible y evitando las dificultades éticas y logísticas que presentan muchas líneas celulares existentes.
«Aún no hemos logrado cultivar un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos observando un crecimiento y una diversificación celular asombrosos, literalmente años después de que se extrajera este tejido», explica en un comunicado Rachel Sipler, investigadora principal del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas.
Para entender mejor lo que significa este descubrimiento, Sipler pone el siguiente ejemplo: «Es como un lagarto que pierde la cola. Sabemos que algunos lagartos pueden regenerar la cola; la cuestión es si la cola puede regenerar un nuevo lagarto«.
Desde mediados del siglo XX, los científicos han logrado avances significativos con líneas celulares «inmortales», como las famosas células HeLa, que pueden cultivarse en laboratorio y proliferar indefinidamente para la investigación a largo plazo. Sin embargo, en estudios anteriores, los cultivos de tejidos solo se habían mantenido en condiciones «axénicas», estrictamente controladas, con un mantenimiento riguroso y sin bacterias ni otros organismos. Aun así, no habían mostrado signos de curación ni crecimiento, ni conservaban la capacidad de moverse de forma independiente.
Muchos equinodermos, el filo al que pertenecen los pepinos de mar, son conocidos por su impresionante capacidad de regeneración y su mínimo envejecimiento celular. Sin embargo, siempre se había asumido que el tejido perdido acabaría descomponiéndose o muriendo.
En este caso, fruto de una «observación minuciosa», los investigadores notaron que parte del tejido desechado del pie ambulacral de un pepino de mar no se había descompuesto tras varias semanas. De hecho, parecía estar creciendo.
Esto les llevó a emprender una serie de experimentos en agua de mar corriente con tejido extraído de los pies, el cuerpo principal y los tentáculos de tres ejemplares de Psolus fabricii, una especie de pepino de mar de aguas frías.
«El agua de mar natural es, sin duda, el entorno con mayor diversidad microbiana y, a la vez, el menos limpio que podríamos utilizar experimentalmente», insiste la autora del estudio. «Sin embargo, ese rico ecosistema, repleto de bacterias y materia orgánica, en realidad las alimentaba y permitía que el tejido sanara y creciera«, añade.
Los investigadores encontraron evidencia de células diversificadas, actividad inmunitaria y reorganización tisular en el tejido explantado. Y, en ausencia de boca, las células parecían obtener nutrientes absorbiendo aminoácidos disueltos en el agua de mar. Incluso después de tres años, cuando los investigadores detuvieron los experimentos para publicar los resultados, el tejido seguía activo. Esta capacidad de sobrevivir en un entorno complejo y estresante, afirma Sipler, hace que esta línea celular sea única en comparación con otros cultivos de tejidos.
Posibles aplicaciones futuras
Según los autores, las implicaciones para las ciencias biomédicas y la ingeniería son profundas, con posibles aplicaciones en todo, desde la regeneración de tejidos hasta la curación antimicrobiana.
También abre nuevas oportunidades para la investigación y la educación biológica en general. El tejido que han conservado no solo demuestra una capacidad sin precedentes para mantener su integridad estructural y complejidad en cultivo, sino que además se puede cultivar con mayor facilidad en el laboratorio y, al ser un invertebrado, no está sujeto a tantas restricciones de investigación, lo que lo hace útil en contextos donde existen obstáculos legales o una infraestructura de bioseguridad limitada para el uso de líneas celulares humanas o de otros vertebrados.
«Los mayores avances científicos se producen al encontrar un análogo natural de lo que se está estudiando. Aquí tenemos esta especie con una capacidad revolucionaria, y no teníamos ni idea. Esto nos recuerda cuánto queda por descubrir en el medio marino y lo importante que es proteger estos recursos que podrían contener conocimientos realmente valiosos», concluye Sipler.
