A través de mi perfil @curiosisimo_ en la red social Instagram, me preguntan por qué da la sensación de que el tiempo pasa más deprisa cuando nos hacemos mayores.. Según nos vamos haciendo mayores, muchas personas sentimos que el tiempo pasa cada vez más deprisa. La sensación de que los años vuelan mientras los veranos de la infancia parecían interminables no es solo nostalgia, sino un fenómeno estudiado por la neurociencia y la psicología. El tiempo del reloj avanza igual para todos, sin embargo la manera en que el cerebro registra lo que nos ocurre cambia con la edad y modifica nuestra experiencia interna de los días y los años. En la niñez casi todo es nuevo, el cerebro se detiene en cada detalle y genera recuerdos muy detallados, mientras que en la vida adulta predominan las rutinas y las jornadas parecidas entre sí, que el cerebro tiende a resumir. Cuando miramos atrás no recordamos cada detalle de cada día, sino una selección de momentos destacados, y esa especie de montaje mental hace que largos periodos se perciban como si hubieran pasado en un suspiro.. El ingeniero rumano-estadounidense, Adrian Bejan propuso, en un artículo científico publicado en 2019 en la Cambridge University Press, que el cerebro funciona como una cámara interna. Durante nuestra infancia y juventud las redes neuronales son rápidas y captan muchas escenas mentales por segundo; al envejecer las conexiones se alargan, el procesamiento se hace más lento y se registran menos escenas. Si el sistema interno marca menos cambios, la vida se siente acelerada, idea que encaja con otros estudios que relacionan la caída de la dopamina con una mayor tendencia a subestimar la duración de los sucesos.. La llamada ‘teoría proporcional’ recuerda que cada año ocupa una porción cada vez más pequeña de la biografía, de modo que para un niño de 10 años un año entero supone el diez por ciento de su vida, mientras que para una persona de 50 apenas llega al dos por ciento, y esa diferencia influye en cómo se siente el paso del tiempo cuando miramos hacia atrás. Para ensanchar esa experiencia muchos especialistas recomiendan introducir más novedades en el día a día, buscar actividades que rompan la rutina, aprender habilidades distintas, viajar siempre que sea posible y ejercitar una atención plena sobre lo que hacemos y sobre lo que nos rodea, como si en lugar de registrar solo unas cuantas escenas sueltas por año fuéramos añadiendo muchos más fotogramas a nuestra película personal, creando una sensación de recorrido más amplio y vivido.
A través de mi perfil @curiosisimo_ en la red social Instagram, me preguntan por qué da la sensación de que el tiempo pasa más deprisa cuando nos hacemos mayores.. Según nos vamos haciendo mayores, muchas personas sentimos que el tiempo pasa cada vez más deprisa. La sensación de que los años vuelan mientras los veranos de la infancia parecían interminables no es solo nostalgia, sino un fenómeno estudiado por la neurociencia y la psicología. El tiempo del reloj avanza igual para todos, sin embargo la manera en que el cerebro registra lo que nos ocurre cambia con la edad y modifica nuestra experiencia interna de los días y los años. En la niñez casi todo es nuevo, el cerebro se detiene en cada detalle y genera recuerdos muy detallados, mientras que en la vida adulta predominan las rutinas y las jornadas parecidas entre sí, que el cerebro tiende a resumir. Cuando miramos atrás no recordamos cada detalle de cada día, sino una selección de momentos destacados, y esa especie de montaje mental hace que largos periodos se perciban como si hubieran pasado en un suspiro.. El ingeniero rumano-estadounidense, Adrian Bejan propuso, en un artículo científico publicado en 2019 en la Cambridge University Press, que el cerebro funciona como una cámara interna. Durante nuestra infancia y juventud las redes neuronales son rápidas y captan muchas escenas mentales por segundo; al envejecer las conexiones se alargan, el procesamiento se hace más lento y se registran menos escenas. Si el sistema interno marca menos cambios, la vida se siente acelerada, idea que encaja con otros estudios que relacionan la caída de la dopamina con una mayor tendencia a subestimar la duración de los sucesos.. La llamada ‘teoría proporcional’ recuerda que cada año ocupa una porción cada vez más pequeña de la biografía, de modo que para un niño de 10 años un año entero supone el diez por ciento de su vida, mientras que para una persona de 50 apenas llega al dos por ciento, y esa diferencia influye en cómo se siente el paso del tiempo cuando miramos hacia atrás. Para ensanchar esa experiencia muchos especialistas recomiendan introducir más novedades en el día a día, buscar actividades que rompan la rutina, aprender habilidades distintas, viajar siempre que sea posible y ejercitar una atención plena sobre lo que hacemos y sobre lo que nos rodea, como si en lugar de registrar solo unas cuantas escenas sueltas por año fuéramos añadiendo muchos más fotogramas a nuestra película personal, creando una sensación de recorrido más amplio y vivido.
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