A primera hora de la mañana, el viento empuja restos de niebla para que la playa de Ofir reciba a los primeros bañistas y los tempranos rayos de sol. Ambos nos dan la bienvenida a este enclave atlántico protegido por dunas salvajes que se desvela al caminar sobre pasarelas de madera mientras uno escucha el rumor del alba y de las olas como quien espera a que la luz sea creada. Estamos en Esposende, un pequeño municipio del distrito de Braga, en el estuario del río Cávado, a tan solo media hora en coche de Oporto. Además de por su riqueza natural, Esposende nos reclama por ser la cuna del despegue de la arquitectura del movimiento moderno en Portugal. Hemos venido para realizar la ruta del Modernismo en Esposende o, dicho de otro modo, para entender un capítulo fundamental de la arquitectura portuguesa y, por qué no reconocerlo, visitar un museo al aire libre único en el mundo. El conocido Roteiro modernista cuenta con 18 paradas —entre casas y hoteles— no muy alejadas entre sí, concentradas en Esposende y sus alrededores.. Nuestra primera cita es en Marinhas, en las afueras de Esposende, con Paulo Guerreiro, arquitecto, profesor y artífice de la ruta, que no por casualidad nos espera en la Casa das Marinhas (1954-1957), una de las obras maestras de Alfredo Evangelista Viana de Lima (1913-1991), considerado uno de los pioneros en la introducción de la arquitectura del movimiento moderno en Portugal. Esta casa familiar, concebida como lugar de veraneo es, según Guerreiro, la recepción de ese macromuseo vivo que es la arquitectura racionalista en Esposende.. Atardecer junto al mar en Esposende.robert harding ( Alamy/ CORDON PRESS ). El propio Viana de Lima definió esta casa como “el solar de los tiempos modernos”. Todo empezó con un viejo molino que adquirió el arquitecto, entregado a la pureza de su forma, a partir del cual aplicaría las medidas del Modulor de Le Corbusier en la escala, la forma, la dimensionalidad y los colores. Es, por tanto, una construcción que concentra los preceptos del movimiento moderno y, al mismo tiempo, expresa el equilibrio entre los conceptos de modernidad y tradición, como demuestra el uso de la piedra y su textura rústica en la fachada, esencia de la arquitectura popular portuguesa, que le da un aire regionalista y culturalista. Lo internacional y lo nacional.. El juego de colores de las ventanas remite inevitablemente a la arquitectura y el mobiliario de Charles y Ray Eames, como también el diseño de los Bancos VL que se ven en el interior, mezcla de depuración y artesanía. El jardín trasero refleja el programa modernista y su falsa ventana en el muro imita la de Le Corbusier en la Villa du Lac, en Suiza. El cuerpo cilíndrico del molino funciona como entrada y como acceso al segundo piso a través de una escalera circular. En el primer piso, el espacio es fluido. La cocina, una auténtica Frankfurt Kitchen —la famosa cocina diseñada por Margarete Schütte-Lihotzky en los años veinte para el complejo de vivienda Social Römerstadt de Fráncfort, que supuso una revolución en el modelo de vivienda social—, es un derroche de funcionalidad. La sala de estar, con doble altura y generoso acristalamiento con vistas al mar, a lo lejos, se articula suavemente con la planta superior, donde se encuentran las habitaciones y el estudio del arquitecto.. La Casa das Marinhas, del arquitecto Viana de Lima. Luís Ferreira Alves ( Arquivo Casa da Arquitetura ). Viana de Lima se formó en la Escuela de Bellas Artes de Oporto. Participó en varios CIAM defendiendo los principios expresados en la famosa Carta de Atenas de 1933, bajo la influencia de Le Corbusier. Su enorme currículum incluye varios iconos de la arquitectura portuguesa, como el Complejo Hospitalario de Bragança, la Facultad de Economía de la Universidad de Oporto, la Casa Arístides Ribeiro, el Casino Park Hotel de Funchal —en colaboración con Niemeyer— y, evidentemente, esta Casa das Marinhas, incluida en la selecta red internacional Iconic Houses, cuya misión es identificar y preservar viviendas de relevancia arquitectónica del siglo XX que puedan visitarse. Las visitas, a cargo de Guerreiro, pueden concertarse a través de la web y resultan una experiencia luminosa.. El interior de la Casa das Marinhas.Luís Ferreira Alves (Arquivo Casa da Arquitetura). A principios del siglo XX, Esposende era un reducto de fortunas: los tornaviagem de Brasil —emigrantes que habían hecho fortuna y volvían— tenían dinero suficiente como para encargar obras a los arquitectos más destacados de entonces, ninguno tan determinante como Miguel Ventura Terra, cuyas aportaciones siguen dando personalidad a Esposende: el Museo Municipal —antiguo Teatro Club—, el Palacete de Valentim Ribeiro da Fonseca —de un art nouveau de manual— o el Hospital de Esposende. Todo ello, siempre bajo el influjo de Raúl Lino, que además de arquitecto publicó libros teóricos en los que defendía la arquitectura popular como La casa portuguesa (1929), Casas portuguesas (1933) y L’évolution de l’architecture domestique au Portugal (1937), que posteriormente se recogieron en un libro de título maravilloso: No es un artista el que quiere serlo. Luego, en los años treinta, la ciudad siguió despertando el interés de las familias adineradas cuyos negocios prosperaban bajo el régimen del Estado Novo, que veraneaban aquí y apostaban por edificios residenciales acordes con los tiempos.. Mientras nos dirigimos a la siguiente parada, Guerreiro explica: “Esto era un lugar ideal para el descanso, ya que estaba cerca del triángulo industrial formado por Oporto, Braga y Guimarães. Hoy es un paisaje único que combina la vegetación, el mar y la luz, y que esconde algunos de los secretos arquitectónicos mejor guardados”.. Secretos como la casa de Pádua Ramos, en la Rua Azevedo Coutinho de Fão, que visitamos de la mano de su hija y que se reconoce por el uso del color amarillo en las persianas. Otra casa de vacaciones con gran dificultad de integración en el tejido urbano, algo que condicionó su aspecto, su color, sus cubiertas y su volumen.. Exterior de la casa de Pádua Ramos.Arquivo Pádua Ramos. El arquitecto Luis Duarte Pádua Ramos nació en Mozambique en 1931 y falleció en Matosinhos en 2005. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Oporto entre 1949 y 1957. En 1955, fue invitado a trabajar en el estudio de arquitectura de José Carlos Loureiro, junto a quien realizaría gran parte de su obra. En todo caso, la influencia de Pádua Ramos es muy expansiva y cabe reseñar, además de su labor como arquitecto, cuánto aportó al diseño industrial y como coleccionista de arte de los siglos XVI al XX, atesorando miles de piezas entre las que destacan joyas, muebles, esculturas, cerámicas y pinturas de célebres firmas como Ruhlmann o Lalique —el refinamiento del art déco—, Braque o Dalí.. La casa de Fão condensa bien esa triple función y demuestra cómo Pádua Ramos —responsable de edificios de Oporto que forman parte de la memoria sentimental de la ciudad, como el Hotel Dom Henrique— representa ese momento en el que la arquitectura portuguesa empieza a liberarse de la ortodoxia del movimiento moderno y se abre a un lenguaje mucho más libre, casi lúdico. Ello se percibe claramente en la atención al diseño de interiores, a los objetos y al mobiliario, que se inscribe en la posmodernidad y que a veces roza lo kitsch.. El día precisa de una parada técnica para restaurarnos con un delicioso arroz com ovas de peixe y un cherne recién pescado en el restaurante Camelo, en Apúlia, algo así como el templo gastronómico de la zona, aunque también podemos decantarnos por lugares más populares como Rita Fangueira —donde se recomienda pedir los filetes de pulpo rebozados con arroz de pulpo, un plato sumamente sexi— y, para los muy golosos, la pastelería Marbela de Esposende, donde conviene probar los folhadinhos.. View this post on Instagram. El pinar de Ofir, que se extiende ante el hotel Axis Ofir —una obra de Alfredo Magalhães—, además de brindar las mejores sombras, ofrece una lección de arquitectura. Entre los árboles se esconden algunas de las casas que cambiaron la manera de construir en Portugal, porque este pinar entre el Atlántico y el Cávado, alejado de contaminación acústica y visual y que desemboca en las dunas que preceden al poder narcótico del mar, se convirtió, durante los años cincuenta y sesenta, en un auténtico laboratorio de la arquitectura portuguesa moderna. Al ser un lugar privilegiado para construir segundas residencias, permitió a arquitectos como Fernando Távora, Viana de Lima, Lixa Filgueiras o Alcino Soutinho experimentar con una nueva manera de habitar el territorio, mucho más respetuosa con la topografía, la vegetación y el clima.. Veamos, por ejemplo, la Casa del Dr. Fernando Ribeiro da Silva, de 1956, conocida simplemente como Casa de Ofir, una de las obras fundamentales de Fernando Távora y, probablemente, la que mejor explica el nacimiento de la arquitectura portuguesa contemporánea. No es una vivienda más dentro de su producción: es un manifiesto. Muy contenida, rotunda en su aparente sencillez, no pretende imponerse al paisaje. Távora la concibió como un composto, una arquitectura nacida del encuentro entre el bosque, el océano, la tradición constructiva portuguesa y las necesidades de su propietario. Para él, un edificio debía ser el resultado de muchos factores que actúan conjuntamente: el lugar, el paisaje, la cultura, el cliente, el programa, la técnica, la tradición, la experiencia del arquitecto…. Calle en la pequeña localidad portuguesa de Esposende. Jun Zhang ( GETTY IMAGES ). Hasta mediados de los años cincuenta, la arquitectura portuguesa parecía debatirse entre el racionalismo internacional y el regionalismo autóctono promovido por el Estado Novo. Távora propone una tercera vía. No copia la arquitectura popular, pero tampoco ignora el lugar. Integra la topografía, el pinar, el clima, la tradición constructiva y los nuevos materiales en una síntesis extraordinariamente natural. Así empezó a tomar forma una manera de construir que acabaría definiendo la Escuela de Oporto y marcaría a arquitectos como Álvaro Siza o Eduardo Souto de Moura.. La Casa de Ofir parece haber estado siempre aquí. Sobre ella, Siza escribió unas líneas preciosas en 1987 refiriéndose a la chimenea, que se ha convertido en el elemento más emblemático de la vivienda: “No es más que otra chimenea entre las luminosas y esenciales construcciones del litoral minhoto; provoca, en esa naturalidad, una auténtica sorpresa renovadora; en esa época, poca gente era sensible a la utilización de una estructura espacial moderna y nórdica”. No resulta difícil adivinar por qué Siza admiraba esta casa. En la disposición quebrada de las cubiertas y en la forma de acomodarse entre los pinos ya aparecen algunas de las preocupaciones que unos años después desarrollarían obras como la Casa de Chá da Boa Nova, un proyecto que, dicho sea de paso, empezó Távora, quien acabó cediéndoselo.. La Casa del Dr. Fernando Ribeiro da Silva, conocida simplemente como Casa de Ofir, es una de las obras fundamentales de Fernando Távora en Esposende.u. lahoz. Estamos cerca de la casa privada de João Pinto de Sousa, un hombre excepcional que conocía y admiraba al arquitecto Alcino Soutinho, al que encargó una casa superlativa en la que lleva viviendo, él solo y con sus perros, más de 20 años, porque le resulta imposible abandonarla. No hay que ser un genio para entenderlo. Considerado por la crítica como un arquitecto de la Escuela de Oporto, Soutinho obtuvo el Premio AICA —Asociación Internacional de Críticos de Arte— en 1984 y el Premio Europa Nostra —Federación Internacional para la Protección del Patrimonio Cultural y Natural de Europa— en 1982. También participó en importantes proyectos arquitectónicos a escala nacional, como el Ayuntamiento de Matosinhos —inaugurado en 1987 y considerado una obra fundamental de la arquitectura contemporánea portuguesa, por ser el primer edificio institucional construido después de la Revolución Democrática del 25 de Abril de 1974—.. Fachada de la casa privada de João Pinto de Sousa, una obra diseñada por el arquitecto portugués Alcino Soutinho en 1984.. Esta casa se reconoce por su color rosa desvaído —cómo no acordarse de Barragán—. Un lenguaje expresivo con reminiscencias de arquitectura palladiana. El dueño nos guía por el interior resaltando la presencia de pilares de mármol independientes de la estructura. Para definir la experiencia de habitar aquí repite varias veces la palabra “tranquilidad”. Dice que es una casa que inspira tanto al contemplarla como al vivirla. Y, al constatar el buen estado de su forma y de su humor, no nos extraña lo más mínimo. Cualquiera con dos dedos de frente y mucho dinero para vivir de rentas se atrincheraba en este refugio con ventanas circulares en las habitaciones que, si se cierran a medias, adquieren la forma de la luna en todas sus menguantes.. Otro de los platos fuertes de esta ruta es el vecino Hotel Parque do Rio, del arquitecto Júlio Oliveira. Es una obra maestra que visitamos con la nieta del arquitecto, Anna, quien, junto a su hermano, regenta este alojamiento de inspiración Bauhaus, con ecos de racionalismo italiano, que se hizo más o menos famoso al servir de escenografía de las películas Viver Mal y Mal Viver, del director João Canijo, premiadas en Cannes.. View this post on Instagram. Primero vino la piscina, una obra extraordinaria por sus formas orgánicas; luego vino el hotel, concebido como una “obra de vida” por el arquitecto. El mobiliario del comedor, de Daciano Costa, y las lámparas de Tom Dixon aportan una elegancia que realza el espacio. Atención al “espatulado” tan orgánico de las paredes de la sala de estar y a la madera de pino de las escaleras. Pernoctar aquí es entender que la buena arquitectura y el buen diseño mejoran la vida.. Como nota a pie de página, conviene recordar que una parte de la película Una quinta portuguesa (2025), con Manolo Solo como protagonista, que tan buena acogida ha tenido este año, se rodó en Esposende, concretamente en su estuario y en el Hotel Suave Mar. Una institución para este rincón de Portugal en el que la masificación es ciencia ficción.
A primera hora de la mañana, el viento empuja restos de niebla para que la playa de Ofir reciba a los primeros bañistas y los tempranos rayos de sol. Ambos nos dan la bienvenida a este enclave atlántico protegido por dunas salvajes que se desvela al caminar sobre pasarelas de madera mientras uno escucha el rumor del alba y de las olas como quien espera a que la luz sea creada. Estamos en Esposende, un pequeño municipio del distrito de Braga, en el estuario del río Cávado, a tan solo media hora en coche de Oporto. Además de por su riqueza natural, Esposende nos reclama por ser la cuna del despegue de la arquitectura del movimiento moderno en Portugal. Hemos venido para realizar la ruta del Modernismo en Esposende o, dicho de otro modo, para entender un capítulo fundamental de la arquitectura portuguesa y, por qué no reconocerlo, visitar un museo al aire libre único en el mundo. El conocido Roteiro modernista cuenta con 18 paradas —entre casas y hoteles— no muy alejadas entre sí, concentradas en Esposende y sus alrededores.
