La Rama es la fiesta más multitudinaria de Gran Canaria, con entre 40.000 y 50.000 personas en su día grande, el 4 de agosto. Agaete, el pueblo donde se celebra, siempre soleado, a veces ventoso, ubicado en la suave curva cóncava que dibuja el comienzo de la celebración, tiene 5.500 habitantes. A las cinco de la mañana, con el cielo lleno de banderines triangulares de colores, un volador señala el inicio del jolgorio. A las diez, otro cohete hace que una marabunta de ramas agitadas entre los tradicionales papahuevos —gigantes y cabezudos— cruce el pueblo hasta el Puerto de las Nieves, donde se depositan en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Las históricas bandas de Agaete y Guayedra se turnan con otras más recientes. La charanga no se detiene hasta las seis de la tarde. La mayoría no duerme desde el día anterior. El chapuzón, después de un día de jarana ininterrumpida bajo un sol radiante, sabe a revelación.. El casco urbano de Agaete, de casitas blancas y azules, dista un kilómetro del Puerto de las Nieves. Barrios como San Pedro y El Risco ofrecen también grandes atractivos. San Pedro está en el Valle; es donde se cultiva el oro negro de Agaete, su café. El Risco es el punto de acceso al Charco Azul, el final de una espectacular cascada que nace mil metros arriba, en el pinar de Tamadaba. Llegar pateando es fácil, pero aguarda a después de las lluvias; entonces podrás nadar en sus gélidas y revitalizantes aguas.. Si el viento del Valle te trae balidos, podrán ser los de las 170 cabras de Ismael García, un joven pastor trashumante que, tras la pandemia, puso en marcha la primera quesería ambulante de Canarias. Seis meses vive en Agaete; seis, en la cumbre de la isla. Ismael produce exquisitos quesos semicurados y tiernos. “Mis cabras comen lo mejor de la montaña: retama, escobonal. Ese es el secreto”. Para comprar, debes llamarlo directamente (649 343 905). Su marca es Taiguy, el nombre de su hija, todo un personaje a sus dos años.. La Bajada de La Rama es el momento culminante de la fiesta de Agaete y congrega a entre 40.000 y 50.000 personas.Alamy / Cordon Press. Enfrente de la quesería, Lourdes Pérez dirige el excepcional hotel rural Las Longueras, una espectacular casona de dos plantas, color rojo inglés, con jambas blancas, piscina de seis por doce metros con solárium y ermita consagrada. Ha trabajado toda su vida aquí. El hotel, inaugurado en 1995, es uno de los primeros hoteles rurales de Canarias. Pertenece a los Manrique de Lara Bravo de Laguna, que siglos atrás fueron dueños de todo el Valle. Sus doce habitaciones son todas diferentes, todas con el aroma de la Canarias más señorial. A setenta metros, en la antigua gallanía, dos modernas junior suites, distribuidas en dos alturas, son las más exclusivas, con vistas al paisaje desde su bañera de hidromasaje. El trato es cercano y muy amable. Desayunas a la carta en la amplia terraza, con las gallinas Clotilde y Vanessa picoteando a tu lado. Puedes explorar el histórico Jardín de Cactus, entre plataneras, higueras, hibiscos y plantas de aloe. O pasear por las 173 hectáreas de la finca, entre árboles frutales que dan mangos, papayas, aguacates, mandarinas y naranjas.. Más adentro, en el Valle, en el barrio de San Pedro, Santiago (Tillo) ha recuperado en Café Platinium una tradición familiar de 130 años. Es una de las tres plantaciones de café de Agaete que ofrecen visitas, junto con Finca Los Castaños y La Laja. Tillo no solo enseña el modo tradicional de cultivo, sino también cómo se despulpa, descascarilla y zarandea el café. El tueste tradicional lo muestra en una terraza donde también puedes comprar deliciosas mermeladas de guayaba, melón o tomate de La Aldea.. La tradición de recoger las ramas en la montaña se mantiene viva en Agaete generación tras generación.Alamy / Cordon Press. En Agaete, la oferta alojativa es de gran calidad. El Occidental Roca Negra es un hotel solo para adultos con piscina, spa, gimnasio y 140 habitaciones, de las cuales siete son junior suites de 57 metros cuadrados. Está situado al final de un privilegiado promontorio sobre el mar, el Turmán, y tiene acceso a pie a una de las zonas de baño más demandadas: las piscinas naturales de Las Salinas. Al bufé del desayuno y de la cena puedes ir aunque no seas huésped. También al spa. El tratamiento más demandado es un envoltorio integral con aloe vera. La azotea del hotel abre al atardecer todos los días; los fines de semana, con música en vivo. Puede ocurrir que el paisaje que se te abra delante, a medida que el sol cae, te parezca un espectacular forillo de cine, con nubes caprichosas bailando alrededor de la monumental silueta de Tenerife, con el Teide de actor protagonista pintando de rojo intenso el cielo verde turquesa.. Atardecer sobre el valle de Agaete, uno de los paisajes más singulares del noroeste de Gran Canaria.. A 10 minutos a pie desde el Turmán, un letrero señala el camino de La Caleta, un espacio para el baño poco conocido. Bajas unas escaleras de piedra y, en el lecho del barranco, te recibe un hermoso cañaveral que te saluda agitándose al viento con movimientos sincopados. No es difícil imaginar aquí a canarios prehispánicos, como su Dios les trajo al mundo, mariscando y pescando en rocas y charcones. Si vas temprano, la comunión con la naturaleza, en soledad, sin ropa, a pie de mar, es total.. Pero la playa naturista por antonomasia de Agaete es Guayedra, la preferida del pintor Manolo Millares. Tomas la GC-200 hacia La Aldea, aparcas junto a la parada de guaguas en el barranco homónimo y bajas treinta minutos. En marea baja, podrás tumbarte en una lámina de arena negrísima junto a teniques sin aristas, moldeados por las olas durante milenios. Extrema las precauciones: aquí el océano pega fuerte.. Bajando el barranco, unas vallas marcan el perímetro de Redondo de Guayedra. Su dueño, Normando Moreno, lo explica en un libro: «En Guayedra se puede sentir y palpar la presencia de los últimos hombres libres de Tamarant (Gran Canaria), que deambularon y habitaron aquel territorio agreste y amable al mismo tiempo». Quien se aloje en este oasis de tranquilidad ecuménica debe saber que, en los Pactos de Anexión a Castilla de la isla, en 1483, esta zona quedó reservada para que vivieran, según sus costumbres y normas, 40 familias aborígenes, entre ellas Tenesor Semidán, rey del norte de la isla, rebautizado como Fernando Guanarteme.. El paisaje volcánico del noroeste de Gran Canaria, entre Agaete y el macizo de Tamadaba Carlos Fernandez (Getty Images). De las 14 villas del resort de agroturismo, de 120.000 metros cuadrados, todas mimetizadas en el paisaje, la Cueva del Rey, de 75 metros cuadrados, es donde Moreno cree que habitó el mismísimo Tenesor. El suelo es de cristal para no dañar las cazoletas originales del piso. Otras villas se llaman Teguise, Tara, Teror, Taidía, Tirma, Artenara, Altabaca… La villa Abenchara, nombre de la esposa de Tenesor, mantiene un árbol vivo en su interior. La mayor tiene 115 metros cuadrados. Dos piscinas, aprovechando estanques de riego, y enormes rocas a modo de soláriums, acceso directo a la playa de Guayedra, pista de tenis, rocódromo y gimnasio completan la oferta. Entre los muchos árboles de la finca, destacan dos almácigos de más de 500 años.. También nos hablan los muertos en Agaete. Por tres euros te puedes citar con ellos en uno de los cementerios al aire libre más viejos del mundo, el Maipés de Agaete. Sus esqueletos datan de hace 1.300 años, entre los siglos VII y X de nuestra era. Ahí siguen, en 746 tumbas. Una colada de lava avanzó barranco abajo hace 3.000 años. Ahora es este malpaís, yermo para el hombre, un vergel para invertebrados, las plantas más resilientes y los lagartos de Gran Canaria, alguno de 90 centímetros de largo, que los antiguos canarios aprovecharon para enterrar a los suyos. Lo hacían en cistas, huecos en la tierra que tapaban con lajas y completaban con un túmulo circular erigido con piedras volcánicas y rematado, a veces, por unas piedras de colores, rojas, grises o amarillentas. Ahí abajo siguen hoy hombres, mujeres y niños, solos o en grupos, sin ajuar ni otros elementos funerarios, cubiertos nada más que con juncos. Si miras a la montaña de enfrente, puedes ver señales del tsunami provocado por el desprendimiento de una parte de Tenerife hace 700.000 años.. Hace 18 meses, Rosa Nuez decidió abrir Rösaë (La Cruz, 13) en el garaje de su casa en el barrio junto al Maipés. Ahí vende sus propios diseños: pendientes de conchas, colgantes, anillos, pulseras, camisetas, brazaletes… Por La Rama ha sacado una colección de zarcillos con los rostros de los papahuevos. Otros comercios genuinamente locales son Coordenadas Store (moda surfera); Texiade (diseño, láminas de decoración); Jacaranda (jabones); y Nanaya Crochet (productos artesanales en crochet).. Vista del valle de Agaete, donde conviven cafetales, frutales y algunos de los paisajes más característicos de Gran Canaria. La naturaleza de Agaete es incomparable. En el Valle, los hitos del macizo son los roques Bermejos, el roque La Sombra, la Abejera, la Era de Berbique y el pico del Gavilán. Desde el barrio de San Pedro, una exigente subida te lleva a ellos; es la que toman los lugareños para recoger las ramas de la fiesta. Más al oeste, Faneque es el padre de todos los roques, un gigante viejo, sapientísimo, de 1.008 metros de altura, con uno de los acantilados sobre el mar más altos del mundo. Tras él, una cola de dragón, el Andén Verde, el final de la curva cóncava, ya en el municipio de La Aldea. Algunos dicen que es Drogon, el dragón superviviente que llevó el cadáver de su reina Daenerys tras destruir el Trono de Hierro. Aquí descansarían sus restos, petrificados desde los tiempos remotos. Pocos paisajes pueden ser más evocadores que este. En la prestigiosa serie Pluribus (2025), aparece como parte del viaje en coche que Manousos (Carlos Manuel Vesga) emprende desde Paraguay para reunirse con Carol (Rhea Seehorn) en California. Agaete es cuna de inspirados creadores; los pintores Pepe Dámaso y José del Rosario, el escultor Pedro de Armas y el bailarín Lorenzo Godoy son algunos de los más destacados.. Visitamos el casco urbano. En la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción se conserva un famoso retablo de pintura flamenca del siglo XVI que originariamente estuvo en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, en el Puerto de las Nieves. Fue encargado para un convento que nunca se construyó en los tiempos de los ingenios azucareros. Si hablas con el cura, te deja verlo; búscalo antes de la misa. Muy cerca, el Huerto de las Flores es un jardín botánico de finales del siglo XIX, recientemente renovado con una pasarela de madera y paneles explicativos de las especies que alberga, provenientes de las antiguas colonias españolas y británicas e incipientes repúblicas americanas independientes. Hace un siglo, el Huerto de las Flores fue lugar de tertulias de canarios excepcionales, entre ellos los poetas Alonso Quesada, Tomás Morales y Saulo Torón.. Desde Guayedra se divisa el Puerto de las Nieves, el histórico barrio marinero de Agaete. Desde niño, Derya, natural de Kayseri (Turquía), intérprete de saz, soñaba con montar una cafetería. Desde el pasado abril regenta, con su pareja, Kerstin, berlinesa y maestra de yoga, la cafetería del Huerto de las Flores, Cafederya. “Un oasis dentro del oasis. Un lugar para desacelerarte”, explica ella. Ofrecen cafés de Kenia, Costa Rica, Etiopía, Colombia, Brasil y Honduras. Sus tartas y salados son todos caseros, con ingredientes orgánicos. Muy cerca, el restaurante Calle Larga abrió el pasado febrero. La amplia cristalera del salón da a las copas de los árboles del Huerto. Las albóndigas con salsa teriyaki, la ensaladilla rusa caramelizada y el mus de gofio de La Gomera son platos estrella. Al lado, Mari Pino dirige la terraza El Surtidor con su familia en el mismo local donde estuvieron el primer correo de Agaete y la primera gasolinera. Su ropa vieja es excelsa. Ella misma la explica: “Fritura con ajo, cebolla y pimiento, con vino blanco, garbanzos, carne de pollo y morcillo, papas fritas en tacos, todo condimentado con tomillo, laurel, azafrán y pimentón dulce y picante”.. View this post on Instagram. Pero un paseo por el lado más salvaje de este pueblo, que no sabe estarse quieto, pasa por Finca Oaxaca, a medio camino entre el Puerto de las Nieves y el casco de Agaete. Su propietario es Julio Valdez, prestigioso chef reconocido como embajador de la gastronomía y las tradiciones mexicanas. Además de restaurante, Finca Oaxaca cuenta con ocho tipos de alojamiento para clientes dispuestos a atreverse con experiencias alojativas insólitas. Lo más: dormir en el interior de dos enormes huevos, como de brontosaurio, con aseo y ducha en el exterior. Están hechos de adobe, mallas de gallinero y fibra de vidrio. Para comer no hay carta; cada día es una sorpresa. A nosotros nos recibe con kombucha artesanal para la digestión. Detrás, tostada de tinga de pollo con salsa de tomate y chile chipotle. De principal, ceviche de langostinos y pulpo; tacos de langostino en tempura; y enchiladas de pollo en salsa de chile poblano, gratinadas al horno. En la terraza no paran de sonar canciones mexicanas y mambos de Pérez Prado. Si te atreves, tienen un excepcional mezcal.. Siguiendo hacia el puerto, llaman la atención unas casas que los lugareños conocen como “las de los Picapiedra”. Es La Palmita 8, un icónico complejo de once viviendas de 120 metros cuadrados, de formas redondeadas, con ventanas con molduras cuadradas que parecen televisores de los de antes. Sus enfoscados, como de plastilina, fueron esculpidos a cuchara por los propios arquitectos, Bello y Monterde. Enfrente, en la casona sobre un pequeño parque con esculturas, el restaurante La Palmita es un clásico de la restauración con 30 años de vida. Probamos ensalada de tomate, cebolla, aguacate y ventresca, escaldón de gofio, lomos de medregal y pulpo sancochado, todo acompañado de mojos rojo y verde. A nuestro lado come el párroco. Nos copiamos de su postre: un glorioso sorbete de mango.. El paisaje volcánico del valle de Agaete conserva algunas de las formaciones geológicas más singulares de Gran Canaria.. De las terrazas del Puerto de las Nieves, El Dedo de Dios es la mejor situada, delante de la playa del muelle, con vistas al monumento natural más famoso del pueblo, que perdió todas sus falanges durante la tormenta tropical Delta, en 2005. Otra terraza que triunfa es Angor. El trasiego de bandejas de pescado fresco, calamar sahariano, longorones, gofio escaldado y gambas al ajillo no tiene fin. Ninguna admite reservas.. En Agaete nunca te cansarás de bañarte. En el Puerto de las Nieves puedes hacerlo en su playa de callaos, adecuada en los años noventa del siglo XX con soláriums de madera de los arquitectos Félix Juan Bordes y Miguel Saavedra. Está protegida por el espigón donde atraca el barco que en una hora te pone en Tenerife. También son famosas las piscinas naturales de Las Salinas, al final del paseo que arranca en el puerto. Pero donde tienes que darte un chapuzón al menos una vez en la vida es en el Muelle Viejo, obra de Juan León y Castillo. Puedes lanzarte al mar desde cualquiera de sus escaleras de piedra. Lo transparente y fresca del agua te hace pensar que nadas en cristal.
La Rama es la fiesta más multitudinaria de Gran Canaria, con entre 40.000 y 50.000 personas en su día grande, el 4 de agosto. Agaete, el pueblo donde se celebra, siempre soleado, a veces ventoso, ubicado en la suave curva cóncava que dibuja el comienzo de la celebración, tiene 5.500 habitantes. A las cinco de la mañana, con el cielo lleno de banderines triangulares de colores, un volador señala el inicio del jolgorio. A las diez, otro cohete hace que una marabunta de ramas agitadas entre los tradicionales papahuevos —gigantes y cabezudos— cruce el pueblo hasta el Puerto de las Nieves, donde se depositan en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Las históricas bandas de Agaete y Guayedra se turnan con otras más recientes. La charanga no se detiene hasta las seis de la tarde. La mayoría no duerme desde el día anterior. El chapuzón, después de un día de jarana ininterrumpida bajo un sol radiante, sabe a revelación.
