En los años 70 y 80, Ana Belén y Víctor Manuel eran una de las parejas más conocidas de España. Pero poca gente conocía de verdad a Víctor Manuel San José y María del Pilar Cuesta, sus verdaderos nombres completos. De ahí que a Marina, su hija, le extrañase cuando era pequeña que hubiese quienes, durante un paseo o de vacaciones, les parase como si fuesen estrellas, alabándoles, pidiéndoles autógrafos o simplemente dándoles la mano. «Para mí eran mis padres, punto. Solo me daba cuenta de que eran distintos cuando íbamos por la calle y todo el mundo los saludaba», ha reconocido en alguna ocasión.
Porque sus padres, mucho antes de que se pusiera de moda dado lo exacerbado del asunto con las redes sociales, ya estaban en contra de lo que se acabaría denominando sharenting, la práctica de algunos progenitores de compartir continuamente a través de internet fotografías, vídeos o informaciones de los menores. Para el día a día, Ana Belén y Víctor Manuel no eran tanto la actriz y el cantautor, sino los padres de David, nacido en noviembre de 1976, y de Marina San José, que vino al mundo el 16 de septiembre de 1983.
Esta jugada, acaso entre los pioneros en nuestro país con respecto a sus hijos, consiguió que ambos se criasen en un ambiente más tocante a la familia común que al ejercicio de la pura fama: hasta que no fueron mayores de edad no se publicaron sus rostros, así como los medios no hablaban de ellos, dado que Ana Belén y Victor Manuel entendieron que si no posaban con ellos, si nadie les conocía, no podían ser parte de la conversación, no habría presión mediática y se criarían, al cabo, como cualquier niño o niña de su edad.
Todo ello no fue óbice para que, lejos de las cámaras, la joven y su hermano sí que frecuentasen el ambiente artístico pujante en la época tardofranquista y en los primeros compases de la democracia. Huelga decir que vivieron entre bambalinas los conciertos u obras teatrales de sus progenitores. De hecho, la forma en la que entendió el matrimonio que debía vivir su matrimonio con respecto a sus hijos sería copiada por otros artistas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Luis Eduardo Aute.
Una cosa era la faceta artística y otra muy distinta de puertas para dentro en la familia, algo que la prensa acabó aprendiendo a respetar y de ahí que se hablase tan poco de las vidas privadas de los susodichos o de sus hijos. De hecho, de las pocas entrevistas que concedió Ana Belén sobre su papel de madre fue con la revista Lecturas, en las que sí mostró a su primogénito, David, cuando apenas tenía unos meses. En aquel posado, junto con las preguntas de la publicación, dejaba claro cómo quería ser con respecto a la maternidad.
«Me gustaría educarlo muy libre, con todos los problemas que eso trae. Es decir, lo que no me gustaría es que solo viera el lado bueno de las cosas y que de mayor tuviese un choque porque en la calle las cosas son de otro modo. Lo que sí me gustaría es que mi hijo fuera un niño autónomo y que hiciera lo que quisiera en cada momento, sin ninguna inhibición a raíz de problemas religiosos y moralistas como los que nosotros hemos tenido de pequeños», afirmó en la conversación, rescatada ahora de nuevo por el medio y que viene pintiparada para saber qué hizo Marina, quien en un primer momento deseaba ser veterinaria.
Sin embargo, nada más finalizar los estudios secundarios, quiere seguir los pasos de su madre. Al igual que a su hermano le llamó la música tras un breve escarceo con la informática, Marina optó por la interpretación, matriculándose en el Laboratorio William Layton, una escuela de actores y actrices de Madrid, amén de también aprender canto y danza. De hecho, utiliza en sus comienzos un seudónimo, Xana, cuando colabora como corista junto a sus padres en una gira.
Pero a partir de su debut sobre las tablas—en una adaptación de El cartero de Neruda, la conocidísima obra de Antonio Skármeta que ya había sido llevada al cine por Michael Radford en 1994—, su carrera se va consolidando sobre las tablas. La fama, como tal, le llegaría algo más tarde, a partir de 2008, cuando es una de las actrices principales de la cuarta y quinta temporadas de Amar en tiempos revueltos, por la que llegaría una nominación al premio Unión de Actores a la mejor actriz secundaria de televisión.
A partir de entonces, aunque no tan pródiga en el cine, sí que ha ido acumulando papeles en obras de teatro muy reconocidas y laureadas, como Hermanas, El test o Una semana nada más, además de papeles en La que se avecina, Gran reserva o 45 revoluciones. Además, sería concursante de Masterchef Celebrity en 2017, donde fue la tercera expulsada, si bien años más tarde reconocería que no estaba en su «mejor momento» para concursar.
La joven ha seguido los pasos de su madre y hoy por hoy es una actriz consolidada.
En los años 70 y 80, Ana Belén y Víctor Manuel eran una de las parejas más conocidas de España. Pero poca gente conocía de verdad a Víctor Manuel San José y María del Pilar Cuesta, sus verdaderos nombres completos. De ahí que a Marina, su hija, le extrañase cuando era pequeña que hubiese quienes, durante un paseo o de vacaciones, les parase como si fuesen estrellas, alabándoles, pidiéndoles autógrafos o simplemente dándoles la mano. «Para mí eran mis padres, punto. Solo me daba cuenta de que eran distintos cuando íbamos por la calle y todo el mundo los saludaba», ha reconocido en alguna ocasión.. Porque sus padres, mucho antes de que se pusiera de moda dado lo exacerbado del asunto con las redes sociales, ya estaban en contra de lo que se acabaría denominando sharenting, la práctica de algunos progenitores de compartir continuamente a través de internet fotografías, vídeos o informaciones de los menores. Para el día a día, Ana Belén y Víctor Manuel no eran tanto la actriz y el cantautor, sino los padres de David, nacido en noviembre de 1976, y de Marina San José, que vino al mundo el 16 de septiembre de 1983.. Esta jugada, acaso entre los pioneros en nuestro país con respecto a sus hijos, consiguió que ambos se criasen en un ambiente más tocante a la familia común que al ejercicio de la pura fama: hasta que no fueron mayores de edad no se publicaron sus rostros, así como los medios no hablaban de ellos, dado que Ana Belén y Victor Manuel entendieron que si no posaban con ellos, si nadie les conocía, no podían ser parte de la conversación, no habría presión mediática y se criarían, al cabo, como cualquier niño o niña de su edad.. Todo ello no fue óbice para que, lejos de las cámaras, la joven y su hermano sí que frecuentasen el ambiente artístico pujante en la época tardofranquista y en los primeros compases de la democracia. Huelga decir que vivieron entre bambalinas los conciertos u obras teatrales de sus progenitores. De hecho, la forma en la que entendió el matrimonio que debía vivir su matrimonio con respecto a sus hijos sería copiada por otros artistas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Luis Eduardo Aute.. Una cosa era la faceta artística y otra muy distinta de puertas para dentro en la familia, algo que la prensa acabó aprendiendo a respetar y de ahí que se hablase tan poco de las vidas privadas de los susodichos o de sus hijos. De hecho, de las pocas entrevistas que concedió Ana Belén sobre su papel de madre fue con la revista Lecturas, en las que sí mostró a su primogénito, David, cuando apenas tenía unos meses. En aquel posado, junto con las preguntas de la publicación, dejaba claro cómo quería ser con respecto a la maternidad.. «Me gustaría educarlo muy libre, con todos los problemas que eso trae. Es decir, lo que no me gustaría es que solo viera el lado bueno de las cosas y que de mayor tuviese un choque porque en la calle las cosas son de otro modo. Lo que sí me gustaría es que mi hijo fuera un niño autónomo y que hiciera lo que quisiera en cada momento, sin ninguna inhibición a raíz de problemas religiosos y moralistas como los que nosotros hemos tenido de pequeños», afirmó en la conversación, rescatada ahora de nuevo por el medio y que viene pintiparada para saber qué hizo Marina, quien en un primer momento deseaba ser veterinaria.. Sin embargo, nada más finalizar los estudios secundarios, quiere seguir los pasos de su madre. Al igual que a su hermano le llamó la música tras un breve escarceo con la informática, Marina optó por la interpretación, matriculándose en el Laboratorio William Layton, una escuela de actores y actrices de Madrid, amén de también aprender canto y danza. De hecho, utiliza en sus comienzos un seudónimo, Xana, cuando colabora como corista junto a sus padres en una gira.. Pero a partir de su debut sobre las tablas—en una adaptación de El cartero de Neruda, la conocidísima obra de Antonio Skármeta que ya había sido llevada al cine por Michael Radford en 1994—, su carrera se va consolidando sobre las tablas. La fama, como tal, le llegaría algo más tarde, a partir de 2008, cuando es una de las actrices principales de la cuarta y quinta temporadas de Amar en tiempos revueltos, por la que llegaría una nominación al premio Unión de Actores a la mejor actriz secundaria de televisión.. A partir de entonces, aunque no tan pródiga en el cine, sí que ha ido acumulando papeles en obras de teatro muy reconocidas y laureadas, como Hermanas, El test o Una semana nada más, además de papeles en La que se avecina, Gran reserva o 45 revoluciones. Además, sería concursante de Masterchef Celebrity en 2017, donde fue la tercera expulsada, si bien años más tarde reconocería que no estaba en su «mejor momento» para concursar.
