Son demasiadas pistas, sucede otra vez. Sobreexcitada, Aryna Sabalenka ofrece desde el principio un muestrario de todo aquello que no se debe enseñar a la rival: esos nervios, esa tensión, ese furibundo deseo que muchas veces termina siendo contraproducente y que la vuelve a penalizar otra vez: de tanto quererlo, lo desgasta. Tan elogiable su apetito como erosivo en las grandes finales, teniendo en cuenta que ya ha perdido cinco de las nueve —por tanto, más de la mitad— que ha disputado. Tras la derrota de principios de año en Australia, cae de nuevo frente a Elena Rybakina, quien al levantar la cabeza y divisar el horizonte, ve algo que le gusta. Un paisaje similar el de enero.. Seguir leyendo
Son demasiadas pistas, sucede otra vez. Sobreexcitada, Aryna Sabalenka ofrece desde el principio un muestrario de todo aquello que no se debe enseñar a la rival: esos nervios, esa tensión, ese furibundo deseo que muchas veces termina siendo contraproducente y que la vuelve a penalizar otra vez: de tanto quererlo, lo desgasta. Tan elogiable su apetito como erosivo en las grandes finales, teniendo en cuenta que ya ha perdido cinco de las nueve —por tanto, más de la mitad— que ha disputado. Tras la derrota de principios de año en Australia, cae de nuevo frente a Elena Rybakina, quien al levantar la cabeza y divisar el horizonte, ve algo que le gusta. Un paisaje similar el de enero.. Chocan dos personalidades antagónicas y, aunque todavía prevalece el fuego de una, la frialdad de la otra sigue recortando terreno y guiándola hacia un espacio de privilegio. Llega el triunfo de la kazaja (6-4, 5-7 y 6-2, tras 2h 21m) acompañado de un extra, el número uno, y de poder decir ya que ha conquistado tres de los cuatro grandes. Tras Wimbledon (2022) y Melbourne (2026), se hace ahora con el US Open y tan solo le quedará por delante el reto de la tierra batida. Difícil, pero nunca se sabe. Sin estridencias, ni alharacas ni hacer el más mínimo ruido, Rybakina se corona y remacha en septiembre un curso excepcional, enviándole un recado además a su gran rival: ahora, ella debe mover pieza.. Sabalenka domina la rivalidad, 10-8 a su favor, pero la sucesora se eleva como una líder poderosa, regular y afianzada. Imperturbable. Una rara avis en este tenis de hoy en el que mandan la imagen, los TikToks y la exhibición. La bielorrusa pinchó a partir de abril y no ha conseguido deshacerse de todas esas dudas que la rodean, palpables aquí y allá, especialmente en los partidos delicados en los que hay mucho en juego. Y esta vez también lo había. De haber vuelto a triunfar hubiera igualado el triplete neoyorquino logrado por Serena Williams de 2012 a 2014, pero esa agitación casi permanente, probablemente su mayor adversario, vuelve a pasarle factura otra vez. Son ya unas cuantas.. “Perdí la cabeza”, admitió tras caer en el desenlace de 2025 en Roland Garros, contra Coco Gauff. “Quieres morir…”, afirmó un par de meses después, tras inclinarse en Wimbledon ante Amanda Anisimova. “Estoy muy molesta conmigo misma”, se reprochaba este curso en Australia. Y tras el colapso de junio en París, donde perdió diez juegos sucesivos ante Diana Shnaider, exponía: “He caído en un agujero negro. No he sido capaz de meterme mentalmente en el partido”.. Al otro lado de red, un témpano de hielo y golpes: muchos, profundos y desbordantes. Rápido, muy rápido, Sabalenka (28 años) deja ver que ha entrado al duelo excesivamente acelerada, como si le fuera la vida en ello. Pulgar arriba o pulgar abajo. “Yo no sabía si podría jugar el torneo y al final he llegado hasta aquí…”, contraponía dos noches antes Rybakina (27). “Así que lo voy a disfrutar”.. Y del dicho al hecho, la nueva número uno se desempeña sin pestañear ni inmutarse, recta desde el principio y también después, cuando le ha faltado un punto de filo y ha dejado escapar a la rival en el segundo set. Ahí podía haberse torcido o despistado, pero no. Aun así, poso y determinación, una mirada congelada y un tiro devastador —derecha o revés, da lo mismo— que van abriéndose paso hacia su tercer grande, el segundo del año y que a su vez, abrillanta un más que merecido cambio de estatus. La coronación.. Los sonidos y los gestos delatan constantemente Sabalenka. Al quinto juego ya ha recibido un warning por lanzar la bola a la grada y luego va corrigiéndose, trata de enfiarse, de ir por el camino apropiado; sin embargo, ahí está en ese antebrazo, tatuada, la tigresa que recuerda su verdadera naturaleza. Para lo bueno y lo malo, Aryna. Una tenista sin medias tintas. Acaba bajo la toalla, rompiendo la raqueta. Los mismos atributos que hacen de ella una competidora extraordinaria echan a veces por tierra los esfuerzos. Para cuando logra adecuar la temperatura emocional al duelo, Rybakina ya no mira hacia atrás.. Está a otro nivel. Su calidad de pelota es hoy por hoy superior y así llega este éxito que adorna el cambio de orden. Ella y su trenza, el nuevo reinado.. Aryna Sabalenka. vs. Elena Rybakina. Sets:
