Los Alpes son el territorio ciclista por excelencia. El Tour de Francia ha convertido sus puertos en lugares míticos para los aficionados. Y subirlos a golpe de pedal es uno de los grandes retos para quienes les gusta practicar el deporte de las dos ruedas. Pero también es un territorio mágico para el cicloturismo, esa especialidad entre el deporte y el viaje que consiste en visitar los destinos en bicicleta, pausadamente, con alforjas —es decir, con la casa a cuestas—, al ritmo perfecto que te ofrece este tipo de vehículo, disfrutando del paisaje, oliendo sus aromas, interactuando con la gente, sin ir tan rápido como irías en un coche ni tan lento como lo harías a pie.. Hay muchas rutas cicloturistas que cruzan los Alpes, yo mismo he hecho alguna dura que incluye alguno de los puertos famosos del Tour. Pero existe una en concreto que cruza la cordillera de norte a sur con desniveles muy moderados y es apta para casi todo tipo de públicos, no solo para émulos de Tadej Pogacar. Se llama Alpe Adria y la acabo de hacer este verano con una bicicleta de pedaleo asistido (las llamadas eléctricas).. Alpe Adria une la ciudad austriaca de Salzburgo, cuna de Mozart, con la localidad costera italiana de Grado, cerca de Trieste, en el mar Adriático. Tiene unos 415 kilómetros que se pueden hacer entre seis y ocho días y está completamente señalizada con carteles verdes y blancos. No es una pista única y continua durante toda esa distancia entre ambas ciudades. La señalización va llevando por carriles bici, pistas forestales, sendas fluviales y pequeñas carreteras locales asfaltadas con poco tráfico. Está mucho mejor trazada por la parte de Austria, donde los servicios y el respeto hacia el ciclista son modélicos y donde apenas se comparte un puñado de kilómetros con tráfico rodado. Y un poco menos perfecta en la parte italiana, con demasiados kilómetros por carreteras secundarias, pero se puede hacer en bicicleta de montaña, de gravel o eléctrica. Me crucé, además, con varias familias haciéndola con niños pequeños, incluso bebés en carritos enganchados a la montura de sus padres.. En poco más de una semana se pasa por ciudades barrocas y renacentistas, pueblos medievales, valles alpinos de origen glaciar, paisajes de alta montaña, grandes bosques caducifolios, ruinas romanas, lagos, viñedos, maizales… Pocas rutas cicloturistas europeas ofrecen tanta variedad paisajística. Lo más llamativo de la Alpe Adria es que, aunque se cruzan los Alpes, está diseñada para evitar las grandes ascensiones. Gracias al uso del tren en dos puntos estratégicos y al continuo descenso una vez en Italia, resulta asequible para cualquier ciclista con una condición física media. Encontrarás haciéndola a gente de todas las edades y nacionalidades, con todo tipo de bicicletas, porque esto es un paraíso para el cicloturista.. Subiendo las bicis al tren que une Villach (Austria) con Tarvisio (Italia).Paco Nadal. Puedes hacerla llevando tu bici o alquilándola allí; esto último tiene una ventaja: llegas a Grado, el final de la ruta, y la empresa que te ha alquilado la bicicleta se encarga de recogerla. Si vas con la tuya tienes que organizar tú mismo la retirada. Si decides llevar la tuya te interesa saber que hay una empresa de autobuses (touristik-oberkofler.com) que hace dos veces al día la ruta Grado-Villach-Salzburgo, con remolque especial para bicis. Puedes organizarlo todo por tu cuenta con la información del portal oficial o que te lo organice alguna empresa especializada (en España recomiendo Rutas Pangea).. A lo largo de la ruta se pasa por pueblos y ciudades suficientes como para poder planificar finales de etapa en alojamientos de todo tipo y presupuesto; asimismo, hay docenas de opciones para comer y cenar de manera que no hay que llevar las alforjas cargadas con avituallamiento.. La aventura empieza en Salzburgo, una de las ciudades más bonitas de Europa y a la que conviene dedicarle un par de días antes de empezar a pedalear. De allí se sale en paralelo el río Salzach. Durante las dos primeras jornadas se va remontando el valle, en una subida constante pero muy suave. Nos internamos en el corazón de los Alpes, por unos parajes de ensueño. La típica postal que uno imagina cuando piensa en estas montañas. Pasamos junto a castillos, iglesias, pueblos con encanto, bosques y cascadas…. En Austria, la Alpe Adria discurre mayoritariamente por carriles bici o pistas forestales; muy raras veces por el arcén de carreteras con poco tráfico. Todo está adaptado al cicloturista. Puedes parar a comer en restaurantes a pie de ruta con aparcamiento para bicis o hacer un pícnic en lugares encantadores, con arbolado y praderas herbáceas. Además, cada ciertos kilómetros hay estaciones de autoreparación con herramientas y enchufes para cargar las bicis si son eléctricas.. Señalización de la Alpe Adria en un tramo que coincide con la ruta paneuropea Eurovelo 8.Paco Nadal. Tras pasar Bad Gastein, un histórico pueblo balneario y de esquí en el valle de Gastein, con enormes hoteles estilo Belle Époque a los que solía acudir la aristocracia centroeuropea, llega uno de los momentos más curiosos del viaje. Las cimas de este valle que separa la región de Salzburgo, al norte, de la de Carintia, al sur, pertenecen al parque nacional Hohe Tauern, el mayor de Austria. Y nunca se hizo una carretera que atravesara el paso de montaña. La única manera de cruzar a la vertiente sur de los Alpes es mediante un túnel por el que circula cada hora un tren plataforma al que sube todo el tráfico rodado, ya sean coches, motos, autocaravanas o bicis.. Diez minutos después, al otro lado del túnel, en la estación de Mallnitz, todo cambia. Estamos en la ladera meridional de los Alpes; el paisaje se vuelve más mediterráneo y el clima, más azul y colorido. Durante las dos siguientes jornadas se pedalea por los valles de los ríos Möll y Drau, en la región de Carintia. Se atraviesan pequeñas aldeas agrícolas y bosques muy apacibles, siempre en ligero descenso, pegados al cauce de ambos ríos. Se pasa por Möllbrücke, por Spittal an der Drau —donde se levanta el palacio Porcia, uno de los mejores ejemplos del Renacimiento al sur de los Alpes— y por Villach, una ciudad sorprendentemente mediterránea para encontrarse en Austria.. Con tanto desnivel negativo, parece que la montaña hubiera quedado atrás. Pero es un espejismo. Tras Villach llegan las estribaciones de los Alpes Julianos, que se internan en Eslovenia. Queda la última gran subida hasta Tarvisio, la frontera italiana. Se puede hacer de nuevo en tren, con una unidad especial que sale temprano por la mañana con vagones preparados para llevar bicis, o se puede hacer —lo más recomendable— por un carril bici exclusivo y vías totalmente segregadas del tráfico que salvan los 37 kilómetros y 400 metros de desnivel que hay entre ambas ciudades.. La antigua estación de tren de Chiusaforte (Italia), reconvertida en un animado bar y punto de descanso para ciclistas a lo largo de la ciclovía Alpe Adria.Paco Nadal. Una vez en Italia, todo cambia: la lengua, la gastronomía, la señalización, el paisanaje… Los primeros 50 kilómetros tras Tarvisio discurren por una magnífica vía verde trazada sobre la plataforma de un viejo ferrocarril que desciende entre parajes alpinos que quitan el hipo. Algunas antiguas estaciones se han reconvertido en restaurantes y zonas de descanso para cicloturistas.. Por desgracia, en Italia ya no es todo tan perfecto; hay menos carriles bici, menos respeto al ciclista y más kilómetros por carreteras con tráfico. A cambio, paramos a descansar o a dormir en pueblos y ciudades monumentales, con ese encanto que solo este país ha sabido crear, como Venzone, Údine o Aquilea, con sus maravillosas ruinas romanas.. La iglesia de la villa italiana de Venzone.Paco Nadal. Hasta que, seis días después de dejar Salzburgo, aparece el cartel de Grado y, tras él… ¡el Adriático! El final perfecto para una gran ruta cicloturista europea que se llama así porque une el corazón de los Alpes con las costas del Adriático.. Puedes seguir a Paco Nadal también en Spotify, Instagram, TikTok, YouTube y X. Y escucharle todos los viernes, a las 19.00, con Carles Francino en La Ventana, de Cadena SER.
Los Alpes son el territorio ciclista por excelencia. El Tour de Francia ha convertido sus puertos en lugares míticos para los aficionados. Y subirlos a golpe de pedal es uno de los grandes retos para quienes les gusta practicar el deporte de las dos ruedas. Pero también es un territorio mágico para el cicloturismo, esa especialidad entre el deporte y el viaje que consiste en visitar los destinos en bicicleta, pausadamente, con alforjas —es decir, con la casa a cuestas—, al ritmo perfecto que te ofrece este tipo de vehículo, disfrutando del paisaje, oliendo sus aromas, interactuando con la gente, sin ir tan rápido como irías en un coche ni tan lento como lo harías a pie.
