20MINUTOS.ES – Televisión
El colmo del mal gusto no respeta ni un duelo nacional. Solo un día después del trágico accidente en las vías de la alta velocidad a su paso por Urda, Torito se fue a una fiesta de Halloween y, disfrazado de conejo, empezó a hablar del choque de trenes a una prensa del corazón ansiosa para tener la declaración polémica. De hecho, en el montaje final del vídeo de la propia agencia rosa, se subrayó la disociación de Torito entre lo que estaba contando y entre lo que celebraba su caracterización a lo liebre tétrica. Incluso se incidió en un zoom para delatar la desubicación de Torito a través de la mirada de otro invitado disfrazado en tal fiesta Halloween, organizada por el influencer Sensillo con S (Edgard Caro).. El ego de Torito pica el anzuelo. Los reporteros le tiran de la lengua a sabiendas del morbo de la declaración en consonancia con la contradicción visual. La estampa nos deja atónitos porque define el absurdo de nuestro tiempo y nos enfrenta a la sociedad del individualismo narcisista que no puede dar ni un paso atrás ni siquiera por respeto a más de sesenta muertos. Que la caracterización que soñaste con lucir no se quede en el armario. Que los focos no se apaguen a tu paso. Al contrario, tampoco chirría comentar una tragedia que ha roto tantas vidas como si fuera un cotilleo de un reality show cualquiera.. “Cuando me levanté estaba todo el teléfono petado de gente, porque toda mi gente sabe que ese es el ave que cojo yo”. En ese instante, además, mucho sentimos un déjà vu. Nos vino a la cabeza que Torito ya hizo un alegato parecido unos meses atrás, justo después del descarrilamiento de Adamuz. Entonces no estaba encarnando un conejo, pero también explicó que había perdido el tren del siniestro.. Cientos de personas se trasladan constantemente en las líneas de alta velocidad y larga distancia, en AVEs, Alvias, Iryos, entre Madrid y Sevilla. El pudor de la mayoría huye de sentirse protagonistas de la viralidad con el “pude ser yo”. Saben que la historia no va de ellos hoy. Sin embargo, las redes sociales que mercadean con el “estuve allí” animan a esta necesidad de comentar todo en primera persona. No hay otra opción. Una alteración del ego que también calentaban los programas del corazón en los que Torito se curtió.. Torito lo hace sin maldad. Su actitud retrata más la vulnerabilidad de necesitar ser el centro de la validación pública. Y, claro, cae en la trampa. Hay histrionismos que arrasan con la empatía que permite diferenciar cuando toca y cuando descoloca. La sociedad necesita distraerse en la resaca de una tragedia tan cruda. La fantasía es un refugio para romper con las asfixias de la rutina. Mucha gente se ha disfrazado este fin de semana para desconectar, pero hay un infantilismo planeando que impide ver que hay días que si vas de conejo, escóndete como los conejos.
El colmo del mal gusto no respeta ni un duelo nacional. Solo un día después del trágico accidente en las vías de la alta velocidad a su paso por Urda, Torito se fue a una fiesta de Halloween y, disfrazado de conejo, empezó a hablar del choque de trenes a una prensa del corazón ansiosa para tener la declaración polémica. De hecho, en el montaje final del vídeo de la propia agencia rosa, se subrayó la disociación de Torito entre lo que estaba contando y entre lo que celebraba su caracterización a lo liebre tétrica. Incluso se incidió en un zoom para delatar la desubicación de Torito a través de la mirada de otro invitado disfrazado en tal fiesta Halloween, organizada por el influencer Sensillo con S (Edgard Caro).. El ego de Torito pica el anzuelo. Los reporteros le tiran de la lengua a sabiendas del morbo de la declaración en consonancia con la contradicción visual. La estampa nos deja atónitos porque define el absurdo de nuestro tiempo y nos enfrenta a la sociedad del individualismo narcisista que no puede dar ni un paso atrás ni siquiera por respeto a más de sesenta muertos. Que la caracterización que soñaste con lucir no se quede en el armario. Que los focos no se apaguen a tu paso. Al contrario, tampoco chirría comentar una tragedia que ha roto tantas vidas como si fuera un cotilleo de un reality show cualquiera.. “Cuando me levanté estaba todo el teléfono petado de gente, porque toda mi gente sabe que ese es el ave que cojo yo”. En ese instante, además, mucho sentimos un déjà vu. Nos vino a la cabeza que Torito ya hizo un alegato parecido unos meses atrás, justo después del descarrilamiento de Adamuz. Entonces no estaba encarnando un conejo, pero también explicó que había perdido el tren del siniestro.. Cientos de personas se trasladan constantemente en las líneas de alta velocidad y larga distancia, en AVEs, Alvias, Iryos, entre Madrid y Sevilla. El pudor de la mayoría huye de sentirse protagonistas de la viralidad con el “pude ser yo”. Saben que la historia no va de ellos hoy. Sin embargo, las redes sociales que mercadean con el “estuve allí” animan a esta necesidad de comentar todo en primera persona. No hay otra opción. Una alteración del ego que también calentaban los programas del corazón en los que Torito se curtió.. Torito lo hace sin maldad. Su actitud retrata más la vulnerabilidad de necesitar ser el centro de la validación pública. Y, claro, cae en la trampa. Hay histrionismos que arrasan con la empatía que permite diferenciar cuando toca y cuando descoloca. La sociedad necesita distraerse en la resaca de una tragedia tan cruda. La fantasía es un refugio para romper con las asfixias de la rutina. Mucha gente se ha disfrazado este fin de semana para desconectar, pero hay un infantilismo planeando que impide ver que hay días que si vas de conejo, escóndete como los conejos.. Ver esta publicación en Instagram
