Vamos a recorrer La Punta, que pertenece a la provincia peruana del Callao, un nombre familiar para cualquier madrileño, pues ese bullicioso rincón de la Gran Vía debe su nombre a este puerto que se extiende junto a Lima, y al combate naval del Callao el 2 de mayo de 1866. En septiembre de 2019, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique decidió presentar el último tomo de sus Antimemorias, Permiso para retirarme, en la plaza de Armas de La Punta. En un ambiente festivo y de celebración, el autor quiso despedirse de la vida literaria declarando su amor por este balneario con estas palabras: “Mis primeros años en La Punta se remontan a mis primeros recuerdos. Veraneábamos en La Punta porque mi abuelo tenía una casa acá. Aquí vi el mundo y vi a la gente por primera vez en mi vida. Mis veranos eran felices porque transcurrían en La Punta. Muchos años más tarde, he vuelto con la ilusión de vivir aquí, de escribir aquí. Y lo he hecho. He escrito muchísimo y he sido un punteño veraniego”.. La elección del escenario no fue casual. La revista Cosas se hizo eco de aquel acto que tenía algo de homenaje íntimo y de regreso al origen. Porque, mucho antes de convertirse en uno de los grandes narradores latinoamericanos, Bryce había encontrado en este pequeño distrito marinero del Callao el paisaje sentimental de su infancia. La Punta está en las evocaciones familiares de Un mundo para Julius, en los recuerdos dispersos de La exagerada vida de Martín Romaña y, sobre todo, en las páginas de sus Antimemorias, donde reconstruye el territorio emocional de sus primeros años. Para Bryce, La Punta era el escenario donde aprendió a mirar. Entre chalets republicanos, tardes de playa, paseos por el malecón y conversaciones escuchadas a medias entre adultos, fue aquí donde comenzó a fantasear. Al final de una trayectoria marcada por la memoria, el humor y la nostalgia, regresó al lugar donde descubrió el mundo. Como si toda una vida de escritura terminara cerrando el círculo en el mismo punto donde había comenzado.. Más información. Vista aérea del distrito de La Punta.rjankovsky (Alamy / Cordon Press). De alguna manera, La Punta es al Callao lo que Barranco fue para Lima antes de convertirse en un barrio masivamente turístico: un enclave marítimo, elegante y melancólico, donde todavía es posible imaginar los veranos de Bryce y la vieja sociedad limeña que aparece en sus novelas.. Desde La Punta nos embarcamos rumbo a las Islas Palomino, una excursión cada vez más popular entre quienes visitan Lima, una capital burbujeante que desde el mes de junio está aún mejor conectada gracias a la frecuencia recién inaugurada por la compañía Level, que vuela directo desde Barcelona a precios realmente interesantes. El traslado a las islas exige cierta vocación marinera y, cuando el Pacífico se encrespa, también una dosis preventiva de biodramina. Partimos de buena mañana y pronto aparece la isla de San Lorenzo, la mayor del Perú, reconocible por su inconfundible color ocre y por las manchas de bromelias que salpican sus laderas. Algunas formaciones rocosas evocan gigantescos moáis emergidos del océano, y los turistas se afanan en fotografiarlas.. Un grupo de turistas se bañan junto a los lobos marinos en las Islas Palomino.Daniel Silva / PROMPERÚ. En las Islas Cavinzas aparecen los primeros pingüinos de Humboldt, apostados sobre las acumulaciones de guano que durante siglos constituyeron una de las grandes riquezas naturales del país. También sobrevuelan la zona pelícanos, cormoranes y piqueros, mientras el barco avanza hacia el plato fuerte de la excursión. En las Islas Palomino se concentran miles de lobos marinos. Los hay finos y chuscos, las dos especies que habitan estas aguas. Los bramidos de las hembras llamando a sus crías y el incesante movimiento de la colonia generan una mezcla de asombro y fascinación. El visitante debe acostumbrarse a un olor intenso, una mezcla de sal, sangre, placenta y excrementos que asciende desde las rocas. Pero la extraordinaria riqueza biológica del entorno y la limpieza de las aguas compensan cualquier incomodidad. Así llega entonces el momento más esperado. Los viajeros se ajustan el neopreno, se colocan el chaleco salvavidas y se lanzan al mar. Durante unos minutos flotan entre lobos marinos curiosos y juguetones, animales que se acercan hasta pocos centímetros del rostro humano. Uno nunca termina de saber si protestan, conversan o simplemente se ríen de nuestra torpeza en el agua.. Este viaje alimenta la curiosidad y la capacidad de asombro. Decía el poeta peruano José María Eguren —cuya escultura en Barranco se encuentra, no por casualidad, junto a la de Chabuca Granda— que la belleza, como el amor, es lo único serio en la vida, serio como una sonrisa. De vuelta, las sonrisas se extienden por las terrazas de Don Giuseppe, mítica taberna de La Punta donde los vecinos desayunan, comen, meriendan o cenan su famoso bocadillo de pan con pejerrey —un pescado de carne blanca y delicada típico de las costas peruanas—, acompañado de café o chicha: una verdadera fiesta de la cultura popular. Como el propio Giuseppe se encuentra en el negocio, nos cuenta su historia. Abrió el local hace 34 años. Antes era pescador, pero cuando enfermó de artritis tuvo que dedicarse a preparar sánguches. Fue pionero en rebozar el pejerrey con tempura, y el acierto resultó rotundo. Los italianos emigraron al Perú tras la Segunda Guerra Mundial. Trajeron las redes y enseñaron a tejerlas. Cada día despacha entre 800 y 1.000 sánguches de pan con pejerrey. “Mi enemigo es la sobremesa”, se queja con una sonrisa al hablar de quienes alargan demasiado la estancia. Y define así la tranquilidad del balneario: “La Punta es la sucursal del cielo; hasta peca de aburrida. Cualquier mal carácter que puedas traer se te disipa con el viento del mar”.. View this post on Instagram. En la Plaza de Armas destacan la pérgola y la vista de la iglesia Matriz. Hay edificios de estilo art déco con aire de paquebote y la casa del abuelo de Bryce, en el número 225 de la calle Medina.. En el Malecón Pardo se entiende perfectamente el nombre de La Punta: a un lado está playa Mansa y al otro, playa Brava.. Es hora de comer en serio y, para ello, nada como el Cabos, la mejor manera de iniciarse en la gastronomía peruana. Estamos a un paso de la Fortaleza Real Felipe, del Yacht Club Peruano, del tradicional malecón y de las bonitas playas. En este restaurante conviene, antes que nada, hacerse con un pisco sour Catedral, por aquello de mirar la carta con calma. Hay ceviches —el de atún nikkei es imbatible— y hay causas, pero optamos por el tiradito de lenguado y pulpo ahumado al ají amarillo, una delicia en toda regla, y por algo más contundente, como el chicharrón de pescado con yuca frita. Si después de este festival no está convencido de que la gastronomía peruana es posiblemente la mejor del mundo, no hay problema: buscaremos superarnos durante la noche.. View this post on Instagram. Los imprescindibles del Callo. El Callao no es un barrio de Lima, sino una provincia constitucional con personalidad histórica y cultural propia, marcada por el puerto, la inmigración, la música criolla, la tradición afroperuana y el contacto permanente con el mar. Resulta simbólico que Bryce eligiera La Punta para despedirse de la literatura justo cuando el resto del Callao comenzaba a escribir una nueva historia sobre sí mismo a través del arte.. Su historia se explica magníficamente en el Museo de Historia y Arte del Callao, impecable punto de partida para cualquier recorrido. Se cree que el nombre de Callao proviene de los vocablos europeos caillou, calhau o calvajón, utilizados en el argot marinero para describir playas de piedras. Desde sus inicios, en el siglo XVI, su puerto fue una de las principales entradas marítimas de la actividad comercial sudamericana.. El Callao siempre recibió influencias extranjeras que sumaron sus culturas al desarrollo de una ciudad abierta al mundo. En el siglo XIX, inició su periodo de mayor crecimiento económico y social. No en vano, en 1883 se fundó el diario El Callao y se instalaron diversas fábricas. En el siglo XX, proliferaron en La Punta los hoteles y el alumbrado eléctrico a gran escala permitió la apertura de cines y grandes comercios. La modernidad atrajo a emigrantes y familias italianas, francesas, austriacas, españolas, alemanas, japonesas, chinas e inglesas. La embarcación Sakura Marullevó a cientos de japoneses al Perú, contribuyendo a una de las expresiones culturales más reconocibles del Callao y de la gastronomía peruana actual: la cocina nikkei. Este proceso, unido a la migración interna de los años treinta, favoreció el crecimiento de distritos como La Perla, Ventanilla, Carmen de la Legua-Reynoso y Mi Perú.. La plaza Miguel Grau en el Callao, símbolo de identidad, memoria histórica y orgullo chalaco, ubicada frente al Muelle de Guerra.Miguel Mejía / PROMPERÚ. La estación ferroviaria situada en la actual Capitanía del Puerto fue conocida como el “Ferrocarril Inglés”, y el nuevo tranvía unía El Callao y La Punta con Lima. Marineros, comerciantes, diplomáticos y viajeros ampliaron el crisol cultural y melódico de esta orilla del mundo, “canto rodado frente a un mar frío de peces y neblina”, según escribió el poeta chalaco Santiago Risso.. La polca Nostalgia chalaca, compuesta por Manuel El Chato Raygada Ballesteros, es considerada por muchos el himno sentimental no oficial del Callao. Habla de la añoranza del puerto desde la distancia, durante su estancia en Chile en 1942, y forma parte del ADN emocional chalaco. Chalaco y chalaca son los gentilicios tradicionales de los habitantes del Callao.. Siguiendo las salas del museo entendemos la importancia de la música en la identidad chalaca. Para empezar, aquí nació Óscar Avilés (una calle lleva su nombre), quien en 1987 fue reconocido por su música como patrimonio artístico de América y condecorado con la Orden El Sol del Perú. También se recuerda cómo, en los años sesenta, llegaron al Callao unas melodías tropicales que fueron convirtiéndose en parte integral de la sociedad chalaca bajo el nombre de “salsa”, género surgido en Nueva York al calor de la diáspora puertorriqueña y que encontró una enorme acogida en bares, discotecas y celebraciones populares. El Callao adoptó así la salsa como parte de su identidad, favoreciendo el florecimiento de numerosos grupos locales, como Freddy Tara y sus Blue Stars, Papo y su Combo Sabroso, La Progresiva del Callao, Brunella Torpoco o Amy Gutiérrez. Esta tradición explica que hoy exista el Pasaje de la Salsa, una de las calles más visitadas por los viajeros, que se entregan al baile entre grafitis y canciones que suenan con un nivel de decibelios que, en Suiza, por ejemplo, obligaría a celebrar un referéndum.. También por el puerto llegó el fútbol, gracias a la interacción entre marineros ingleses y peruanos. Cuando los primeros marcaban un gol, gritaban “Champion England!”, mientras que los locales respondían con un “Champion Callao!”. De esa expresión derivaría el célebre “Chim Pum Callao”, el grito de orgullo, arenga y celebración de sus habitantes, nombre de su festival de salsa y origen de que todavía en Perú se denomine “chimpunes” a las botas de fútbol.. La institución cultural que ha cambiado el signo del Callao es Casa Fugaz (Arte de Convivir), organización ubicada en el Edificio Ronald, el primer rascacielos de la zona. Construido en 1928 y declarado monumento histórico, se trata de un inmueble de estilo neoclásico, de cinco plantas, reconocible por su fachada simétrica y por su pasaje central de doble altura, decorado con mármol y bustos de personalidades del arte y la ciencia. Este corredor conecta el jirón Independencia con el jirón Constitución, prolongando el recorrido urbano hacia el Pasaje Ecuador.. Nos encontramos con Mara, pionera del proyecto Fugaz, quien nos explica que el impulsor de la iniciativa fue Gil Shavit, un coleccionista de arte enamorado del edificio y empeñado en crear un proyecto sociocultural capaz de fortalecer el barrio Monumental Callao y recuperar espacios públicos a través del arte, la innovación y la creatividad. Este proyecto cultural y de renovación comenzó sus primeras intervenciones en 2015. La iniciativa nació como parte de la transformación del distrito con el objetivo de contribuir a combatir la inseguridad, algo que se ha logrado. Fugaz propone un lugar de convivencia entre la creatividad y el entorno que la acoge; un espacio sin distinciones por color de piel, religión, nivel socioeconómico, orientación sexual o cualquier otra condición. Gracias a este trabajo se ha recuperado un barrio que durante las décadas de 1980 y 1990 arrastraba una mala reputación.. Pasillo central de Casa Fugaz (anteriormente conocido como Edificio Ronald), eje vertebrador de Monumental Callao.Lealie Searles / PROMPERÚ. Recorremos salas y estudios de artistas hasta llegar a la terraza, donde se celebran conciertos de salsa y desde donde las vistas nos conectan con el puerto y el mar. Al bajar participamos en un taller de grafiti. En el 2021, la prestigiosa revista Time Out London reconoció a las calles de Monumental Callao entre las 30 más geniales del mundo al destacar su arte, vida en comunidad, murales y cultura viva.. Al Monumental Callao también se le considera un museo al aire libre por sus más de 70 murales y grafitis. Las calles principales con pinturas y arte urbano se concentran alrededor de Plaza Matriz, Jirón Constitución o el Pasaje Gálvez.Sebastian Medina / PROMPERÚ. Damos la razón a esa lista al pisar Plaza Matriz, la sala de exposiciones La Columnata, la colorida y animada calle Monumental Callao que desemboca en el Pasaje de la Salsa, donde no queda otra que bailar ante los murales de Héctor Lavoe y Celia Cruz, que visitó Perú en incontables ocasiones y que devino una fan entregada de la música criolla. Actuó en El Callao (inolvidable su concierto de 1998) y llegó a versionar canciones peruanas como Toro Mata con la Fania All Stars y Fina Estampa con La Sonora Ponceña. No hay mejor manera de regresar a Lima que escuchando esta versión con las ventanillas del coche bajadas para que la brisa escampe música y letra: “Es un caminito alegre con luz de luna o de sol / Que he de recorrer cantando por si te puedo alcanzar…”.. De vuelta en la vibrante Lima, paramos en San Isidro porque ya son las siete de la tarde y el crepúsculo nos recuerda nuestra cuenta pendiente para disipar cualquier duda sobre la preeminencia mundial de la gastronomía peruana. Vamos, por tanto, al origen: Astrid y Gastón, para escuchar otra música y apreciar otra forma de arte. Es difícil hallar un lugar donde se pueda ser más feliz que alrededor de una mesa; aquí se renueva el deseo de profundizar en las cosas. Recordamos a Bryce Echenique, que no solía comer entre bebidas y cuyos personajes acudían al humor como quien se aferra a una tabla rota en un naufragio. “He de volver a ti como al lugar del crimen”, escribió el gran poeta César Calvo. Así volvemos también a los clásicos de Gastón Acurio, una figura determinante en la evolución de la cocina peruana, que elevó y modernizó la tradición gastronómica hasta niveles cósmicos.. Uno de los platos más icónicos del restaurante Astrid y Gastón, en Lima: pescado con escamas de papa, en la carta desde que abrieron las puertas de su primer restaurante.Qajsiri Films / Promperú. Para muestra, aquí están las conchas OKA con espuma de parmesano añejo, ajo y limón; los dumplings de gallina; el tiradito de lenguado con leche de tigre de albahaca; y, por supuesto, uno de los platos con los que empezó todo y que desde 1994 sigue imbatible: la corvina en escamas de papas nativas.. Mi amigo limeño Diego Trelles Paz, cuando le cuento algo verdaderamente superlativo, siempre me responde: “Trolevel, causita”. Y le doy una vez más la razón. Porque la cocina peruana es, ciertamente, otro level. Y quizá también la clave de la banda sonora perfecta para entender el país.
Vamos a recorrer La Punta, que pertenece a la provincia peruana del Callao, un nombre familiar para cualquier madrileño, pues ese bullicioso rincón de la Gran Vía debe su nombre a este puerto que se extiende junto a Lima, y al combate naval del Callao el 2 de mayo de 1866. En septiembre de 2019, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique decidió presentar el último tomo de sus Antimemorias, Permiso para retirarme, en la plaza de Armas de La Punta. En un ambiente festivo y de celebración, el autor quiso despedirse de la vida literaria declarando su amor por este balneario con estas palabras: “Mis primeros años en La Punta se remontan a mis primeros recuerdos. Veraneábamos en La Punta porque mi abuelo tenía una casa acá. Aquí vi el mundo y vi a la gente por primera vez en mi vida. Mis veranos eran felices porque transcurrían en La Punta. Muchos años más tarde, he vuelto con la ilusión de vivir aquí, de escribir aquí. Y lo he hecho. He escrito muchísimo y he sido un punteño veraniego”.
