20MINUTOS.ES – Televisión
Rueda la letra ya tiene ubicación en la programación de Telecinco. El programa que culminará con la famosa prueba de El Rosco -aunque no la pueden llamar El Rosco y se denominará La Rueda-, no se ubicará finalmente en el mismo tramo de Pasapalabra. Ahí tenían todas las de perder. De momento, Mediaset mantiene en esa franja las cajas de Allá tú y coloca estratégicamente su concurso una hora antes. Con este plan, se intenta aprovechar los bajos rendimientos en share del magacín de Sonsoles Ónega en Antena 3 y, de paso, se pretende desgastar el juego de Roberto Leal, pues habrá un espectador que sentirá que ya ha visto todo lo mismo antes. Porque pinta que Rueda la letra es muy parecido a Pasapalabra, lo que seguirá estirando el contencioso legal. Ya que Mediaset posee los derechos de la prueba del círculo de letras, pero en otra sentencia perdió Pasapalabra. Es decir, no puede calcar la dinámica del formato registrado por la productora británica ITV: con juegos previos que van sumando tiempo para la gran prueba final y con dos concursantes famosos que apoyan durante tres entregas al participante titular que se mantiene en el tiempo. Estos puntos van a ser iguales en Rueda la letra que en Pasapalabra. Además del parecido razonable del decorado.. De hecho, para no queden dudas en la memoria de la audiencia, Mediaset también ha optado por empezar el concurso con dos carismáticos concursantes de la historia de Pasapalabra, Fran González y Lilit. Así, tiene un reclamo nada más empezar. A la vez, antes de Rueda la letra con Carlos Sobera, regresará otra imagen identitaria del canal: Jorge Javier Vázquez con su diario. El corazón queda desplazado solo al primer tramo de la tarde, con el programa de Ion Aramendi que en vacaciones se ha llamado El Verano se mueve y que, en los despachos de la cadena, ha ganado el pulso a su similar De Lunes a Viernes. También probado en los meses de julio y agosto.. El cotilleo funciona en las redes sociales donde buscamos a nuestros famosos al gusto de cada uno, pero en la televisión tradicional el corazón no destaca como antaño. Ni siquiera con los dardos de Juls Janeiro y Belén Esteban, que han actualizado un viejo conflicto familiar. La audiencia televisiva no reclama especulaciones sobre vidas ajenas: elige contenidos concretos que le aportan. En este sentido, el programa de testimonios de Jorge Javier es una oportunidad para encontrar historias reales que, encima, pueden ser identificables para la audiencia. Para la tele actual, El diario cuenta con la virtud de que estas entrevistas van al grano. También ayuda la propia ironía de Jorge Javier, que relativiza lo intrascendente disfrazado de trascendencia. Incluso da su punto sociológicamente práctico a los conflictos que pasan por su plató. Trata a las personas desde la sonrisa cómplice, no desde la condescendencia que era habitual en tantos programas de testimonio. Justo este es el problema que sufre el magacín de Sonsoles Ónega. Hay cierta condescendencia en el grueso tratamiento de sus contenidos. De ahí que objetivamente no haya calado en la sociedad.. Después de El diario de Jorge vendrán los dos concursos de Telecinco. Entre tantas tertulias, la concreción de la fórmula del quiz show es aliada para llegar a los públicos transversales, los que no están atrapados en la polarización. Los concursos mantienen la esencia de la tele como punto de encuentro que nos pone a jugar, descubrir y empatizar desde casa. Y sin cebos. Y sin rodeos. Ahora, la dificultad está en el dilema legal con Pasapalabra y en cómo sentirá el público el regreso de El Rosco: si verá una apuesta moderna o una desesperación anacrónica que solo delata falta de creatividad. El espectador huele el miedo que lleva a la repetición y, entonces, se va marchando de la tele. Siente que ya lo ha visto todo. Y que la tele no sabe leer su estado de ánimo, hábitos cotidianos y curiosidad. Y si la audiencia no se siente reflejada en los canales tradicionales atrapados en los pavores de los prejuicios, la televisión deja de ser televisión. Porque el atractivo de la televisión estuvo en que siempre rimó con imaginación.
Rueda la letra ya tiene ubicación en la programación de Telecinco. El programa que culminará con la famosa prueba de El Rosco -aunque no la pueden llamar El Rosco y se denominará La Rueda-, no se ubicará finalmente en el mismo tramo de Pasapalabra. Ahí tenían todas las de perder. De momento, Mediaset mantiene en esa franja las cajas de Allá tú y coloca estratégicamente su concurso una hora antes. Con este plan, se intenta aprovechar los bajos rendimientos en share del magacín de Sonsoles Ónega en Antena 3 y, de paso, se pretende desgastar el juego de Roberto Leal, pues habrá un espectador que sentirá que ya ha visto todo lo mismo antes. Porque pinta que Rueda la letra es muy parecido a Pasapalabra, lo que seguirá estirando el contencioso legal. Ya que Mediaset posee los derechos de la prueba del círculo de letras, pero en otra sentencia perdió Pasapalabra. Es decir, no puede calcar la dinámica del formato registrado por la productora británica ITV: con juegos previos que van sumando tiempo para la gran prueba final y con dos concursantes famosos que apoyan durante tres entregas al participante titular que se mantiene en el tiempo. Estos puntos van a ser iguales en Rueda la letra que en Pasapalabra. Además del parecido razonable del decorado.. De hecho, para no queden dudas en la memoria de la audiencia, Mediaset también ha optado por empezar el concurso con dos carismáticos concursantes de la historia de Pasapalabra, Fran González y Lilit. Así, tiene un reclamo nada más empezar. A la vez, antes de Rueda la letra con Carlos Sobera, regresará otra imagen identitaria del canal: Jorge Javier Vázquez con su diario. El corazón queda desplazado solo al primer tramo de la tarde, con el programa de Ion Aramendi que en vacaciones se ha llamado El Verano se mueve y que, en los despachos de la cadena, ha ganado el pulso a su similar De Lunes a Viernes. También probado en los meses de julio y agosto.. El cotilleo funciona en las redes sociales donde buscamos a nuestros famosos al gusto de cada uno, pero en la televisión tradicional el corazón no destaca como antaño. Ni siquiera con los dardos de Juls Janeiro y Belén Esteban, que han actualizado un viejo conflicto familiar. La audiencia televisiva no reclama especulaciones sobre vidas ajenas: elige contenidos concretos que le aportan. En este sentido, el programa de testimonios de Jorge Javier es una oportunidad para encontrar historias reales que, encima, pueden ser identificables para la audiencia. Para la tele actual, El diario cuenta con la virtud de que estas entrevistas van al grano. También ayuda la propia ironía de Jorge Javier, que relativiza lo intrascendente disfrazado de trascendencia. Incluso da su punto sociológicamente práctico a los conflictos que pasan por su plató. Trata a las personas desde la sonrisa cómplice, no desde la condescendencia que era habitual en tantos programas de testimonio. Justo este es el problema que sufre el magacín de Sonsoles Ónega. Hay cierta condescendencia en el grueso tratamiento de sus contenidos. De ahí que objetivamente no haya calado en la sociedad.. Después de El diario de Jorge vendrán los dos concursos de Telecinco. Entre tantas tertulias, la concreción de la fórmula del quiz show es aliada para llegar a los públicos transversales, los que no están atrapados en la polarización. Los concursos mantienen la esencia de la tele como punto de encuentro que nos pone a jugar, descubrir y empatizar desde casa. Y sin cebos. Y sin rodeos. Ahora, la dificultad está en el dilema legal con Pasapalabra y en cómo sentirá el público el regreso de El Rosco: si verá una apuesta moderna o una desesperación anacrónica que solo delata falta de creatividad. El espectador huele el miedo que lleva a la repetición y, entonces, se va marchando de la tele. Siente que ya lo ha visto todo. Y que la tele no sabe leer su estado de ánimo, hábitos cotidianos y curiosidad. Y si la audiencia no se siente reflejada en los canales tradicionales atrapados en los pavores de los prejuicios, la televisión deja de ser televisión. Porque el atractivo de la televisión estuvo en que siempre rimó con imaginación.
