Lidia María Castellón (42 años) y Yunes Tsouli (38), limpiadora y taxista, se conocen desde niños. Ceutíes musulmanes, ambos son hijos de la Ceuta más olvidada, esa que la Península descubrió en 2014 de la mano de Hiba Abouk y Álex González, flamantes protagonistas de la serie El Príncipe, inspirada en el barrio más conflictivo de Ceuta, Príncipe Alfonso.. Ambos se mueven con frecuencia por allí, donde conservan amigos y conocidos pese a vivir a día de hoy algo más abajo, en el otro Príncipe, Felipe, también conocido como barrio del Tarajal. Y ambos comparten credo y orígenes con las 80.000 personas que a finales de julio pasaron ilegalmente la frontera: son musulmanes de ascendencia marroquí, pero ceutíes. A día de hoy, según las cifras que maneja la Unión de Comunidades Islámicas de España, entre el 42% y el 45% de la población de Ceuta reza a Alá. Es decir, alrededor de 35.000 de los 83.000 empadronados. El resto son cristianos (50%-55%) y entre un 2% y un 5% son hindúes o judíos.. «Siendo musulmán lo que quiero es que busquen una solución, aunque sea la vuelta a Marruecos. Y eso no es racismo. Han entrado forzando una puerta, y si yo lo hago en otro país, me echan. Para vivir en la calle, mejor quédate en tu casa, donde tienes algo. Aquí no tienes casa ni trabajo», razona Yunes. La situación es especialmente dura para él. Desde el día de los hechos, su madre (una mujer pensionista, sola y enferma) acoge en su casa a cuatro sobrinos, hijos de dos de sus hermanas que residen en Marruecos. Hubo un quinto, menor, que ya ha regresado a casa reclamado por sus padres.. De la misma opinión es Lidia. Esta madre soporte de una familia monoparental de cuatro hijos divide sus simpatías entre las dos comunidades. Aunque su nombre pueda llevar a engaño, hija de madre musulmana y padre cristiano decidió seguir la fe de su progenitora, pero no por ello es ajena a lo que está ocurriendo con los recién llegados. «Los que se esconden en la periferia y en la montaña son verdaderos delincuentes. Hay muchos, aunque no nos guste», reconoce mientras se le saltan las lágrimas por lo que está pasando.. «Estamos acostumbrados a la inmigración, en 2021 pasó lo mismo, siempre hemos convivido con ella, pero no con esto», recuerda respecto a la última crisis migratoria de entidad vivida en la ciudad autónoma. «Tengo en mi puerta a dos niños de 15 años, no les vas a dejar morir de hambre», reflexiona admitiendo que pese a que «da mucha pena», los vecinos de Ceuta ya están «saturados»: No podemos más».. Tengo en mi puerta a dos niños de 15 años, no les vas a dejar morir de hambre. Da mucha pena pero estamos saturados. Por su parte, en casa de la madre de Yunes tratan de animar a los primos a volver a Marruecos. «Quieres ayudar, pero una familia no puede auxiliar a todo el mundo. Mi madre no puede mantenerlos a todos», explica sobre una situación que les toca muy de cerca. Al menos lograron convencer a su primo de 13 años para que volviera. «No se lo dejaban a mi madre, iba a ir a un CETI. Le explicamos que tenía que regresar». Y lo hizo.. Por su trabajo, Yunes sabe bien que en la ciudad se respira inseguridad y miedo. Y no poco. «Ahora mucha gente que entra muy pronto al trabajo o sale muy tarde por las noches coge taxi. Mucha más que antes». Y sobre los migrantes que deambulan las calles, aclara: «Hay gente buena, trabajadora y humilde, pero también gente mala. No pueden pasar estas cosas cada dos por tres», comenta también en referencia al episodio migratorio de 2021. En mayo de ese año entraron irregularmente por la frontera 8.000 migrantes, una cifra elevada pero diez veces inferior a los llegados en esta ocasión. «Queremos el mismo fin que entonces, que salgan pero con dignidad. Si me piden agua o comida, mientras pueda, se la voy a dar».. Yunes teme que un episodio similar a este vuelva a repetirse. «Va a haber invasiones a Ceuta cada dos por tres, y ver a gente sufriendo no nos agrada», aclara. Además, la situación tiene un importante coste emocional para los ceutíes: «La seguridad de mi casa es mayor. A mi mujer y a mis hijos les digo que no abran la puerta. Mi esposa está con ansiedad porque ve a mucha gente pasándolo mal. Y en casa de mis suegros hubo un intento de violación».. Este joven taxista cree que la solución «va a ser muy lenta» y asegura que nunca olvidará lo que vivió aquel día: «Se pisaban unos a otros, lo que viví ese día no se me va a olvidar. Estuve de tardes esa semana y paraban el taxi mojados. Se montaban y me decían: ‘Te pago si me llevas al CETI».
Lidia María Castellón (42 años) y Yunes Tsouli (38) se conocen desde niños. Ceutíes musulmanes,
Lidia María Castellón (42 años) y Yunes Tsouli (38), limpiadora y taxista, se conocen desde niños. Ceutíes musulmanes, ambos son hijos de la Ceuta más olvidada, esa que la Península descubrió en 2014 de la mano de Hiba Abouk y Álex González, flamantes protagonistas de la serie El Príncipe, inspirada en el barrio más conflictivo de Ceuta, Príncipe Alfonso.. Ambos se mueven con frecuencia por allí, donde conservan amigos y conocidos pese a vivir a día de hoy algo más abajo, en el otro Príncipe, Felipe, también conocido como barrio del Tarajal. Y ambos comparten credo y orígenes con las 80.000 personas que a finales de julio pasaron ilegalmente la frontera: son musulmanes de ascendencia marroquí, pero ceutíes. A día de hoy, según las cifras que maneja la Unión de Comunidades Islámicas de España, entre el 42% y el 45% de la población de Ceuta reza a Alá. Es decir, alrededor de 35.000 de los 83.000 empadronados. El resto son cristianos (50%-55%) y entre un 2% y un 5% son hindúes o judíos.. «Siendo musulmán lo que quiero es que busquen una solución, aunque sea la vuelta a Marruecos. Y eso no es racismo. Han entrado forzando una puerta, y si yo lo hago en otro país, me echan. Para vivir en la calle, mejor quédate en tu casa, donde tienes algo. Aquí no tienes casa ni trabajo», razona Yunes. La situación es especialmente dura para él. Desde el día de los hechos, su madre (una mujer pensionista, sola y enferma) acoge en su casa a cuatro sobrinos, hijos de dos de sus hermanas que residen en Marruecos. Hubo un quinto, menor, que ya ha regresado a casa reclamado por sus padres.. De la misma opinión es Lidia. Esta madre soporte de una familia monoparental de cuatro hijos divide sus simpatías entre las dos comunidades. Aunque su nombre pueda llevar a engaño, hija de madre musulmana y padre cristiano decidió seguir la fe de su progenitora, pero no por ello es ajena a lo que está ocurriendo con los recién llegados. «Los que se esconden en la periferia y en la montaña son verdaderos delincuentes. Hay muchos, aunque no nos guste», reconoce mientras se le saltan las lágrimas por lo que está pasando.. «Estamos acostumbrados a la inmigración, en 2021 pasó lo mismo, siempre hemos convivido con ella, pero no con esto», recuerda respecto a la última crisis migratoria de entidad vivida en la ciudad autónoma. «Tengo en mi puerta a dos niños de 15 años, no les vas a dejar morir de hambre», reflexiona admitiendo que pese a que «da mucha pena», los vecinos de Ceuta ya están «saturados»: No podemos más».. Tengo en mi puerta a dos niños de 15 años, no les vas a dejar morir de hambre. Da mucha pena pero estamos saturados. Por su parte, en casa de la madre de Yunes tratan de animar a los primos a volver a Marruecos. «Quieres ayudar, pero una familia no puede auxiliar a todo el mundo. Mi madre no puede mantenerlos a todos», explica sobre una situación que les toca muy de cerca. Al menos lograron convencer a su primo de 13 años para que volviera. «No se lo dejaban a mi madre, iba a ir a un CETI. Le explicamos que tenía que regresar». Y lo hizo.. Por su trabajo, Yunes sabe bien que en la ciudad se respira inseguridad y miedo. Y no poco. «Ahora mucha gente que entra muy pronto al trabajo o sale muy tarde por las noches coge taxi. Mucha más que antes». Y sobre los migrantes que deambulan las calles, aclara: «Hay gente buena, trabajadora y humilde, pero también gente mala. No pueden pasar estas cosas cada dos por tres», comenta también en referencia al episodio migratorio de 2021. En mayo de ese año entraron irregularmente por la frontera 8.000 migrantes, una cifra elevada pero diez veces inferior a los llegados en esta ocasión. «Queremos el mismo fin que entonces, que salgan pero con dignidad. Si me piden agua o comida, mientras pueda, se la voy a dar».. Yunes teme que un episodio similar a este vuelva a repetirse. «Va a haber invasiones a Ceuta cada dos por tres, y ver a gente sufriendo no nos agrada», aclara. Además, la situación tiene un importante coste emocional para los ceutíes: «La seguridad de mi casa es mayor. A mi mujer y a mis hijos les digo que no abran la puerta. Mi esposa está con ansiedad porque ve a mucha gente pasándolo mal. Y en casa de mis suegros hubo un intento de violación».. Este joven taxista cree que la solución «va a ser muy lenta» y asegura que nunca olvidará lo que vivió aquel día: «Se pisaban unos a otros, lo que viví ese día no se me va a olvidar. Estuve de tardes esa semana y paraban el taxi mojados. Se montaban y me decían: ‘Te pago si me llevas al CETI».
