Estar sentada en una silla frente a Pepe Viyuela (Logroño, 1963) no es la imagen de una entrevista más. Para él, esta silla, cualquier silla, es el origen de todo: «Hubo un momento de mi vida en que decidí dejarlo, como quien deja el tabaco y no podía, la echaba de menos como se echa de menos a los seres humanos, con nostalgia».. El espectáculo que le hizo famoso, ese número de clown simple, pero complejo, brillante, sigue formando parte de su ADN, de su vida. Lejos de acabar cansado, lo reivindica, lo abraza como un adicto que vuelve una y otra vez a lo que más feliz le hace. «Coge un cable, un periódico, un teléfono, una chaqueta… realmente no es el objeto lo que te da la posibilidad de hacer humor, es tu imaginación, es ese juguete que habita, que tenemos aquí dentro».. Es un tipo sencillo, inteligente, que habla desde la mesura que le dan los años y la experiencia. Un actor, un poeta, un escritor, un filósofo pero, sobre todo, un payaso. «De todas las cosas que soy, la que más me define es ser payaso. En la vida, ojalá pudiera ser un payaso, me gustaría revindicar mi capacidad para equivocarme, para decir ‘soy estúpido’, pero no porque sea una excepción, es que pienso que el ser humano desde que nace lo es, somos limitadísimos y nos equivocamos constantemente y adolecemos de un exceso de arrogancia».. Viyuela añade: «Somos seres frágiles, vulnerables y eso el payaso lo muestra, el payaso tropieza y hace con eso una fiesta y la gente se ríe de sí misma a través del payaso porque se están reconociendo en él».. Los clásicos son los clásicos porque no enjevecen. Todos los días vivimos decepciones como en ‘Timón de Atenas’. Hasta el domingo 19 de julio, Pepe Viyuela da vida al clásico Timón de Atenas en el Festival de Mérida, ese rico y popular personaje de Shakespeare al que sus amigos dan la espalda cuando pierde su fortuna. «Los clásicos son clásicos porque no envejecen. Todos los días vivimos procesos similares, vivimos decepciones, tenemos momentos de exaltación de la amistad y al instante siguiente acabarías con todo, todos tenemos ese proceso timoniano».. Por eso, en estos tiempos donde -asegura- que, la ira y la violencia están tan presentes, él apuesta por la serenidad. «Hay formas de no ser un ermitaño, pero a la vez de no escuchar tanto ruido. Apartarte de las redes sociales aporta tranquilidad y calma, se han convertido en un territorio de odio y mercantilismo».. Yo no digo que tenga razón cuando emito una opinión, la emito porque es mi derecho, porque mientras no esté insultando, creo que tengo derecho a expresarme. A sus 63 años, nunca se ha callado, ni lo piensa hacer porque opinar es un derecho que hay que ejercer. Estuvo a punto de entrar en política junto a Podemos, pero hoy me confiesa que ya no se siente tan cercano. Se considera de izquierdas sí, pero su sensibilidad ideológica no es la misma que antes. «Yo no digo que tenga razón cuando emito una opinión, la emito porque es mi derecho porque mientras no esté insultando o hiriendo creo que tengo derecho a expresarme, y si nos reprimimos a nosotros mismos estamos empezando a generar algo peligroso para la sociedad, una sociedad silenciosa y silenciada. Es muy peligroso tener miedo a expresarse».. Por eso, es profundamente crítico con Trump: «Es un payaso que no tiene gracia, utiliza el humor para herir y cuando hieres de arriba abajo e intentas ridiculizar a alguien más débil, es de abusones. El humor parece que es bondadoso por naturaleza, pero puede ser muy perverso, hay que utilizarlo bien y si no se usa bien, hay que denunciarlo».. Han pasado muchos años desde la primera vez que hizo reír a miles de personas con una escalera o una silla. Hoy, el mundo y él han cambiado mucho, pero hay cosas que se mantienen. «No hay que perder nunca el espíritu combativo y la imaginación».. Asume Pepe que no volverá a ser un niño, aunque lo desee con todas las fuerzas cada vez que juega con su nieta, pero siempre le quedará, -nos quedará-, la imaginación.
Estar sentada en una silla frente a Pepe Viyuela (Logroño, 1963) no es la imagen de una entrevista más. Para él, esta silla, cualquier silla, es el origen de todo: «Hubo un momento de mi vida en que decidí dejarlo, como quien deja el tabaco y no podía, la echaba de menos como se echa de menos a los seres humanos, con nostalgia».. El espectáculo que le hizo famoso, ese número de clown simple, pero complejo, brillante, sigue formando parte de su ADN, de su vida. Lejos de acabar cansado, lo reivindica, lo abraza como un adicto que vuelve una y otra vez a lo que más feliz le hace. «Coge un cable, un periódico, un teléfono, una chaqueta… realmente no es el objeto lo que te da la posibilidad de hacer humor, es tu imaginación, es ese juguete que habita, que tenemos aquí dentro».. Es un tipo sencillo, inteligente, que habla desde la mesura que le dan los años y la experiencia. Un actor, un poeta, un escritor, un filósofo pero, sobre todo, un payaso. «De todas las cosas que soy, la que más me define es ser payaso. En la vida, ojalá pudiera ser un payaso, me gustaría revindicar mi capacidad para equivocarme, para decir ‘soy estúpido’, pero no porque sea una excepción, es que pienso que el ser humano desde que nace lo es, somos limitadísimos y nos equivocamos constantemente y adolecemos de un exceso de arrogancia».. Viyuela añade: «Somos seres frágiles, vulnerables y eso el payaso lo muestra, el payaso tropieza y hace con eso una fiesta y la gente se ríe de sí misma a través del payaso porque se están reconociendo en él».. Los clásicos son los clásicos porque no enjevecen. Todos los días vivimos decepciones como en ‘Timón de Atenas’. Hasta el domingo 19 de julio, Pepe Viyuela da vida al clásico Timón de Atenas en el Festival de Mérida, ese rico y popular personaje de Shakespeare al que sus amigos dan la espalda cuando pierde su fortuna. «Los clásicos son clásicos porque no envejecen. Todos los días vivimos procesos similares, vivimos decepciones, tenemos momentos de exaltación de la amistad y al instante siguiente acabarías con todo, todos tenemos ese proceso timoniano».. Pepe Viyuela.Miguel Sanz Paz.. Por eso, en estos tiempos donde -asegura- que, la ira y la violencia están tan presentes, él apuesta por la serenidad. «Hay formas de no ser un ermitaño, pero a la vez de no escuchar tanto ruido. Apartarte de las redes sociales aporta tranquilidad y calma, se han convertido en un territorio de odio y mercantilismo».. Yo no digo que tenga razón cuando emito una opinión, la emito porque es mi derecho, porque mientras no esté insultando, creo que tengo derecho a expresarme. A sus 63 años, nunca se ha callado, ni lo piensa hacer porque opinar es un derecho que hay que ejercer. Estuvo a punto de entrar en política junto a Podemos, pero hoy me confiesa que ya no se siente tan cercano. Se considera de izquierdas sí, pero su sensibilidad ideológica no es la misma que antes. «Yo no digo que tenga razón cuando emito una opinión, la emito porque es mi derecho porque mientras no esté insultando o hiriendo creo que tengo derecho a expresarme, y si nos reprimimos a nosotros mismos estamos empezando a generar algo peligroso para la sociedad, una sociedad silenciosa y silenciada. Es muy peligroso tener miedo a expresarse».. Por eso, es profundamente crítico con Trump: «Es un payaso que no tiene gracia, utiliza el humor para herir y cuando hieres de arriba abajo e intentas ridiculizar a alguien más débil, es de abusones. El humor parece que es bondadoso por naturaleza, pero puede ser muy perverso, hay que utilizarlo bien y si no se usa bien, hay que denunciarlo».. Rebeca Marín y Pepe Viyuela.Miguel Sanz Paz.. Han pasado muchos años desde la primera vez que hizo reír a miles de personas con una escalera o una silla. Hoy, el mundo y él han cambiado mucho, pero hay cosas que se mantienen. «No hay que perder nunca el espíritu combativo y la imaginación».. Asume Pepe que no volverá a ser un niño, aunque lo desee con todas las fuerzas cada vez que juega con su nieta, pero siempre le quedará, -nos quedará-, la imaginación.
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