Más allá del petróleo —que hoy ocupa los titulares de todo el mundo tras el arresto de Maduro y la intervención estadounidense en Venezuela—, la nación esconde otro tesoro cuya historia pocos conocen y que hoy vuelve a resonar con fuerza a miles de kilómetros de Caracas. Se trata de su grandísima reserva de oro, inmovilizada en las bóvedas de la Bank of England y valoradas en, al menos, 1.400 millones de libras (dado el aumento del precio del oro es probable que ahora duplique esa cifra).. La historia del oro venezolano en Inglaterra. El origen de esas decenas de toneladas de oro no es un misterio: durante décadas, el Banco Central de Venezuela (BCV) depositó parte de sus reservas internacionales en custodia en bancos centrales extranjeros, como el de Londres, como una práctica habitual entre países que buscan diversificar y proteger sus activos más allá de sus fronteras (el banco conserva alrededor de 400.000 lingotes en nombre de gobiernos e instituciones de todo el mundo). Este oro, almacenado físicamente en las cámaras blindadas del Bank of England, era parte de un colchón de seguridad financiera que respaldaba la moneda y las operaciones internacionales del país.. En los albores de la década de 2010, Venezuela acumuló una parte significativa de sus reservas en metal precioso. En 2008 comenzó a transferir toneladas de oro a la capital británica, aprovechando la reputación de estabilidad y solidez de los mercados financieros europeos. A nivel internacional, custodiar reservas en centros financieros globales era visto como una estrategia para facilitar transacciones, garantizar liquidez y salvaguardar riqueza ante posibles crisis internas.. Con el paso de los años, sin embargo, esa reserva en Londres adquirió otra dimensión, convirtiéndose no sólo en un activo económico sino también un símbolo de la compleja relación entre Caracas y las principales potencias occidentales.. El bloqueo, en tribunales. Tras las elecciones de 2018, cuestionadas por buena parte de la comunidad internacional, el Gobierno del Reino Unido decidió reconocer al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino constitucional, postura alineada con Estados Unidos y varios países aliados. Esa decisión política —formalizada por el Foreign Office británico— fue el primer paso para que el oro quedara sujeto a una disputa jurídica en los tribunales ingleses.. A partir de ese reconocimiento, dos juntas directivas paralelas del Banco Central de Venezuela (BCV) —una nombrada por Maduro y otra por Guaidó— reclamaron la autoridad para decidir sobre las reservas.. Desde entonces, Caracas ha intentado recuperar el control de ese oro —incluso proponiendo que se vendiera para financiar programas sociales o una respuesta a crisis sanitarias como la del COVID‑19—, pero el proceso chocó con el complejo marco legal que rige la custodia de activos de estados extranjeros en bancos como el Bank of England.. Además de la propia administración de Maduro, el entonces líder de la oposición, Juan Guaidó, también reclamó el control de esas reservas, argumentando que, como jefe de la Asamblea Nacional reconocido por varios países, era el único autorizado para decidir sobre los recursos venezolanos en el exterior.. En 2020, el propio Banco Central de Venezuela (BCV) designado por Maduro presentó una demanda en los tribunales británicos para liberar las reservas, pero se encontró con una barrera inesperada: el litigio no se centraba en si el oro pertenecía o no a Venezuela, sino en quién tenía autoridad legítima para dar instrucciones sobre él bajo la ley inglesa.. En julio de 2020, un juez de la High Court de Londres falló que, dado ese reconocimiento «inequívoco» de Guaidó por parte del gobierno británico, solo la junta del BCV nombrada por él podía dar instrucciones alBank of England sobre el oro, y no la administración de Maduro, lo que implicó que Caracas no pudiera disponer de las reservas solicitadas.. El papel de la doctrina ‘una sola voz’ en el bloqueo. En el Reino Unido existe una regla del derecho internacional llamada principio de ‘una sola voz’ (one voice doctrine) que significa que el reconocimiento de gobiernos extranjeros es competencia exclusiva del Gobierno británico, y los tribunales deben aceptar su declaración como definitiva. En otras palabras, todos los poderes del Estado deben ‘hablar con una sola voz’ en cuestiones de política exterior, evitando contradicciones entre justicia y Ejecutivo.. Por tanto, en el caso venezolano, el Gobierno del Reino Unido reconoció públicamente a Juan Guaidó como presidente interino, por encima de Nicolás Maduro. Según el principio de ‘una sola voz’, los tribunales ingleses debían seguir esa declaración al decidir sobre los activos venezolanos en Londres, incluso si existían disputas internas en Venezuela o relaciones diplomáticas parciales con la administración de Maduro.. En consecuencia, aunque el oro sigue siendo propiedad del Estado venezolano, los tribunales británicos no podían permitir que la administración de Maduro lo moviera o vendiera, dejando las reservas en un bloqueo de facto. Sin embargo, la retención no supone una confiscación, sino el resultado de las disputas de legitimidad interna en Venezuela.
20MINUTOS.ES – Internacional
Más allá del petróleo —que hoy ocupa los titulares de todo el mundo tras el arresto de Maduro y la intervención estadounidense en Venezuela—, la nación esconde otro tesoro cuya historia pocos conocen y que hoy vuelve a resonar con fuerza a miles de kilómetros de Caracas. Se trata de su grandísima reserva de oro, inmovilizada en las bóvedas de la Bank of England y valoradas en, al menos, 1.400 millones de libras (dado el aumento del precio del oro es probable que ahora duplique esa cifra).. La historia del oro venezolano en Inglaterra. El origen de esas decenas de toneladas de oro no es un misterio: durante décadas, el Banco Central de Venezuela (BCV) depositó parte de sus reservas internacionales en custodia en bancos centrales extranjeros, como el de Londres, como una práctica habitual entre países que buscan diversificar y proteger sus activos más allá de sus fronteras (el banco conserva alrededor de 400.000 lingotes en nombre de gobiernos e instituciones de todo el mundo). Este oro, almacenado físicamente en las cámaras blindadas del Bank of England, era parte de un colchón de seguridad financiera que respaldaba la moneda y las operaciones internacionales del país.. En los albores de la década de 2010, Venezuela acumuló una parte significativa de sus reservas en metal precioso. En 2008 comenzó a transferir toneladas de oro a la capital británica, aprovechando la reputación de estabilidad y solidez de los mercados financieros europeos. A nivel internacional, custodiar reservas en centros financieros globales era visto como una estrategia para facilitar transacciones, garantizar liquidez y salvaguardar riqueza ante posibles crisis internas.. Con el paso de los años, sin embargo, esa reserva en Londres adquirió otra dimensión, convirtiéndose no sólo en un activo económico sino también un símbolo de la compleja relación entre Caracas y las principales potencias occidentales.. El bloqueo, en tribunales. Tras las elecciones de 2018, cuestionadas por buena parte de la comunidad internacional, el Gobierno del Reino Unido decidió reconocer al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino constitucional, postura alineada con Estados Unidos y varios países aliados. Esa decisión política —formalizada por el Foreign Office británico— fue el primer paso para que el oro quedara sujeto a una disputa jurídica en los tribunales ingleses.. A partir de ese reconocimiento, dos juntas directivas paralelas del Banco Central de Venezuela (BCV) —una nombrada por Maduro y otra por Guaidó— reclamaron la autoridad para decidir sobre las reservas.. Desde entonces, Caracas ha intentado recuperar el control de ese oro —incluso proponiendo que se vendiera para financiar programas sociales o una respuesta a crisis sanitarias como la del COVID‑19—, pero el proceso chocó con el complejo marco legal que rige la custodia de activos de estados extranjeros en bancos como el Bank of England.. Además de la propia administración de Maduro, el entonces líder de la oposición, Juan Guaidó, también reclamó el control de esas reservas, argumentando que, como jefe de la Asamblea Nacional reconocido por varios países, era el único autorizado para decidir sobre los recursos venezolanos en el exterior.. En 2020, el propio Banco Central de Venezuela (BCV) designado por Maduro presentó una demanda en los tribunales británicos para liberar las reservas, pero se encontró con una barrera inesperada: el litigio no se centraba en si el oro pertenecía o no a Venezuela, sino en quién tenía autoridad legítima para dar instrucciones sobre él bajo la ley inglesa.. En julio de 2020, un juez de la High Court de Londres falló que, dado ese reconocimiento «inequívoco» de Guaidó por parte del gobierno británico, solo la junta del BCV nombrada por él podía dar instrucciones al Bank of England sobre el oro, y no la administración de Maduro, lo que implicó que Caracas no pudiera disponer de las reservas solicitadas.. El papel de la doctrina ‘una sola voz’ en el bloqueo. En el Reino Unido existe una regla del derecho internacional llamada principio de ‘una sola voz’ (one voice doctrine) que significa que el reconocimiento de gobiernos extranjeros es competencia exclusiva del Gobierno británico, y los tribunales deben aceptar su declaración como definitiva. En otras palabras, todos los poderes del Estado deben ‘hablar con una sola voz’ en cuestiones de política exterior, evitando contradicciones entre justicia y Ejecutivo.. Por tanto, en el caso venezolano, el Gobierno del Reino Unido reconoció públicamente a Juan Guaidó como presidente interino, por encima de Nicolás Maduro. Según el principio de ‘una sola voz’, los tribunales ingleses debían seguir esa declaración al decidir sobre los activos venezolanos en Londres, incluso si existían disputas internas en Venezuela o relaciones diplomáticas parciales con la administración de Maduro.. En consecuencia, aunque el oro sigue siendo propiedad del Estado venezolano, los tribunales británicos no podían permitir que la administración de Maduro lo moviera o vendiera, dejando las reservas en un bloqueo de facto. Sin embargo, la retención no supone una confiscación, sino el resultado de las disputas de legitimidad interna en Venezuela.
