Una sinécdoque retórica puede hacer mucho daño. Lyon es prueba de ello. La sinécdoque es un tropo que consiste en tomar la parte por el todo. Y a Lyon le han colgado la etiqueta de excelencia gastronómica. “Capital mundial de la gastronomía”, pontificó el gran Curnonsky hace ya casi un siglo. Y todo el mundo está de acuerdo. Pero esa cualidad o virtud indiscutida deja en penumbra otros aspectos no menos vibrantes de esta urbe compleja. Quien acuda guiado solo por el aroma de las marmitas va a quedar deslumbrado por los muchos reclamos de la tercera ciudad más importante de Francia.. Seguir leyendo
Una sinécdoque retórica puede hacer mucho daño. Lyon es prueba de ello. La sinécdoque es un tropo que consiste en tomar la parte por el todo. Y a Lyon le han colgado la etiqueta de excelencia gastronómica. “Capital mundial de la gastronomía”, pontificó el gran Curnonsky hace ya casi un siglo. Y todo el mundo está de acuerdo. Pero esa cualidad o virtud indiscutida deja en penumbra otros aspectos no menos vibrantes de esta urbe compleja. Quien acuda guiado solo por el aroma de las marmitas va a quedar deslumbrado por los muchos reclamos de la tercera ciudad más importante de Francia.
