Durante años, el rostro de Hugh Laurie fue inseparable del ceño fruncido, el bastón y el ingenio afilado del doctor más antipático y brillante de la televisión. Pero reducir su carrera a House sería quedarse en la superficie de una trayectoria tan versátil como inesperada.
Antes de convertirse en Gregory House, Laurie ya era una figura consolidada en Reino Unido. Formado en la Universidad de Cambridge, donde coincidió con Emma Thompson, comenzó a destacar en la comedia junto a Stephen Fry. Su humor era elegante, absurdo y muy, muy británico.
Todo cambió en 2004, cuando fue elegido para protagonizar House tras presentar una audición grabada en vídeo en un cuarto de baño, en el descanso de un rodaje, con un paraguas como bastón y con un perfecto acento estadounidense que engaño incluso al equipo de casting.
Durante ocho temporadas, Laurie convirtió a Gregory House en uno de los personajes más icónicos de la televisión contemporánea, ganó dos Globos de Oro y múltiples nominaciones a los Emmy. Su acento perfecto era solo una de las muchas capas de un personaje que combinaba cinismo, dolor y una inteligencia feroz.
Tras el final de la serie, el actor hizo un esfuerzo consciente por no encasillarse en papeles similares. Alternó televisión, cine y la que fue siempre su gran pasión: la música. En la pequeña pantalla, participó en producciones como El infiltrado, con Tom Hiddleston, que le valió otro Globo de Oro en 2017, demostrando que su talento dramático iba mucho más allá de las puertas del hospital Princeton-Plainsboro. En cine ha seguido apareciendo en grandes títulos y en otras producciones que, si bien más independientes, han aportado «personajes de calidad» a su haber.
Amante del blues y el jazz, siguió explorando, además, su faceta musical, de siempre muy sólida, y lanzó álbumes como Let Them Talk o Didn’t It Rain, que tuvieron buena acogida y con los que, incluso, hizo una gira internacional. Lejos de ser un capricho de celebridad, la carrera musical de Laurie siempre se ha tomado en serio, tanto por el público como por la crítica.
En los últimos años, sin duda, ha consolidado una etapa madura y versátil. Sigue participando en series, como Avenue 5, donde reconecta con el humor ácido de sus inicios, y sigue apareciendo en cine y televisión, con poca frecuencia pero en producciones de prestigio y corte internacional.
Además, ya desde los 90 publica libros ocasionalmente, en su mayoría de corte filosófico-humorístico, y, muy recientemente, ha empezado a doblar a Albus Dumbledore en los videojuegos de la saga Harry Potter. Confirma con ello que el diagnóstico es claro: Hugh Laurie nunca fue solo el Dr. House.
El actor británico disfrutó de una larga carrera hasta 2004, cuando obtuvo fama mundial como un médico inteligente y brillante.
Durante años, la cara de Hugh Laurie fue sinónimo de la frustración, el bastón, y el ingenio afilado de la más desagradable y brillante médico de la TV. Reducir su carrera a sólo House significaría deslizar la superficie de un camino que es tan versátil como sorprendente. Antes de interpretar a Gregory House, Laurie ya era un nombre prominente en el Reino Unido. Estudió en la Universidad de Cambridge, donde igualó a Emma Thompson, y comenzó a brillar en la comedia con Stephen Fry. Su humor era refinado, absurdo y por excelencia británico. Todo cambió en 2004 cuando consiguió el papel principal en House después de presentar una audición de video filmada en un baño durante una pausa de rodaje usando un paraguas como bastón y clavándose un impecable acento americano que engañó a los directores de casting. A lo largo de ocho temporadas, Laurie transformó a Gregory House en uno de los personajes más legendarios de la televisión moderna, asegurando dos Globos de Oro y numerosas nominaciones al Emmy. Su impecable acento era sólo una faceta de un personaje multifacético que mezcla cinismo, angustia y agudo intelecto. Una vez que la serie terminó, el actor evitó deliberadamente ser elegido en papeles comparables. Cambió entre la televisión, el cine y su pasión perdurable: la música. En televisión, apareció en programas como The Infiltrator junto a Tom Hiddleston, que le valió otro Globo de Oro en 2017 y demostró que sus habilidades dramáticas se extendían mucho más allá de los confines del Hospital Princeton-Plainsboro. En las películas, ha seguido protagonizando grandes éxitos de taquilla, así como proyectos más independientes que han agregado «personajes de calidad» a su currículum. Fanático del blues y el jazz, también ha perseguido su pasión musical de larga data, lanzando álbumes bien recibidos como * Let Them Talk * y * Didn’t It Rain *, que incluso condujo a una gira internacional.
