Mientras recorríamos las calles empedradas de una ciudad de Croacia, Manuel, un hombre de más de 80 años que formaba parte del grupo con el que viajaba por los Balcanes, tropezó y cayó al suelo.Durante unos segundos todos nos quedamos paralizados. Quienes estábamos más cerca corrimos a asistirlo mientras llegaba ayuda. Afortunadamente, el incidente no fue de gravedad. En aquel viaje, yo era una de las más jóvenes del grupo.La mayoría de mis compañeros superaba los 60 años, algo que me llevó a reflexionar sobre la importancia de planificar adecuadamente una escapada cuando la edad añade nuevos desafíos.. Durante el recorrido también entendí que el turismo sénior ha cambiado. Lejos de la imagen del jubilado que busca únicamente descansar junto al mar, el viajero mayor de hoy es más activo, más experimentado y, en muchos casos, más exigente. Viaja para seguir aprendiendo, conocer nuevas culturas, disfrutar de experiencias gastronómicas o cumplir sueños postergados. Sin embargo, suele hacerlo bajo condiciones distintas a las de un mochilero de 20 años: valora la comodidad, los itinerarios realistas, la accesibilidad y la posibilidad de contar con asistencia.. Más información. Lejos de disminuir, el interés por viajar en la vejez continúa creciendo. Según la Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas (AARP), casi dos tercios de los mayores de 50 años planean realizar al menos un viaje durante este 2026. Los datos de Eurostat muestran que las personas de 65 años o más permanecen más tiempo en sus destinos y viajan fuera de la temporada alta. Además, los europeos que más gastan en viajes son los mayores de 65 años: de media, 568 euros, según el análisis publicado en 2025 por la empresa de consignas de maletas Radical Storage.. Los beneficios de viajar parecen ir más allá del disfrute. Un estudio publicado en 2024 en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health halló que los viajes de ocio mejoran la función cognitiva, disminuyen los síntomas depresivos y reducen el aislamiento social en adultos mayores. Los resultados contribuyen al creciente cuerpo de evidencia que respalda el valor terapéutico de los viajes para promover un envejecimiento saludable y mejorar el bienestar general.. Mariel Galán (con gorra blanca), con parte del grupo con el que realizó un viaje por los Balcanes.. Sin embargo, para que la experiencia resulte tan enriquecedora como segura, una buena preparación sigue siendo fundamental.. 1. Una revisión médica antes de salir. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan a los adultos mayores acudir al médico entre cuatro y seis semanas antes de partir. También aconsejan revisar la información sanitaria del destino para conocer las vacunas recomendadas, los posibles riesgos de salud y las medidas preventivas necesarias. En la consulta, lo mejor es abordar aspectos como las enfermedades crónicas y las actividades previstas.. Viajar con la medicación necesaria para toda la estancia es imprescindible —lo mejor es llevarla en el equipaje de mano, por si se pierde la maleta facturada—. También vale la pena llevar una cantidad extra por si hubiera imprevistos y contar con una copia del historial médico que incluya diagnósticos y tratamientos, así como las recetas médicas correspondientes.. 2. Contratar un seguro de viaje. Es importante verificar si el seguro médico habitual ofrece cobertura en el extranjero. En muchos países, los viajeros deben asumir directamente los gastos de atención médica y hospitalización, por lo que contar con una póliza adecuada puede evitar costes significativos en caso de una emergencia.. Es recomendable contratar un seguro que incluya cobertura médica, hospitalización y repatriación sanitaria. Lo ideal es que ofrezca asistencia las 24 horas y la posibilidad de consultar a un profesional de la salud por videollamada. También es importante revisar con atención las exclusiones de la póliza, ya que algunas asistencias limitan o no cubren enfermedades preexistentes, especialmente en viajeros de mayor edad.. 3. Viajar por cuenta propia o en un circuito organizado. La independencia ofrece mayor flexibilidad, pero también implica asumir la planificación de traslados, alojamientos y actividades. Para itinerarios complejos o para quienes prefieren viajar con menos preocupaciones, los viajes organizados pueden ser una buena alternativa.. En España existen programas de turismo social como el Imserso, que desde hace décadas permite a los viajeros sénior acceder a vacaciones y escapadas a precios asequibles.Su oferta abarca desde destinos de costa y circuitos culturales hasta viajes de naturaleza y visitas a ciudades. A ello se suman iniciativas como el Programa de Turismo Social de Castilla-La Mancha puesto en marcha en 2025, que ofrece más de 1.800 salidas al año entre 102 rutas nacionales y 159 internacionales (incluyendo cruceros) dirigidas a mayores de 55 años.. El crecimiento de este segmento ha dado lugar también al nacimiento de empresas especializadas como Mundosenior, CaminoSenior y Viajes Cibeles, además de que agencias tradicionales han incorporado productos específicos.. El crecimiento de este segmento de viajeros ha dado lugar al nacimiento de empresas especializadas y a que agencias tradicionales hayan incorporado productos específicos.ADRIAN VAZQUEZ. 4. Elegir el equipamiento adecuado. La ropa, el calzado y algunos accesorios pueden marcar la diferencia entre un viaje cómodo y uno agotador. En climas cálidos se recomienda utilizar prendas ligeras, transpirables y de colores claros, además de protegerse del sol con sombrero o gorra y gafas adecuadas. En destinos fríos, el sistema de capas suele ser más eficaz que una sola prenda gruesa, ya que permite adaptarse mejor a los cambios de temperatura. Accesorios como gorros, guantes, bufandas o parches térmicos desechables pueden aportar un extra de confort durante excursiones al aire libre.. El calzado merece una atención especial. Lo ideal es optar por modelos cerrados, con buena amortiguación, suela antideslizante y suficiente estabilidad para caminar durante varias horas sin fatiga. Marcas especializadas en senderismo y actividades al aire libre como The North Face, Salomon o Columbia ofrecen opciones con mayor soporte y tracción, mientras que firmas como Skechers o Hoka cuentan con modelos muy valorados por su comodidad y amortiguación para largas caminatas urbanas.. Para quienes realizan recorridos frecuentes a pie, visitan ciudades con calles empedradas o practican senderismo, los bastones de caminata pueden convertirse en un gran aliado. Diversos estudios han mostrado que ayudan a mejorar el equilibrio, aumentar la estabilidad y reducir la carga sobre rodillas y articulaciones. Más que un accesorio, pueden ser una herramienta útil para conservar energía y prevenir caídas.. 5. Priorizar el bienestar. A medida que pasan los años, suele resultar más gratificante dedicar más tiempo a cada lugar que intentar encadenar ciudades y actividades en un itinerario ambicioso. En muchos casos, es preferible reducir cambios innecesarios de alojamiento, elegir hoteles bien ubicados y optar por vuelos directos cuando sea posible. También conviene verificar aspectos de accesibilidad como ascensores, rampas o distancias caminables hacia los principales atractivos del destino que se visita.. Mantener hábitos saludables durante el viaje es igualmente importante: dormir bien, mantenerse hidratado y realizar estiramientos ayuda a reducir el cansancio acumulado.. En trayectos largos, especialmente en avión, los especialistas recomiendan levantarse periódicamente, mover piernas y tobillos y utilizar ropa cómoda para favorecer la circulación. Según la Clínica Cleveland, permanecer inmóvil durante varias horas aumenta el riesgo de trombosis venosa profunda, una afección cuya incidencia aumenta con la edad.. Al finalizar mi travesía por los Balcanes, entendí que los adultos mayores pueden ser algunos de los mejores compañeros de viaje y que envejecer se parece mucho menos a una renuncia de lo que solemos creer. Las personas con las que compartí la ruta me demostraron que la capacidad de asombro no se pierde con los años y que la curiosidad tampoco se jubila. Entre conversaciones, risas, bailes, gestos de generosidad y cuidados inesperados, encontré una lección que no aparecía en ningún itinerario: viajar no es una cuestión de edad, sino de actitud.
Mientras recorríamos las calles empedradas de una ciudad de Croacia, Manuel, un hombre de más de 80 años que formaba parte del grupo con el que viajaba por los Balcanes, tropezó y cayó al suelo. Durante unos segundos todos nos quedamos paralizados. Quienes estábamos más cerca corrimos a asistirlo mientras llegaba ayuda. Afortunadamente, el incidente no fue de gravedad. En aquel viaje, yo era una de las más jóvenes del grupo. La mayoría de mis compañeros superaba los 60 años, algo que me llevó a reflexionar sobre la importancia de planificar adecuadamente una escapada cuando la edad añade nuevos desafíos.
